Los psicofármacos y la tragedia del avión de Germanwings

por José Antonio Campoy

No es lo mismo tomar psicofármacos para no suicidarse que suicidarse por tomar psicofármacos… y además llevándose por delante la vida de otras muchas personas. Esto es lo que a la sociedad no se le ha explicado adecuadamente. Y es muy importante hacerlo tras la tragedia del pasado 24 de marzo cuando el joven Andreas Lubitz estrelló el avión de Germanwings que pilotaba contra una montaña asesinando a las otras ciento cuarenta y nueve personas inocentes que viajaban con él en una auténtica matanza con componente suicida. Porque todo indica que no estrelló el avión para quitarse la vida; para eso no se necesita preparar de forma premeditada y durante largo tiempo un plan tan complejo y, desde luego, no se hace asesinando de paso a otras muchas personas contra las que no sentía animadversión ya que a la inmensa mayoría no las conocía. No. Quien así actúa es alguien cuyo cerebro no funciona bien, normalmente porque está gravemente afectado por sustancias químicas como demuestra la literatura científica. Habitualmente por drogas sociales de uso común como el alcohol y otras menos aceptadas pero toleradas como el hachís, la cocaína, el polvo de ángel, el krokodil, el shabú, la ketamina, el klhat, el estramonio, la escopolamina y el popper -entre otras- pero también por las que recetan los médicos a quienes son diagnosticados como afectos de algunas de las numerosas «enfermedades mentales» que actualmente hay catalogadas. Fármacos que no se dan a quienes tienen ideas suicidas  para que no se dejen llevar por ellas -como la mayoría de los medios de comunicación ha propalado falsamente porque así se les ha hecho creer- sino que son ¡los que provocan tales ideas suicidas! Está ampliamente documentado y así lo hemos dado a conocer en la revista en números anteriores. Es más, está igualmente constatado que pueden dar lugar a muy diversos tipos de conductas violentas; incluidas matanzas sin sentido. Lo hemos explicado y denunciado amplia y pormenorizadamente en varios artículos; entre otros en los titulados ¿Son los antidepresivos causa de muchos actos de violencia? y ¿Son los antidepresivos la causa de las matanzas en las escuelas estadounidenses? que aparecieron en los números 82 y 159 respectivamente y pueden leerse en nuestra web: www.dsalud.com. Estamos pues hablando de un grave problema que debe afrontarse cuanto antes porque lo acaecido puede volver a darse en muchos otros casos ya que hay decenas de miles personas tomándolos mientras manejan aviones, trenes, buques, barcos, autobuses, camiones, taxis y otros medios públicos de transporte. De hecho resulta inconcebible que a estas alturas nadie haya incidido en este punto. Como inconcebible es que de improviso y de forma simultánea la inmensa mayoría de los grandes medios de comunicación pasaran de dedicar grandes espacios a la tragedia a no volver a hablar de ella o a hacerlo solo de pasada y brevemente. ¿Cómo se explica? ¿A qué se ha debido tan inesperado silencio  informativo? ¿Tiene algo que ver con que empezara en algunos de ellos a relacionarse el consumo de psicofármacos con el suicidio aunque fuera de forma errónea al propugnar que éstos se dan para evitarlo cuando lo cierto es que lo provocan? No suicidios individuales y anónimos -que también- sino acciones suicidas que se perpetran provocando asesinatos masivos. Basta leer los casos de las grandes matanzas no ideológicas o religiosas -con las que algunos justifican sus asesinatos- para comprobar que casi todas las demás las llevaron a cabo personas que ingerían psicofármacos. Lo insólito es que en sus propios prospectos se reconoce luego, ¿por qué nadie quiere tomar medidas? ¿A qué punto de degradación ética han llegado las autoridades políticas -nacionales e internacionales- cuando sabiendo esto ni siquiera aceptan investigar la posible relación? Obviamente no esperamos respuesta.