CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 228 / JULIO-AGOSTO / 2019

Estimado Sr. Campoy: mi esposa fue intervenida quirúrgicamente el pasado 3 de mayo de un tumor en el colon de forma satisfactoria haciéndosele luego una biopsia postoperatoria en el hospital de Ronda de la Seguridad Social. En consulta posterior el oncólogo del hospital nos diría que la situación no es ni grave ni alarmante pero recomendó un tratamiento «suave» de quimioterapia para “mayor seguridad” ­-capecitabina por vía oral durante seis meses- con los controles correspondientes lo que nos creó preocupación porque hemos sido y seguimos siendo reticentes al tratamiento con “quimio”. Así que visitamos en Málaga a la Dra. López Peral -a sugerencia de ustedes- y ella nos recomendó unos productos homeopáticos… además del tratamiento de “quimio” suave prescrito por el oncólogo. Y es eso lo que nos ha provocado nuevas preocupaciones porque seguimos siendo reticentes al tratamiento quimioterápico. Queremos pues buscar una alternativa -si es que la hay- que no incluya la quimioterapia por las razones que usted bien conoce y de ahí que recurramos a la revista de nuevo pidiéndoles que nos ayuden a encontrar un especialista en este problema que no considere la “quimio” imprescindible. Después de leer tantos artículos en su revista sobre los efectos perniciosos de la “quimio” mi esposa se niega rotundamente a ese tratamiento pero queremos asegurarnos de que puede ser prescindible acudiendo a la persona que Ud. nos recomienden. Les adjuntamos la última analítica, el informe de Anatomía Patológica y el resultado de los marcadores tumorales. Reciba nuestro agradecimiento de antemano, le enviamos un cordial saludo y le damos la enhorabuena por el buen trabajo de la revista.

J. Hiraldo
Ronda (Málaga)
 

No nos extraña nada la reticencia de su mujer. Mire, la capecitabina es un precursor del 5-fluorouracilo, antimetabolito que bloquea la metilación del ácido desoxiuridílico impidiendo que se convierta en ácido timidílico al inhibir la enzima timidilato -esencial para la síntesis de nucleótidos de timina, una de las cuatro bases nitrogenadas que forman parte del ADN- lo que impide su replicación inhibiendo la división celular y, por ende, el crecimiento tumoral. Así al menos ocurre in vitro. ¿De forma inocua? En absoluto. Para empezar no puede tomarse si se es alérgico a la capecitabina o a cualquiera de sus demás componentes, si se han tenido reacciones graves a las fluoropirimidinas, si se está embarazada o en periodo de lactancia, si se tienen en sangre niveles muy bajos de leucocitos o plaquetas, si se tienen problemas hepáticos o renales, si hay desequilibrio electrolítico, problemas cardiacos, problemas de circulación, patologías cerebrales, neuropatía, diabetes, déficit de la enzima dihidropirimidina dehidrogenasa y si se está tratando o ha sido tratado en el último mes con brivudina por sufrir o haber sufrido herpes zoster. En cuanto a sus posibles efectos adversos son estos según el propio prospecto: Frecuentes: malestar general, disminución del número de glóbulos blancos o rojos, deshidratación, pérdida de peso, insomnio, depresión, dolor de cabeza, mareos, hormigueo, entumecimiento de la piel, alteraciones del gusto, irritación ocular, aumento lacrimal, conjuntivitis, inflamación de las venas (tromboflebitis), dificultad para respirar, hemorragias nasales, tos, moqueo nasal, herpes labial, infecciones de los pulmones, neumonía, bronquitis, hemorragia intestinal, estreñimiento, dolor en el epigastrio, indigestión, flatulencia, sequedad de boca, erupción cutánea, pérdida de cabello (alopecia) enrojecimiento de la piel, piel seca, cambio de color de la piel, pérdida e inflamación de la piel, trastornos en las uñas, dolor en las articulaciones o en las extremidades, pecho o espalda, fiebre, hinchazón en las extremidades y problemas hepáticos con exceso de bilirrubina en sangre. Poco frecuentes: infección sanguínea, infección de las vías urinarias, infección de la piel, infecciones de la nariz y la garganta, micosis, gripe, gastroenteritis, absceso dental, bultos bajo la piel (lipomas), disminución de las células sanguíneas incluidas las plaquetas, anemia, alergia, diabetes, disminución de potasio en sangre, malnutrición, incremento de triglicéridos en sangre, estado de confusión, ataques de pánico, depresión, libido reducida, dificultad al hablar, memoria alterada, pérdida de la coordinación de movimientos, trastornos del equilibrio, desmayos, daños nerviosos (neuropatía), problemas de sensibilidad, visión borrosa o doble, vértigo, dolor de oídos, latido cardiaco irregular y palpitaciones (arritmias), dolor en el pecho, ataque al corazón (infarto), coágulos profundos en las venas, presión sanguínea alta o baja, sofocos, extremidades frías, puntos morados en la piel, coágulos sanguíneos en las venas de los pulmones (embolismo pulmonar), atelectesia pulmonar, tos con sangre, asma, dificultad respiratoria en el ejercicio, obstrucción intestinal, acumulación de líquidos en el abdomen, inflamación del intestino delgado o grueso, el estómago o el esófago, dolor en el bajo vientre, molestia abdominal, acidez gástrica (relujo de comida del estómago), sangre en las heces, ictericia (piel y ojos amarillentos), úlcera y ampolla cutáneas, reacción de la piel con la luz solar, enrojecimiento de las palmas, hinchazón o dolor en la cara, hinchazón o entumecimiento de las articulaciones, dolor óseo, debilidad o rigidez muscular, acumulación de líquido en los riñones, mayor frecuencia de micción durante la noche, incontinencia, sangre en orina, mayor creatinina en sangre (signo de disfunción renal), sangrado inusual de la vagina, hinchazón (edema) y escalofríos. Efectos adversos que son más comunes cuando se usa capecitabina con otros medicamentos para el tratamiento de cáncer a los que en tal caso habría que añadir disminución de sodio, magnesio o calcio en sangre, aumento de glucemia, dolor nervioso, zumbido en los oídos (acúfenos), pérdida de oído, inflamación venosa, cambio de voz, dolor o sensación alterada/anómala en la boca, dolor de la mandíbula, sudor, sudores nocturnos, espasmos musculares, dificultad en la micción y sangre o proteínas en la orina. Muy raros: estenosis del conducto lagrimal, insuficiencia hepática, hepatitis colestásica, cambios específicos en el electrocardiograma (prolongación QT) y varios tipos de arritmias, incluida fibrilación ventricular, torsade de pointes y bradicardia. ¡Y todo ello solo «por si acaso» quedaran algunas células cancerosas sueltas desconfiando de que pueda hacerse cargo el propio organismo de ellas! ¿Puede de verdad haber alguien que tras leer lo antedicho no piense seriamente que los oncólogos se han vuelto rematadamente locos? Nosotros así lo creemos. Máxime en casos como el de su mujer cuya analítica es prácticamente normal y en la que los marcadores tumorales dan negativo. Mire, nos consta -y ya lo hemos comentado otras veces- que el 99% de los médicos que son contrarios al uso de los ineficaces y peligrosísimos quimioterápicos no osan decirle a sus pacientes en consulta que los rechacen porque temen que les quiten la licencia para ejercer. De ahí que muchos no se nieguen a ellos y para saber lo que realmente piensan haya que hacer la pregunta o preguntas adecuadas. Por ejemplo: ¿si usted tuviera un cuadro clínico idéntico al mío se sometería al tratamiento quimioterápico y/o radioterápico que me han propuesto a mí? Porque en tal caso hablaría de él y no de usted y nadie podría acusarle de haberle aconsejado contradiciendo los protocolos oncológicos impuestos por la gran industria con la colaboración de los organismos, entidades y asociaciones que controlan o dirigen. Nuestra sugerencia pues es que su esposa, ante todo, desintoxique y alcalinice el organismo y se asegure de no ingerir alimentos, productos o fármacos que la agredan. Lo idóneo es seguir una dieta cetogénica estricta durante unas semanas eliminando de forma drástica todos los carbohidratos refinados, el alcohol y la comida procesada y enlatada así como la leche, sus derivados y los productos que los contienen: helados, pasteles, tartas, dulces, bollos, galletas, chocolate, etc. Todo ello ingiriendo suficientes prebióticos y probióticos vegetales a diario porque es vital regenerar el microbioma intestinal. Ahora bien, no se trata solo de no ingerir alimentos de alto índice glucémico sino de asegurarse de que la carga total de glucosa que se ingiere al día no sea excesiva porque el problema existirá igualmente si la cantidad de alimentos de medio y bajo índice glucémico es alta. Recuérdese que las células cancerosas crecen básicamente en ambientes deficitarios de oxígeno y muy ácidos utilizando para obtener energía la fermentación anaeróbica de la glucosa, proceso que da lugar a la producción interna de gran cantidad de lactatos y iones de hidrógeno que la célula expulsa fuera aumentando más la acidificación del microambiente externo. En suma, la hiperglucemia ayuda a crecer los tumores al dificultar el transporte hacia las células inmunes del ácido ascórbico -vitamina C necesaria tanto para la mitosis como para la fagocitosis-, reducir la respuesta inmune, activar monocitos y macrófagos que producen citoquinas inflamatorias y acidificar el terreno tumoral. Hemos publicado abundante información sobre ello que tiene agrupada en www.dsalud.com/index.php?pagina=dossier_cancer. Dicho esto agregaremos que en casos de cáncer de colon son especialmente útiles el sulforafano y el conocido Renovén. La decisión, en cualquier caso, es suya.

 

 

Buenos días. Felicidades por sus 65 años. Entre líneas se le veía desanimado. No lo haga. Nunca le he escrito pero ahora ha llegado el momento. Hace 10 años que compro su revista y 12 que tuve un cáncer agresivo: un leiomiosarcoma. Supervivencia mínima a 5 años. Tratamiento clásico: quirófano + radioterapia + quimioterapia. Con 3 hijos, el pequeño de 6 meses. Tengo un carácter reservado, tímido más bien y entonces un físico gordito. Pongo relevancia en este dato: una persona anodina, del montón. Pero no sé por qué tuve claro desde el principio que era una paciente más, un caso raro que a nadie le importaba y mucho menos a los médicos que habían aplicado su protocolo y ya está. No lloré nunca. No quería calmantes ni nada. Tenía que estar despierta al 100%. Pensaba mucho. Y pensé que nadie puede curar algo que ha provocado el propio cuerpo; me lo podían quitar pero el cuerpo lo volvería a fabricar. Necesitaba un cuerpo nuevo. Y recordé que en una de las pruebas me hicieron beber glucosa y esperar 20 minutos para el TAC o similar. Y recordé que la enfermera me dijo que el cáncer se alimenta de glucosa y que todas las células cancerígenas se activan y por eso se hace así la prueba. Y en plena quimioterapia agresiva cambié la alimentación por completo. De forma radical. De hecho iba al supermercado y no podía comprar nada para mí salvo en la sección de verduras. Sólo comía frutas y verduras. Y leí sobre la cúrcuma. Y sobre el brócoli. Y sobre el té verde. Y en el tercer ciclo de quimioterapia adopté una alimentación totalmente cruda a base de frutas y verduras + cúrcuma + té verde + 10 tazas de brócoli y de todas las coles. Y nada más. Los resultados del análisis antes de ponerme el 4º ciclo de quimioterapia -ante el alucine de la doctora que me lo hizo repetir- fue que había doblado las defensas en plena quimio y estaba en parámetros normales, como una persona sana de la calle. La oncóloga me preguntó si había modificado la alimentación y yo le respondí que si eso servía para algo; ella me comentó que no servía para nada modificar la alimentación y entonces le contesté que no, que comía lo mismo de siempre. Era un hilo de donde estirar y mi secreto: me lo callé ante los médicos y ante la familia. No podía dejar que nadie me desanimara. No sabía si era el camino correcto pero era mi elección. Seguí con la alimentación radical que indiqué antes añadiendo nuevas cosas: zumo de limón, jengibre, perejil… Acabé la quimio con las defensas altas y, sobre todo, con el ánimo alto y fuerzas para hacerme cargo de 3 hijos pequeños. Y trabajando seis meses después de la última quimio. Pasó un año desde el cáncer detectado. Veía vuestra revista en el quiosco, como otras, pero no la cogía; la mayoría de cosas que leía me desestabilizaban y no podía darme el lujo de dudar de mí. Me convertí en una paciente molesta para la oncóloga. Lo que más me sorprendió con los controles posteriores de cada 3 meses era la cara que ponían los enfermeros y enfermeras que me habían dado la quimio cuando me veían: como si vieran a un fantasma. Y encima, en las visitas con la oncóloga, la notaba molesta conmigo. Me preguntaba que qué molestias tenía y yo le decía que ninguna; sólo que se me ponía un ojo rojo en el lagrimal y lo solucionaba con colirio. Y me indicaba que si no salía nada en las pruebas había que hacer pruebas más extensas. Para detectarlo. Pero nada. Y al año y medio descubrí Renovén. Era el elemento definitivo. Cada euro que vale es oro. Y caí del porqué del alucine de los enfermeros y de la molestia de la oncóloga: no me moría. No era normal. De hecho, pasados 2 años, no sólo había sobrevivido sino que mi aspecto físico no podía ser más saludable. Rebosaba vitalidad. Y eso se salía de su línea. Ella/ellos saben que pocos sobreviven al cáncer y aún menos a las secuelas. Y eso que nadie me lo discuta a mí. Llevo 12 años viendo de todo en los hospitales. Y sé que no sobreviven. Y sí lo hacen ¡cómo quedan tanto física como anímicamente! Y dejé la clínica de prestigio -me la pagaron mis padres- que me había tratado y en las que llevaba 3 años de controles. Fui consciente de que no confiaban en mí. Buscaban y rebuscaban porque para ellos era imposible que un paciente con un sarcoma como el mío estuviera sano. Me marché sin decir nada. Y al final me decidí. Y compré vuestra revista. Era el número que hablaba del doctor Alberto Martí Bosch y su terapia alternativa para curar el cáncer. Y entonces lloré. Como no había llorado aún hasta entonces. En un banco, con mi hijo pequeño de entonces 3 años durmiendo en el cochecito. Y supe que estaba libre de cáncer. Y que lo vería crecer como así ha sido. Y pensé en mi rebeldía y me felicité a mi misma por mi decisión a la vez que temblaba y pensaba en lo diferente que hubiese sido si no hubiera escogido ese camino. Ahora me lleva desde hace 8 años la sanidad pública. Controles. Sala de espera. Mucha gente derrotada. Con la experiencia de los años que llevo veo enseguida quién tiene o ha tenido cáncer. La mirada con miedo. El físico abandonado. Y me miran. Los pacientes y los acompañantes. Y se preguntan quién soy. Y sé lo que ven. Esa gordita de otros tiempos ha pasado a ser una mujer normal que entre la alimentación y el ejercicio no deja indiferente. Cuando me llaman y entro y hay otro oncólogo del habitual me mira y se queda unos momentos en suspenso. Pregunta por la paciente. Le digo que soy yo. Y entonces lee todo el expediente y le veo fruncir el ceño. Otro que no sabe nada. Pero tampoco yo le explicaré nada: no quiere saber. No le pondré mi nombre. Mis hijos, ya más mayores, no saben de lo acaecido y leen la revista. Se lo explicaré en su momento pero dos de ellos aún son menores. Si quiere algún documento para cerciorarse de la certeza de lo que le he indicado se lo puedo enviar porque confío en usted pero para su constancia, no extensivo a terceros. Ni usted ahora es consciente de la influencia que ha tenido ni que tendrá en generaciones futuras. Siga su instinto.

G. C. 

Le agradecemos sinceramente que haya compartido su experiencia con nosotros y los lectores así como sus palabras de ánimo. Y, por supuesto, la felicitamos por su coraje y decisión.

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