El
Bio-Bac ha sido aprobado. Ya puede comercializarse libremente en toda la
Comunidad Europea. Y en breve lo será en el resto del mundo. En principio como
complemento dietético y no como medicamento pero eso no importa. Lo que importa
es que ya está al alcance de quien quiera adquirirlo. A fin de cuentas un medicamento
se caracteriza porque no cura nada -excepción hecha de los antibióticos- y porque
posee potenciales efectos secundarios graves -muchos de los fármacos aprobados
y que hoy son legales pueden provocar hasta la muerte del enfermo-, algo en lo
que se diferencia claramente el
Bio-Bac ya que es absolutamente inocuo;
es decir, su consumo carece de riesgo alguno como está científicamente demostrado
por numerosos ensayos clínicos. Una aprobación, por otra parte, que además de
dejar en el más absoluto de los ridículos al Ministerio de Sanidad y Consumo y
a varias consejeros autonómicos abre las puertas al procesamiento de muchos altos
cargos y funcionarios por prevaricación. Porque, ¿cómo van a explicar ahora las
reiteradas negativas a su legalización y los peregrinos subterfugios jurídicos
utilizados para ello en los dos últimos años? Aún no se ha cumplido un año desde
que Rafael Chacón, indignado una vez más por la actitud de quienes le ponían trabas
y daban largas apurando los plazos para responder a cualquier requerimiento suyo,
se decidió a registrar el producto en otro país de la Comunidad Europea. En cualquiera
porque la aprobación en uno sólo implica la aprobación automática en todos los
demás. Sólo que, sabiendo las gestiones que en estos últimos años se han hecho
para impedir que así sucediera en Europa y Estados Unidos, decidió con buen criterio
solicitar la autorización con otro nombre, el de
Renoven, para evitar
interferencias.
Una estrategia simple y sencilla que dio resultado porque en poquísimo tiempo
se encontró con que todos los países lo aprobaban. El primero de ellos Eslovaquia
que puso su sello -¡vaya sincronicidad!- exactamente el 24 de Octubre del 2006,
día en que se cumplían cuatro años de la
Operación Brujo que, puesta en
marcha por
Mariano Rajoy cuando era Ministro del Interior y
Ana Pastor
su Subsecretaria, culminaría ésta a los pocos meses tras ser nombrada Ministra
de Sanidad y Consumo. A la aprobación en Eslovaquia seguiría la de Bélgica. E
inmediatamente a continuación la de Portugal. Tres países de la Comunidad Europea,
pues, han decidido que el producto cumple todos los requisitos legales y puede
comercializarse sin problemas. Y nos consta que habrá nuevas aprobaciones en breve
a pesar de que ya no es necesario. Será, simplemente, una manera elegante de decirle
a los sinvergüenzas que en España denegaron su aprobación que en su momento tendrán
que justificar sus decisiones y actuaciones... ante la Justicia. Especialmente
el hecho de que sus reservas y pegas no las haya compartido nadie en ningún otro
país de Europa. Que el producto se venda mañana como
Bio-Bac y no como
Renoven -nombre con el que ha sido aprobado- es sólo cuestión de semanas
porque cambiar la marca comercial apenas requiere un sencillo trámite administrativo.
El mes que viene les ampliaremos esta información en detalle y desvelaremos muchos
datos e informaciones que nos hemos reservado hasta ahora por prudencia. Ahora
bien, como no nos parece ético silenciarlo por más tiempo adelantamos a nuestros
lectores que el
Bio-Bac, con el nombre de
Renoven, puede hoy adquirirse
llamando directamente al laboratorio (902 30 31 34). Y recordamos que se trata
de un producto que tiene ensayos clínicos que demuestran su eficacia en cáncer,
Sida, hepatitis y artrosis (puede leer en la sección de
Reportajes
de nuestra web
-www.dsalud.com- los ensayos clínicos que existen sobre
el producto y que ya publicamos en detalle en el nº 47 en un artículo titulado
Evidencias científicas de la eficacia del Bio-Bac. Terminamos diciendo
-y lo hemos reiterado muchas veces- que en el ámbito sanitario huele a podrido
desde hace mucho tiempo. Hace falta una purga urgente en el sistema sanitario.
Y no con aceite de ricino sino mediante la mera aplicación de la Ley.
José Antonio Campoy
Director
Nota: no quiero dejar de mencionar la inmensa gravedad de lo
que está sucediendo en China. La denuncia de que más de 800.000 personas están
encarceladas para que sirvan como bancos vivos de órganos para trasplantes de
quienes están dispuestos a pagar por ellos es repugnante. Y que los medios de
comunicación se limiten a dar la noticia de pasada y la olviden como si el asunto
no fuera con todos y cada uno de nosotros refleja la degradación ética de nuestra
anestesiada sociedad. Problema que se manifiesta especialmente en nuestros "representantes"
políticos.