El rebaño humano


Los responsables de nuestra salud somos nosotros mismos. Que luego alguien prefiera delegar esa responsabilidad en otros cuando enferma es su decisión y, a veces, su problema. Porque quienes tal cosa hacen optan por ello en el convencimiento de que los profesionales en los que van a delegar las decisiones –poniendo en sus manos su salud y su vida- están preparadas y formadas para asumir ese reto. Y lamentablemente en la mayor parte de las ocasiones no es así. Claro quela inmensa mayoría de la gente es abdícrata, término que define a quien abdica de su derecho a tomar decisiones haciendo que las tomen otro -u otros-, especialmente cuando son complejas o difíciles. “Haré todo lo que usted me diga, doctor”. Tal es la frase más usual ante un problema de salud grave y que normalmente se basa en la carencia de información y conocimiento, en el miedo y en la creencia de que los médicos saben curar casi cualquier enfermedad. Y nada más alejado de la realidad. A los médicos se les ha formado para “tratar” pacientes pero eso, contra lo que se piensa, no implica que sepan curarlos. Lo hemos dicho muchas veces: los médicos ignoran la causa o etiología de la mayor parte de las llamadas “enfermedades”. Y no puede prevenirse ni curarse una patología cuándo se ignora qué la ha provocado. Luego es imposible para ellos afrontarla y se limitan por eso a proponer paliativos. Es decir, sugieren al paciente que tome fármacos para aliviar los síntomas pero no saben qué hacer para que el paciente sane. Solo que esos fármacos que alivian síntomas -casi todos sintéticos y rechazados por ello por el organismo- son en su inmensa mayoría iatrogénicos, es decir, provocan efectos secundarios negativos a menudo infinitamente peores que el problema para el que se recetan. Volvemos por enésima vez a decirlo: el consumo de los fármacos comúnmente  más usados –antipiréticos, analgésicos, antiinflamatorios, diuréticos, antiácidos, protectores gástricos, antidepresivos, ansiolíticos, somníferos, hipocolesterolemiantes, quimioterápicos… y así un largo etcétera- no se justifica prácticamente nunca. No resuelven nada. Y si grave es que esos productos sean perjudiciales más grave es saber que todos ellos tienen alternativas naturales más eficaces y sin efectos negativos pero los médicos no los “recetan” porque o bien los desconocen o se les ha hecho creer falsamente que sus efectos son muy inferiores. Médicos que se empeñan en ignorar que la llamada medicina basada en la evidencia no existe. Es una entelequia loable pero prácticamente inexistente. Una “rara avis”. Porque los llamados trabajos científicos están hoy completamente adulterados y quienes los hacen están a menudo condicionados cuando no abiertamente corrompidos. Y no lo decimos sólo nosotros: empiezan a admitirlo quienes están dentro del sistema, quienes conocen bien el funcionamiento de las empresas farmacéuticas, quienes han trabajado en los organismos internacionales que dirigen todo y a las que están sometidos los ministerios de salud de casi todos los gobiernos del mundo. Porque hoy día la mayoría de las grandes instituciones de control del mundo están no ya infiltradas sino mediatizadas por personas al servicio de la gran industria farmacéutica. En el ámbito de la salud desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) hasta la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO por sus siglas en inglés) pasando por la Agencia Europea del Medicamento (EMEA por sus siglas en inglés) y todos los organismos importantes de Estados Unidos -la Food and Drug Administration (FDA), los Institutos Nacionales de Salud (NIH por sus siglas en inglés), los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) y el Servicio de Inteligencia de Enfermedades (EIS) pero igualmente los de otros países, ministerios de Sanidad y agencias nacionales del medicamento incluidas. Y lo mismo pasa en el ámbito político y económico: sus hombres están en el Banco Mundial, en el Fondo Monetario Internacional (FMI), en la Organización Mundial del Comercio (OMC), en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)… Y, por supuesto, en los gobiernos, parlamentos y partidos políticos de las principales naciones del mundo. Siendo su presencia especialmente masiva en el Parlamento Europeo donde gran parte de sus miembros son “ex” dirigentes de empresas farmacéuticas; basta conocer sus currículos para constatarlo. Así que desengáñese: la información que a los profesionales de la salud y a los enfermos les llega actualmente está absolutamente manipulada. Sencillamente porque ya controlan casi todos los grandes grupos de comunicación del mundo cuyo número se ha visto reducido drásticamente en las dos últimas décadas. La salud es hoy -lo reiteramos de nuevo- un gigantesco negocio donde el sufrimiento y la vida de las personas es secundario. Para quienes controlan todo son meros clientes a los que vender el mayor número de fármacos durante el mayor tiempo posible. Paliativos, por supuesto. Curar una enfermedad no es rentable. ¿A quién le puede pues extrañar que en los últimos cien años, a pesar de los billones de euros gastados, no se haya descubierto un solo medicamento que cure una sola patología? ¿O acaso conoce usted alguno? Y si existen –que existen- no se darán a conocer. Y si alguien lo hace… se desprestigiará de inmediato el producto, a su descubridor y a quienes lo difundan. La gran industria farmacéutica no puede permitir que nadie se salga del rebaño.

 

José Antonio Campoy
Director