¡Confirmado: la quimio y la radio dañan el ADN!

Los cinco quimioterápicos más usados en Oncología -cisplatino, oxaliplatino, carboplatino, capecitabina y temozolomida- así como la radioterapia dañan el ADN de las células sanas haciendo que muten entre 100 y 1.000 veces más rápido que las no tratadas.

Lo ha descubierto Oriol Pich, estudiante de doctorado en el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona en cuyo trabajo colaboraron Ferrán Muiños, Martijn Paul Lolkema y Neeltje Steeghs y fue supervisado por los responsables del Programa de Investigación en Informática Biomédica de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (España) Nuria Lopez-Bigas y Abel González-Pérez.

El trabajo acaba de publicarse en Nature Genetics con el título The mutational footprints of cancer therapies (Las huellas mutacionales de las terapias contra el cáncer) y en él se ha analizado la secuencia  de los genomas de tumores metastásicos de más de 3.500 pacientes y qué tratamientos recibieron para luego, empleando métodos bioinformáticos, identificar el patrón concreto de mutaciones de las células de los tratados con cada uno de los tratamientos, es decir, la “huella mutacional” de esas terapias,  información que proporcionó la Hartwig Medical Foundation de Holanda.

Según Nuria López-Bigas una vez se identifica esa ‘huella’ pueden cuantificarse las mutaciones que cada quimioterápico produce en el ADN así como las que producen la combinación de quimioterápicos; y añadiría: «Hemos calculado que durante el tiempo de tratamiento algunas de esas quimioterapias causan alteraciones en el ADN a un ritmo entre cien y mil veces más rápido del que esperaríamos en una célula”.

En suma, este trabajo constata una vez más -aunque no fuera precisamente su propósito- que esas terapias contra el cáncer «dañan el ADN y causan mutaciones tanto en células cancerosas como en células sanas» causando efectos secundarios como «discapacidades mentales, toxicidad orgánica y neoplasias secundarias».

Lo insólito es que tras conocerse los resultados aparecieron inmediatamente defensores de tan inútiles procedimientos alegando que «prologan la vida en algunos casos» pero, eso sí, no aclarando que -en el supuesto de que así sea- solo lo hacen en el mejor de los casos durante unos pocos meses y a costa generalmente de una calidad de vida mucho peor.