Los sanitarios españoles, Premio Princesa de Asturias de la Concordia

Por su «heroico espíritu de sacrificio» y «arriesgar sus vidas»

«Los sanitarios españoles que trabajan en primera línea contra la COVID-19″ han sido galardonados con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2020. La decisión la tomó el jurado de la fundación el pasado 3 de junio justificándola por «su heroico espíritu de sacrificio» y haber asumido «graves riesgos y costes personales, incluso la pérdida de la propia vida«. El jurado agregaría que «se han convertido ya en el símbolo de todas las personas, instituciones y empresas enfrentadas a esta pandemia, reconocido como tal con constantes muestras de agradecimiento y solidaridad no solo por el conjunto de la sociedad española sino también en el ámbito internacional».

Una posterior nota complementaría las razones de su decisión diciendo: «Expuestos a una alta y agresiva carga viral, su entrega incondicional haciendo frente a largas jornadas de trabajo sin contar en ocasiones con el equipamiento y los medios materiales adecuados -según quejas de organizaciones profesionales y sindicales del sector- representa un ejercicio de vocación de servicio y de ejemplaridad ciudadana«. A lo que se añadiría: «Con un espíritu de sacrificio personal sobresaliente en favor de la salud pública y del bienestar del conjunto de la sociedad se han convertido ya en un símbolo de la lucha contra la mayor pandemia global que ha asolado a la humanidad en el último siglo». El panegírico continúa diciendo: «El esfuerzo de los sanitarios españoles contra la COVID-19 ha permitido atender un número de casos de pacientes infectados y víctimas mortales muy elevado realizando incluso, más allá de sus obligaciones, una labor de profunda humanidad al acompañar a enfermos ingresados y a personas cuyos familiares no podían estar presentes en sus últimas horas de vida. Esa responsabilidad ha puesto en riesgo su propia salud personal hasta el punto de ser el colectivo más afectado por la pandemia en nuestro país alcanzando los más de 50 000 infectados y más de 60 fallecidos según datos facilitados por el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias».

Hasta aquí la soflama grandilocuente propia de unos premios que siguen intentando prestigiarse desde hace décadas a base de concederse a personas cuya labor ya ha sido internacionalmente reconocida antes en medio mundo en lugar de entregarse a cualquiera de las miles de personas anónimas que realmente lo merecen sin que nadie se lo haya agradecido y valorado jamás.

Dicho esto cabe agregar que la cifra de 60 fallecidos entre 50.000 sanitarios «infectados» -el 10% de los que trabajaron según el gobierno- contrasta llamativamente con la de 27.136 fallecidos entre 183.606 «contagiados» no sanitarios (datos oficiales a 15 de junio) lo que supone que ha habido muchísimos más muertos entre los no sanitarios que entre los sanitarios. Y no tiene nada que ver que los fallecidos no sanitarios fueran tratados -bueno, muchas veces abandonados sin tratar- por los sanitarios. Así que aplaudamos y rindamos pleitesía a quienes dicen que se comportaron «heroicamente» arriesgando su propia vida porque la ingente cantidad de muertos entre ellos lo justifica muy por encima de otras personas que aunque también aportaron «alguna cosilla» que es de agradecer no pertenecen a la «élite» que domina el mundo; como los policías, guardias civiles, taxistas, conductores de camiones y autobuses, cajeros, empleados de supermercados y gasolineras, personal de limpieza, agricultores, ganaderos, electricistas, fontaneros, ferreteros, administrativos y demás profesionales que hicieron que la sociedad no colapsara. Los suyos no fueron comportamientos heroicos sino «corrientitos» y como mucho merecen unas palabritas de agradecimiento y unas palmaditas en la espalda.