La oficina del estómago

por José Antonio Campoy

Fue Hipócrates, considerado el “padre de la Medicina”, quien dijo aquello deque “el alimento sea tu medicina y tu mejor medicina sea tu alimento». Y Cervantes quien hizo que Don Quijote le dijera a Sancho lo de “Come poco y cena más poco que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago”. Máximas ambas que conocemos todos pero a las que la mayoría hacemos el mismo caso que los galenos. Porque es evidente que la salud de los médicos no es en general -salvo honrosas excepciones- mejor que la de los demás ciudadanos. Claro que los hijos putativos de Hipócrates le han salido en los últimos decenios muy “respondones” pues por lo que se refiere a ese consejo no es ya que no le hagan ni caso, es que ignoran completamente la importancia de la alimentación en la salud. Claro que ello tiene su explicación: a los médicos no se les enseña Nutrición en las facultades de Medicina. Por increíble que resulte no reciben más allá de unas pocas horas de clase en toda la carrera. Y ya hemos dicho en numerosas ocasiones que sin ese conocimiento es imposible tratar de manera eficaz a ningún enfermo. A ninguno. Porque la alimentación es la clave de todas las llamadas “enfermedades”. A fin de cuentas la flora bacteriana es vital para una buena salud. Algo que lamentablemente ésta está hoy en peligro por las agresiones dietéticas y los compuestos químicos tóxicos que a diario introducimos en el organismo con el aire que respiramos, el agua que bebemos, los alimentos que ingerimos y las radiaciones que afectan al ADN de nuestras células de forma cada vez más constante y  agresiva. Lo hemos explicado varias veces sin que se asuma: en nuestro cuerpo hay ¡cien veces más bacterias que células! Y las estamos agrediendo constantemente. Con tóxicos de todo tipo pero también con agresivos antibióticos. Cuando nuestro organismo lo constituye una compleja simbiosis de células y bacterias. Resulta pues patético que nuestros médicos no lo entiendan. Que no asuman que hasta las enfermedades neurológicas tienen su origen la mayor parte de las veces en el estómago y en los intestinos como en este mismo número explicamos en un amplio reportaje. Y los desarreglos endocrinos, las patologías degenerativas, los trastornos del sistema inmune o las neoplásicas (cáncer). Es en la oficina del estómago donde se decide nuestro bienestar o malestar como bien dedujo Hipócrates sin tanto aparato sofisticado y moderno. Quizás porque la observación es la primera herramienta del conocimiento y el sentido común el que le da forma. Y éste parece haberse perdido por gran parte de la clase médica que precisa sin lugar a dudas de un reciclaje a fondo de sus conocimientos. Siendo primordial el de la Nutrición. A los médicos –a todos- hay que enseñarles urgentemente Nutrición porque mientras no se formen en esta disciplina serán cada vez más peligrosos para sus pacientes. Es más, si no lo hacen pronto los enfermos dejarán de acudir a sus consultas para acudir a las de los nutrólogos. Porque es indiferente si alguien padece un problema de depresión, ansiedad, asma, colitis, parkinson, alzheimer, asma o cáncer: está hoy mejor preparado para tratar cualesquiera de esas patologías un nutrólogo que un médico. Sin duda porque éstos han recuperado la esencia del conocimiento del “padre de la Medicina” mientras quienes deberían tenerla en cuenta en sus prácticas médicas la han olvidado o, mucho más grave, jamás la han conocido.