Corrupción sanitaria

por José Antonio Campoy

Pocas veces desde que nuestra revista apareció en los kioscos hemos publicado en un mismo número tanta información junta demostrativa del actual grado de corrupción del sistema sanitario. Y eso que son ya tantos los reportajes que hemos tenido que dedicar a ello que buena parte los decidimos agrupar en nuestra web –www.dsalud.com– en un apartado propio con el título Fraudes y falsedades en el ámbito médico. Textos a los que ahora añadimos los que aparecen en este número. En uno de ellos explicamos que el famoso psiquiatra Allen Frances -que presidió el grupo de trabajo de la cuarta versión del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM), la «biblia» de los diagnósticos y tratamientos psiquiátricos- ha denunciado en un libro titulado ¿Somos todos enfermos mentales? la gran mentira creada por las multinacionales farmacéuticas en torno a las patologías mentales, su impacto real en la salud de la población y la medicalización abusiva y sin sentido a que se está sometiendo a millones de personas, buena parte de ellos niños. Catedrático emérito de la Universidad de Durham ha hablado con nosotros y no ha podido ser más claro: “Los medicamentos psiquiátricos están siendo salvajemente sobreutilizados en personas que no lo necesitan”; añadiendo: “Las multinacionales farmacéuticas se han vuelto más peligrosas que los cárteles de las drogas”. En un segundo reportaje el Dr. Enrique Bernal Delgado, coautor de un informe recién publicado por la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), denuncia la sobreutilización de los productos y servicios sanitarios hablando claramente de despilfarro económico pero también de los efectos adversos injustificados que han contribuido a convertir hoy la iatrogenia en uno de los principales problemas de salud. Según ese informe hay excesos a todos los niveles prescribiéndose pruebas diagnósticas innecesarias, fomentándose pruebas para la detección precoz de enfermedades sin suficiente justificación y tratamientos sin la pertinente indicación, entre otras muchas cosas. El tercer reportaje confirma la denuncia que hicimos en abril de 2012 asegurando que los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC) de Estados Unidos habían decidido ocultar -con ayuda de científicos y asociaciones médicas corruptas, laboratorios y medios de comunicación ligados al poder- la relación entre el mercurio de las vacunas y diversas patologías neurológicas -especialmente en niños- y cómo fue perseguido por ello el Dr. Andrew Wakefield tras publicar un riguroso estudio que así lo afirmaba contradiciendo la tesis oficial; pues bien, el Dr. William W. Thomson, epidemiólogo de los CDC que participó en la conspiración, ha admitido que existió. Publicamos en un cuarto reportaje la fantástica noticia de que una persona con lesión medular completa ha conseguido volver a andar ¡por primera vez en la historia!; solo que el hecho debería abochornar a nuestras autoridades sanitarias porque el especialista británico que ha dirigido el proceso, Geoffrey Raisman, lo ha logrado siguiendo la técnica descubierta y desarrollada por la investigadora española Almudena Ramón Cueto a quien nuestras autoridades ningunearon e incluso boicotearon cuando dio a conocer sus resultados. El quinto reportaje demuestra el poder casi omnímodo de la industria farmacéutica porque en él explicamos cómo el intento de los médicos norteamericanos Howard Robbins y Robert J. Rowen de tratar con ozono intravenoso en Sierra Leona al personal sanitario y a los enfermos de ébola fue boicoteado en el último momento a pesar de que se hallaban ya en el país, habían sido recibidos por el propio presidente Ernest Bai Koroma y habían entrenado en la técnica -con la aquiescencia de las autoridades- a más de 50 personas, entre ellas varios médicos que pronto se convencieron de su utilidad. Y similar denuncia hace Josep Pamies, conocido horticultor y fitoterapeuta español que lleva años denunciando los peligros de los alimentos transgénicos y el abusivo uso de pesticidas y aditivos alimentarios quien con motivo de la inexistente pandemia del ébola se ha ganado la ira del poder por aseverar que el problema puede afrontarse con métodos naturales e inocuos… siendo verdad. En cuanto al último reportaje denunciamos el hecho de que el dióxido de titanio, el pigmento más utilizado en el mundo para proporcionar a los productos blancura y opacidad y hacerlos visualmente más atractivos porque se supone que es inocuo, puede en realidad provocar graves daños e incluso alterar el ADN celular. Un asunto grave porque hoy se emplea hasta en los cosméticos, los textiles, los fármacos y muchos alimentos. Invito al lector a profundizar en todos ellos porque demuestra lo que tantas veces hemos denunciado: nuestro sistema sanitario está completamente corrompido.