Soberbios y prepotentes

por José Antonio Campoy

Los seres humanos tenemos tendencia a ocultar nuestra ignorancia y nuestros miedos con actitudes defensivas que en muchas ocasiones terminan haciéndonos adoptar posiciones de prepotencia cuando no de soberbia. Ocurre en todos los ámbitos de la vida y es humanamente comprensible. Pero se trata de algo mucho menos disculpable cuando quienes así actúan tienen -o se les supone- una formación superior a la de la mayoría en uno o varios ámbitos de conocimiento. Y desde luego es ya reprensible cuando ello tiene lugar entre aquellos cuyas decisiones afectan a otros seres humanos. Porque en esos casos la prepotencia y la soberbia son sólo indicadores claros del escaso nivel evolutivo espiritual de quienes así se comportan. Y eso es así aunque ocupen posiciones destacadas en el organigrama social. Pues bien, tal es el caso de la mayoría de quienes desde hace dos décadas vienen marcando las pautas oficiales sobre el SIDA. Porque es absolutamente inadmisible que ante las dudas, discrepancias o disensiones científicas de quienes no comparten las explicaciones ofrecidas y los tratamientos que se postulan oficialmente, la respuesta casi unánime de éstos -con el apoyo cómplice de los gobiernos de medio mundo y muchos medios de comunicación- sea intentar amordazarles, descalificarles o insultarles. Thabo Mbeki, presidente de Sudáfrica -lugar donde se va a celebrar en julio la XIII Conferencia Internacional sobre SIDA- lo ha denunciado valientemente en la carta que ha dirigido a los principales líderes políticos del mundo: «¡En épocas anteriores de la historia humana -dice refiriéndose a los científicos que disienten de la línea oficial- los considerarían herejes a los que habría que quemar en la hoguera!» Y añade: «No hace mucho, en nuestro propio país, las personas eran asesinadas, torturadas, encarceladas y prohibida su mención tanto en privado como en público porque la autoridad establecida creía que sus puntos de vista eran peligrosos y estaban desacreditados. Ahora se nos pide que hagamos exactamente lo mismo que hizo la tiranía racista del apartheid porque existe una visión científica apoyada mayoritariamente contra la que está prohibido disentir. Sin embargo, ¡entre los científicos a los que se supone que hemos de poner en cuarentena hay premios Nobel, miembros de Academias de Ciencias y profesores eméritos de varias disciplinas de Medicina!» Tiene razón. Si los científicos que postulan la explicación oficial sobre el virus del SIDA y los tratamientos más adecuados a seguir están tan seguros de lo que afirman que se reúnan públicamente y convenzan a sus compañeros de que están equivocados argumentando y probando por qué. Lo contrario es actuar con una soberbia y una prepotencia impropias de seres evolucionados. Incluso aunque sus planteamientos sean correctos.