Enorme preocupación entre los prebostes del modelo médico imperante

por José Antonio Campoy

La muerte de una sola persona con cáncer tratada con una terapia alternativa es motivo de escándalo y peticiones de «justicia»; la muerte cada año de 104.000 enfermos de cáncer tras ser tratados con los protocolos oficiales no. Tal es el esperpento en el que nos hallamos. ¿Cómo es esto posible? Porque no estamos hablando de casos puntuales sino de situaciones que se repiten desde hace décadas. Las autoridades sanitarias, los colegios médicos y muchos de mis propios compañeros periodistas criminalizan de inmediato a todo profesional de la salud -licenciados en Medicina excelentemente formados incluidos- que apuestan por métodos y productos no bendecidos por los organismos que controla la gran industria farmacéutica a pesar de que la mayoría son meramente paliativos ya que hoy sigue sin saberse la causa o etiología de casi todas las llamadas enfermedades -cáncer incluido- y por tanto se ignora cómo prevenirlas y curarlas. Es más, se les tacha gratuitamente de curanderos o estafadores atentando muy a menudo contra su honor y profesionalidad. Es indignante. Claro que acaba de pasarle al mismísimo Premio Nobel Luc Montagnier por defender la fundamentación científica de la Homeopatía. De hecho tanto la ponencia que dictó a principios de mayo pasado durante el VII Congreso Nacional de Homeopatía que se celebró en San Sebastián como la del profesor de la Universidad de Estrasburgo Marc Henry que asevera que la eficacia de la Homeopatía se explica desde la óptica de la Física Cuántica fueron silenciadas por casi todos los grandes medios de comunicación, cada vez más al servicio del poder establecido. Hasta la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS) -que cuenta con casi 600 periodistas- está claramente influenciada como lo demuestra el hecho de tener como “socios protectores” a Pfizer, Janssen, Roche, Abbvie y la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas y como “socios colaboradores” a Farmaindustria, Merck Sharp & Dohne, Eresa y Praxair. Ello explica que en los últimos meses se haya dado cabida en casi todos los medios a las falacias de conocidos pseudoescépticos, individuos que como bien se explica en el reportaje que con el título Campaña de desprestigio contra todo profesional que no se pliegue al modelo médico imperante se publica en este mismo número «se arrogan el derecho a decidir qué es o no científico, qué es o no válido o aceptable, quién es o no creíble y quién debe ser considerado un profesional sensato o un farsante aun cuando la mayoría de ellos no tiene ni formación universitaria ni conocimientos científicos básicos». Un texto en el que, por cierto, se recuerdan datos espeluznantes que esos medios igualmente callan para no alertar a la población como los resultados de la investigación Clinical Evidence que publica el prestigioso British Medical Journal según la cual de los casi 3.000 tratamientos médicos analizados solo el 11% son claramente beneficiosos, el 24% pueden ser algo beneficiosos, el 7% están entre beneficiosos y dañinos, el 5% es poco probable que sean beneficiosos y el 3% pueden ser ineficaces y/o dañinos. Añadiendo que del 50% restante ¡no se sabe nada! Es más, se oculta para no aterrorizar a la gente que cada año mueren en los hospitales españoles mientras son tratados por los médicos de nuestro sistema sanitario ¡más de 400.000 personas al año! (y hablamos de datos oficiales publicados por el Instituto Nacional de Estadística que están al alcance de cualquiera). Datos que demuestran que en la prevención y curación del cáncer por ejemplo -y lo repetimos una y otra vez desde hace años- no se ha avanzado absolutamente nada en décadas pese a las afirmaciones y baladronadas de las autoridades sanitarias, los laboratorios y las agrupaciones de oncólogos. Las cifras de morbilidad hospitalaria del INE son contundentes y reflejan que en España murieron por tumores malignos 95.072 personas en 2000, 97.714 en 2001, 97.784 en 2002, 99.826 en 2003, 100.485 en 2004, 100.189 en 2005, 101.669 en 2006, 103.329 en 2007, 103.999 en 2008, 105.133 en 2009, 107.188 en 2010, 109.341 en 2011, 110.993 en 2012 y 111.021 en 2013, último año contabilizado que se publica en el Anuario Estadístico de España 2015. Luego el número de fallecidos por tumores malignos aumenta inexorablemente año tras año; pero sobre tan cruda realidad los grandes medios de comunicación callan. Y es que como bien se dice en la entradilla del reportaje antes citado -que invito expresamente a leer- es hora de preguntarse cómo se da en ellos cabida y crédito a cualquier ignorante indocumentado sin formación universitaria ni estudios científicos que en el ámbito de la salud pontifica sobre lo que es o no correcto, científico y admisible y cómo asumen acríticamente que pueda tacharse de «curandero» o «estafador» a todo profesional de la salud -médicos incluidos- que utilice terapias, métodos o productos no convencionales cuando los mismos están avalados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Parlamento Europeo y el Consejo de Europa. En suma, ¿qué clase de «profesionales» se ocupan hoy en ellos de la «información» sobre salud y asumen que son aceptables la calumnia, la injuria, la difamación y el desprestigio personal y profesional de personas manifiestamente preparadas y honestas? ¿Dónde ha quedado la ética periodística? ¡Ya está bien!