Bayer compra Monsanto

por José Antonio Campoy

La multinacional alemana Bayer ha acordado comprar la endeudada multinacional estadounidense Monsanto -líder mundial en ingeniería genética de semillas y en la producción de herbicidas- por 66.000 millones de dólares (58.500 millones de euros) al pagar 128 dólares en efectivo por cada acción (56.000 millones de dólares) y hacerse además cargo de la deuda. Y ha aceptado pagar 2.000 millones de dólares de compensación si la operación -que debe completarse a finales de 2017- fracasa. Queda por ver si los organismos reguladores la aprueban -y no lo van a tener fácil- pero lo cierto es que la operación abre una nueva era en el mundo de la agricultura -y por tanto en el de la salud- y no precisamente positiva y esperanzadora. Recordemos que en la industria agroquímica hay brutales movimientos de concentración. ChemChina anunció este año la compra de la suiza Syngenta mientras las canadienses Potash y Agrium acordaron fusionar su negocio de fertilizantes. Se trata de operaciones que se promueven como un proceso de optimización del sector que podrá así ofrecer a los agricultores mejores y más rápidas soluciones pero lo cierto es que al disminuir la competencia lo que éstos van a ver pronto es que los precios de las semillas y fertilizantes suben mientras su rentabilidad -ya escasa- baja. Y de cara al público, ya se sabe: gracias a ellas y a sus transgénicos va a acabarse con el hambre del mundo. Una falacia que el pasado 30 de junio apoyaron más de un centenar de premios Nobel firmando una Carta Abierta dirigida “a los líderes de Greenpeace, Naciones Unidas y gobiernos de todo el mundo” en la que argumentaban que según la ONU en 2050 habrá que duplicar la producción mundial de alimentos, piensos y fibra para satisfacer las demandas de la población insinuando que ello no será posible porque Greenpeace y otras organizaciones se oponen “a la mejora vegetal moderna” así como “a las innovaciones biotecnológicas en agricultura”. Retórica demagógica que ya denunciamos el mes pasado en nuestro Editorial. La afirmación de que para acabar con el hambre en el mundo es necesario universalizar semillas, herbicidas y alimentos patentados es falsa e indignante. Especialmente porque no son inocuos sino causa constatada de intolerancias, alergias y disfunciones metabólicas. Y encima son menos rentables que los cultivos tradicionales y están destrozando las tierras en las que se cultivan. Lo denunciaba hace poco Principio del formulariocon sorna David Murphy, director ejecutivo de Food Democracy Now! (¡Democracia alimentaria ahora!) aseverando: «La biotecnología agrícola nunca ha tratado de alimentar al mundo sino de enriquecer a unas corporaciones de agroquímicos con un largo historial de producción de químicos mortales para la población y el medio ambiente”. Algunos expertos creen que los ejecutivos de Monsanto han accedido a la venta porque cada vez es mayor el número de procesos judiciales en los que se ve inmersa la compañía, su imagen es pésima en la sociedad y su futuro no es halagüeño. Entre otras cosas por productos como el glifosato, ingrediente clave del herbicida Roundup. Aunque Bayer también es objeto de fuertes críticas por el imidacloprid, insecticida perteneciente a una serie de productos químicos llamados neonicotinoides a los que se achaca la muerte de millones de insectos polinizadores. En fin, como dice Murphy «la empresa más malvada de Europa ha absorbido a la más malvada de Estados Unidos». En todo caso no lo van a tener nada fácil porque cada vez más países -especialmente de la Unión Europea- aprueban leyes contra los transgénicos. Hasta el Gobierno de Alemania desalienta su cultivo. Por lo que a nuestra postura sobre todo esto se refiere la hemos argumentado de forma clara y extensa como puede comprobarse entrando en nuestra web –www.dsalud.com– y leyendo los reportajes que con los títulos En España se siguen consumiendo importantes cantidades de transgénicos, ¿Cuántos de nuestros alimentos están contaminados con glifosato?, Alimentarse de forma sana empieza ser imposible, Guerra global contra Monsanto, Adulteración y contaminación intencionada del agua y los alimentos, ¿Estará pronto el agua potable en manos de unas cuantas multinacionales?, Philipp Mimkes: «Las compañías como Bayer siempre intentarán maximizar sus beneficios sin preocuparse por las vidas humanas», Los pesticidas, mucho más peligrosos de lo que se reconoce, Los transgénicos pueden alterar la flora bacteriana intestinal y producir numerosas patologías, El glifosato, herbicida considerado inocuo, también es un tóxico peligroso para la salud y Ciento diez premios Nobel critican a Greenpeace por no defender los transgénicos aparecieron en los números 105, 124, 154, 159, 160, 163, 165, 169, 182, 189 y 196 respectivamente. En definitiva, es hora de boicotear con mayor ahínco todos los alimentos transgénicos.