Ignorancia & soberbia

por José Antonio Campoy

En el ámbito de la salud -y muy especialmente en el de la Medicina- se están produciendo cambios tan notables y rápidos que algunos no los asimilan y cuando lo que se descubre choca con sus creencias establecidas están irracionalmente dispuestos a defender éstas como sea, a veces hasta negando los hechos, las evidencias. En otras ocasiones, sin embargo, esa actitud de cerrazón mental es la respuesta instintiva con que se ocultan los miedos propios, sobre todo la ignorancia -madre de la soberbia-, en particular entre quienes son tenidos por expertos de alguna disciplina o materia. Gente que pretende imponer sus criterios enarbolando casi siempre la bandera de la ciencia con actitudes, paradójicamente, fanáticas y acientíficas. Ni que decir tiene que además de problemas egóicos, muchas veces lo que existe detrás es un tinglado económico de enormes dimensiones y hay quien se irrita sobremanera pensando que se les puede acabar el chollo. Que los responsables políticos suelen estar tan mediatizados e hipnotizados por determinados grupos de presión -independientemente de su grado personal de incompetencia- que se tragan cualquier cosa por infumable que sea es algo a lo que estamos acostumbrados. Pero que los ciudadanos de a pie se dejen convencer cuando lo que está en juego es su salud y a veces hasta su vida lo entendemos menos. Claro que buena parte de la culpa de esta situación la tienen los medios de comunicación: los empresarios y los periodistas. Porque la investigación independiente, la constatación de los datos y los hechos, el rigor, la ecuanimidad, el trabajo serio, riguroso y concienzudo, en suma, la profesionalidad… brillan cada día más por su ausencia. La honestidad sigue sin vender. Y aquí lo que prima es el negocio en todos los ámbitos. Ciertamente, la sociedad ha avanzado notablemente en multitud de ámbitos pero en el de la ética vamos a trompicones. Amigo lector: siga los dictados de su corazón. Y, sobre todo, no deje que le manipulen. Ejerza su libre albedrío.