Intentan restringir la libertad… en nombre de la libertad

La desvergüenza entre quienes dicen representar a la sociedad española porque han llegado a puestos de poder merced al sistema partitocrático implantado en España desde hace poco más de 40 años está llegando al culmen del despropósito. Es inaudita la desfachatez con la que algunos ignorantes carentes de formación, principios y ética intentan restringir la libertad en nombre de la libertad, acabar con la democracia en nombre de la democracia, controlar la justicia en nombre de la justicia, adoctrinar a niños y adolescentes en nombre de la libertad de educación y llamar nazis o fascistas a quienes se niegan a ser dóciles borregos o se enfrentan a ellos. Es intolerable que desde un gobierno se niegue a los padres su derecho a opinar sobre las cuestiones ideológicas, filosóficas o de conciencia que los políticos de turno en el poder quieran imponer a sus hijos en «nombre del estado» con el pueril argumento de que los hijos no son «propiedad» de nadie. ¿No es lícito que unos padres eduquen a sus hijos según sus convicciones pero sí lo es que se les eduque según los criterios minoritarios de quienes en un momento determinado han alcanzado el poder? ¿Qué despropósito es ese? ¿Cómo se arrogan tamaña prerrogativa individuos que obvian  que para ser diputado, senador o ministro en España no se exige ni los requisitos mínimos que se le pide a cualquier aspirante a barrendero? Hay que tener la cara muy dura para decirles a unos padres que no tienen derecho a transmitir ideas y convicciones a sus hijos porque ello interfiere con las ideas y convicciones que quieren imponerles ellos. Estamos hablando de los mismos individuos que dicen que hay que respetar a los niños pero luego les imponen la inoculación de vacunas que además de ineficaces son tóxicas. Cientos de miles de niños han sufrido sus perjudiciales efectos, negados primero durante décadas y ahora justificados dadas las contundentes pruebas de ello. Peregrina justificación» que infiere que llevar a la muerte o a padecer graves patologías a bebés y niños sanos se justifica porque así se protege «a la mayoría de la población». Es decir, se asume que lesionar o matar infantes es un «efecto colateral» asumible porque se protege «un bien mayor». Argumento que alguien de conciencia muy laxa podría asumir si las vacunas realmente protegieran a los vacunados solo que eso no ha sido así. Nos hemos hartado de decirlo: nadie ha demostrado jamás que una vacuna -la que sea- prevenga una enfermedad -la que sea-. Nadie, nunca, en ningún lugar. ¿Qué esperan los «vacunólogos» para presentarnos las pruebas de lo que afirman y dejar nuestras palabras en entredicho? Hay cientos de vacunas y miles de trabajos científicos sobre ellas -lo de «científicos» es un decir- así que ¿por qué no se nos cita uno solo que demuestre tal cosa? ¿A qué esperan las autoridades sanitarias, los colegios médicos, las asociaciones de pediatras, los laboratorios, las agencias reguladoras y la propia Organización Mundial de la Salud (OMS)? Porque hay silencios atronadores y este es uno de ellos. Como silencio atronador y significativo es el de quienes se niegan a pasarnos la documentación que demuestre que los oncólogos disponen de algún fármaco o tratamiento que cura el cáncer. Porque insistiremos hasta aburrir: lo máximo que consiguen es prolongar la vida unos pocos meses -y aun eso es discutible- y la afirmación de las asociaciones que les aglutinan de que se cura gracias a ellos hasta el 50% de los casos es -lisa y llanamente- delictiva. No hemos visto sin embargo a ningún preboste de la política protestar por la cantidad de niños que están muriendo entre grandes sufrimientos al ser tratados de cáncer con esos protocolos. En fin, mal va una sociedad que asume acríticamente cada vez más estupideces impuestas por manipuladores profesionales. Como la de la «violencia de género». ¡Ninguna mujer ha sido jamás asesinada por ser mujer! Son asesinadas porque sus parejas -por las razones que sean- las odian y en ese momento quieren acabar con ellas; a menudo por venganza y a manos de lamentables machistas. No se trata pues violencia de «género» ya que nadie ejerce la violencia contra el género femenino sino contra mujeres concretas. Claro que también hemos llegado a la memez de hablar de la existencia de más de 30 tipos de géneros cuando lo cierto desde un punto de vista biológico es que en la naturaleza solo hay dos sexos: varón y hembra. Lo demás son elucubraciones intelectuales tras las cuales hay intereses políticos y económicos bastardos que habrá que desvelar. De hecho los argumentos contra quienes desvelan tamañas falacias siempre han sido los mismos: el insulto, las descalificaciones y las amenazas. La diferencia es que ahora se hacen desde el poder y no desde los guetos.

Jose Antonio Campoy
Director