La píldora del amor

por José Antonio Campoy

Vivimos en una sociedad tan mediatizada por los intereses comerciales de las empresas presuntamente dedicadas a ofrecernos salud y bienestar -especialmente los laboratorios farmacéuticos- que no sólo las personas de la calle sino los profesionales de la Medicina -sobre todo ellos- se han llegado a creer de verdad que la solución para lograr la armonía corporal y mental está fundamentalmente en las píldoras. Y tan es así que la inmensa mayoría de los médicos han pasado de ser terapeutas y/o sanadores a recetadores oficiales de fármacos. Píldoras para adelgazar y para engordar, para eliminar los dolores de cabeza, de oídos, de estómago, de espalda, de dientes, de muelas y de lo que sea, píldoras para paliar los síntomas con que cursan cualquiera de las muchísimas enfermedades catalogadas -a pesar de que quienes las catalogan repiten que no existen las enfermedades, que sólo existen los enfermos-, píldoras para no quedarse embarazada, para combatir los síntomas del resfriado, de la gripe o de esa alergia a vaya usted a saber qué, píldoras para mejorar la capacidad intelectual, el rendimiento físico o la potencia sexual, píldoras para aumentar el tono vital, para que resplandezca nuestra piel, para que depure mejor el hígado, para ayudar a la digestión, para hacer de vientre, para evitar la diarrea, para desintoxicarnos, para no envejecer, para evitar el hambre, para combatir el mal aliento, para estimular nuestro sistema inmune o para prevenir y/o combatir una infección. Píldoras de todas las formas, tamaños, gustos y colores. Píldoras para todo. Incluso para combatir nuestra angustia vital, nuestros miedos, nuestra desesperanza y nuestra soledad. Píldoras hasta para poder dormir y soñar. Siempre buscando en la píldora la solución a nuestro problema físico, emocional, mental o espiritual que es generalmente lo que, a fin de cuentas, suele provocar en nosotros tanta patología. Y, sin embargo, la solución nunca está en las píldoras aunque a veces palie u oculte el problema. Nuestro problema es interno y suele deberse casi siempre a una desarmonización de nuestro ser. Por tanto, la respuesta también está en nosotros. Raramente en el médico y casi nunca en la píldora. De hecho, la única píldora que lo curaría todo es la píldora del Amor. Y esa no se vende en farmacias ni en herbolarios.