¿Justicia o venganza?

por José Antonio Campoy

El ataque terrorista del pasado 11 de septiembre no tiene justificación alguna. Se trata de un crimen abominable y execrable que merece nuestro desprecio tanto hacia sus autores como hacia quienes diseñaron el plan o colaboraron en él. La violencia sólo engendra violencia. Pero precisamente por eso mismo la reacción de los dirigentes políticos estadounidenses tampoco es admisible. La respuesta militar masiva es una salvajada del mismo cariz que el acto de barbarie que se pretende vengar. Y digo vengar porque no se está buscando justicia, se está buscando venganza. Exactamente igual que hoy hace Israel en aplicación estricta del «ojo por ojo y diente por diente», Ley del Talión que en los últimos tiempos ha llevado a sus dirigentes al «asesinato selectivo» ¡en nombre de la democracia y la justicia! ante el silencio cómplice de Occidente. Incluidos la mayoría de los medios de comunicación social, sin excluir a los españoles. ¿Se imaginan al Gobierno español ordenando lanzar misiles contra el coche o la casa de cualquier persona de la que simplemente se sospeche su pertenencia a ETA? Pues eso está haciendo Israel. Cuando escribo estas líneas -19 de septiembre- el diario «El Mundo» publica en España una encuesta internacional efectuada para sondear la opinión de los ciudadanos de Occidente sobre la posible «respuesta» del gobierno de Estados Unidos al atentado destacando en portada que el 58% de los españoles está «a favor de que España actúe militarmente con Estados Unidos». Ya en el interior, tras reiterarse en ese hecho, destaca luego que para los españoles, eso sí, la intervención debería centrarse sólo en objetivos militares y no civiles. Pero en ningún lugar destaca lo más importante: que sólo un 11,7% está a favor de una intervención militar y que el 86,3% piensa que los responsables deberían ser simplemente extraditados -se supone que tras ser detenidos- a fin de ser juzgados. Una opinión que, además, es mayoritaria en 13 de los 15 países donde se efectuó la encuesta. Sólo la opinión pública de Israel y de EE.UU. quiere mayoritariamente acciones militares. ¿A cuento de qué esa manipulación? ¿Quiénes están detrás de esa campaña para que la gente termine apoyando tamaña barbaridad? En España sabemos muy bien lo que supone ser víctimas del terrorismo. Desde hace décadas. Pero los españoles nos limitamos a salir una y otra vez a la calle con las manos abiertas -muchas veces simbólicamente pintadas de blanco- para pedir la paz. ¡Y ni siquiera se exige la restauración de la pena de muerte para los asesinos! La sociedad española es una sociedad madura, inteligente, evolucionada y con una ética envidiable. Una sociedad que sabe que la venganza -aunque se la disfrace de «acto de justicia»- jamás ha resuelto nada. Los culpables deben ser sólo perseguidos, detenidos y juzgados. De lo contrario, no nos diferenciaríamos éticamente en nada de los terroristas. No hay justificación ideológica alguna para matar. Ni los terroristas musulmanes en nombre de la religión ni los occidentales en nombre de la patria, la democracia, la justicia o la libertad. Es más, matar alegando la defensa de todo eso es un sarcasmo. Europa, en suma, debe templar el ánimo de Estados Unidos. Ese país -paradójicamente tan admirable en otros ámbitos- no puede actuar con nuestra complicidad y apoyo como lo haría un vulgar matón de calle ante una agresión, algo que ha hecho ya varias veces. Es más, por duro -e impolíticamente correcto hoy- que resulte reconocerlo, los habitantes de Estados Unidos están recogiendo lo que su país ha sembrado a lo largo de la historia. Y deberían reflexionar profundamente sobre la razón de que medio mundo les odie o les mire con antipatía. No, a la barbarie no se puede responder con barbarie. Aunque la rabia, la impotencia, el dolor y el llanto nos ahoguen a veces por dentro. Y, sobre todo, deberíamos entender algo muy importante: que no se puede alcanzar la paz exterior sin alcanzar primero la paz interior.