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NÚMERO 68 / ENERO / 2005

LA RECUPERACIÓN DE LA SALUD CON MORATERAPIA

 

Cada vez más investigaciones científicas constatan la naturaleza bioeléctrica y vibracional del ser humano. Y no cabe ya duda alguna de que todo proceso químico orgánico está condicionado por vibraciones electromagnéticas. Es decir, que todo órgano -tanto sano como enfermo- tiene un espectro de vibraciones que varía de persona a persona y, en consecuencia, posee un potencial energético concreto. Pues bien, la Moraterapia es un método de exploración y recuperación del equilibrio orgánico a través de la eliminación de las ondas vibracionales de sustancias tóxicas y otras informaciones frecuenciales patológicas que llevan el organismo a enfermar.

Vivimos en un mundo de apariencias donde nada es lo que parece y la realidad menos que nada. Nos sentimos cómodos pensando que estamos formados por materia sólida cuando esa impresión no es sino una mera formulación cultural que no soporta el más mínimo análisis científico. Por lo que respecta a nuestro cartesiano Occidente ya Albert Einstein formuló que la materia no es sino energía con lo cual empezó a desmoronarse la idea de un universo sujeto a leyes mecánicas que está simplemente a la espera de ser reformulado en función de la nueva Física Cuántica. Y esa nueva visión del mundo y del ser humano nos está obligando a iniciar un vertiginoso descenso desde nuestra aparente realidad externa hasta detenernos en el último nivel comprensible por el momento, aquel en el que descubrimos que los mecanismos de la vida son regulados por oscilaciones electromagnéticas muy precisas como consecuencia final de que a cada átomo le corresponde un campo eléctrico. La coordinación intracelular e interorgánica se realiza a nivel de estas ondas electromagnéticas cargadas de información producidas por nuestras propias células. Se puede hablar incluso de un “lenguaje intercelular”. Y el lenguaje de las células está constituido por ondas vibratorias que hoy es posible medir. Ondas que son específicas para cada órgano y función lo que permite escoger la información que se les puede enviar cuando un problema comienza a manifestarse... siendo el mensaje transportado bien por ondas correctoras, bien por un remedio terapéutico con su propia composición electromagnética.

Probablemente fue en 1930 cuando comenzó la aventura científica que hoy nos permite entender mejor esta realidad. Un físico ruso, Lakovsky, publicaba entonces en Francia su “Teoría de la oscilación celular” en la que, entre otras cosas, afirmaba: “La vida es una cuestión de ondas electromagnéticas y se basa en los principios de resonancia de las mismas”. En otras palabras, las células vivas son pequeños osciladores que reciben información y la emiten merced a los mismos principios.

Otro compatriota suyo, A. Gurvich, experimentó con cultivos de bacterias y logró transmitir sus propiedades virulentas a través de un vidrio de cuarzo que servía de pantalla antiparasitaria. Lo que le permitió concluir que determinadas propiedades de los organismos vivos se pueden transmitir electromagnéticamente.

Veinte años más tarde un físico inglés, H. Frolich -Premio Nobel- confirmaba los trabajos de Lakovsky. “Las células emiten campos electromagnéticos –afirmó-. Y me parece que se comunican entre ellas mediante ondas electromagnéticas”.

La obra de estos pioneros tendría su continuación en los trabajos de físicos y biólogos eminentes de Alemania, Gran Bretaña, Bélgica y Estados Unidos. Se llegaría así, por ejemplo, a los trabajos de Ilya Prigogine -Premio Nobel de Química- y, finalmente de F. A. Popp–véase su obra “Biología de la Luz” (1989)- que demuestra que “las células y los órganos se comunican gracias a campos coherentes de ondas electromagnéticas que están vinculadas a la esencia de la vida”. Popp agregaría que la enorme cantidad de información que precisa un organismo vivo sólo se puede transmitir mediante oscilaciones que vibran a la velocidad de la luz. Poniendo como ejemplo la constante renovación celular: entre 7 y 10 millones de células por segundo. Las fibras nerviosas y/o los líquidos son por eso, a su juicio, claramente insuficientes para trasladar la información precisa que sólo es posible transmitir a través de receptores y emisores electromagnéticos situados en el ADN. Según Popp la cantidad de información que se transmite por segundo en una sola célula es tan enorme que se necesitarían 100 años para leerla si pudiera ser impresa.

La conclusión final, para un amplio número de investigadores -sobre todo físicos- después de setenta años de investigación es que las ondas electromagnéticas, como portadoras de información, son anteriores a los procesos bioquímicos simplemente porque la información tiene que existir en primer lugar. Solamente después los demás procesos -perceptibles o imperceptibles- pueden ocurrir. El problema es que, desgraciadamente, mientras la Física nos acerca a ese mundo cuántico y energético la Medicina sigue ignorando las implicaciones que para el diagnóstico y tratamiento de nuestro organismo tiene este nuevo modelo.

Ahora bien, a consecuencia de su propia naturaleza la transmisión de información celular a través de ondas puede ser perturbada de distintas maneras hasta llegar a alterar el funcionamiento celular por falta de información o a causa de una información incorrecta. Y cuando por cualquier motivo el sistema autorregulador o de autocuración que todo organismo vivo posee no consigue reestablecer el equilibrio la enfermedad será entonces el resultado final.

La enfermedad, pues, podría definirse en este nuevo contexto como “un estado provocado por oscilaciones incorrectas mantenidas durante largo tiempo y en tal grado que terminan provocando fenómenos o reacciones patológicas”. Según lo cual la actuación de los modernos medicamentos depende en realidad de la interacción electromagnética de sus componentes con los campos orgánicos.

Bueno, pues como respuesta a este nuevo modelo -intuido de alguna manera por la Medicina Tradicional China hace milenios y redescubierto ahora por la Física moderna- han ido apareciendo en los últimos años nuevos sistemas terapéuticos basados en el conocimiento del lenguaje electromagnético de nuestras células. Destacando entre ellos por su concepción teórica y práctica la Moraterapia o Terapia de Biorresonancia (vibrar en concordancia), sistema que utiliza los últimos adelantos tecnológicos para analizar y corregir -a través de un dispositivo electrónico- las oscilaciones electromagnéticas recogidas del propio paciente para tratar de ayudarle a recuperar la salud.

De hecho, el aparato permite detectar procesos cancerosos y pre-cancerosos -así como el lugar donde están situados- además de infecciones bacterianas y víricas pasando por intoxicaciones crónicas, carencia de minerales, anemia, diabetes, alteraciones graves del hígado, la vejiga o el páncreas, micosis  y alcalosis mesenquimal o acidosis.

REPROGRAMAR LAS CÉLULAS

Ante todo debe aclararse que la Moraterapia no aplica frecuencias electromagnéticas, ni corrientes eléctricas producidas artificialmente. No incluye ni polo positivo, ni polo negativo. El paciente no está en contacto con ningún tipo de corriente eléctrica. Y se trata además de una autoterapia en la medida en que utiliza las informaciones electromagnéticas propias del cuerpo del paciente obtenidas merced a filtros y sistemas de amplificación. Para lo que bastan unos dispositivos tecnológicos como los que comercializa la empresa Med-Tronik con todos los requisitos legales, entre ellos los certificados ISO 9001 que avalan que cumplen la reciente Ley de Productos Médicos.

La Mo-Ra-Terapia fue formulada por el doctor Franz Morell(Mo) y desarrollada tecnológicamente por el ingeniero alemán Erich Rasche(Ra) y se trata de un tratamiento que se basa en la biorresonancia. Su base es sencilla: nuestras células, tejidos y órganos se expresan a través de ondas electromagnéticas y cuando se alteran por alguna interferencia –causada por ejemplo por ataques microbianos, virus, productos tóxicos, una alimentación errónea o tensión emocional- se desajustan provocando la aparición de enfermedades. Es decir, el lenguaje intercelular es el primero en dar muestras de cualquier desajuste y es anterior a la aparición de la enfermedad.  Bueno, pues como cada órgano posee un espectro de frecuencias específico y las emite hacia el exterior en forma de ondas electromagnéticas el doctor Morell tuvo la idea de utilizarlas con fines terapéuticos. Es decir, pensó en identificar las vibraciones inarmónicas procedentes del interior del cuerpo y basándose en el hecho conocido en Física de que una oscilación puede ser neutralizada por otra opuesta de las mismas características utilizar otras ondas para contrarrestrarlas. Obviamente, de la misma longitud, alineadas espacialmente, igual de intensas, emitidas al mismo tiempo... y que estén además invertidas.

Y sería Erich Rasche quien encontraría tanto la forma de detectar las ondas deformadas -que la Moraterapia denomina desarmónicas o patológicas distinguiéndolas de las ondas fisiológicas normales o armoniosas- como la manera para reprogramarlas de nuevo: mediante un filtro de resonancia molecular que permite separar y clasificar las ondas por nivel de frecuencias y distribuirlas en armónicas y desarmónicas. Filtros capaces de reconocer la frecuencia (cantidad de periodos oscilatorios en un espacio de tiempo definido), la amplitud y las características específicas de las ondas.

En suma, una vez conocidos los parámetros de las ondas desarmónicas se realiza un proceso de inversión de fase de 180°. La información vibracional se convierte así en una contravibración que neutraliza las ondas patológicas al tiempo que las células en disfunción reciben la información correcta que permiten su recuperación progresiva.

Se trata de un principio muy similar al que se está utilizando, por ejemplo, para eliminar los ruidos en los vehículos. Muchos lectores recordarán que a finales de los años 90 del pasado siglo XX se desarrolló el sistema ANC (Active Noise Control) -Gestión Activa del Ruido- que empezó a incorporarse en vehículos de alta gama. Método que aplica el “antirruido” como interferencia destructiva de los sonidos desagradables. El sistema consiste en superponer al ruido del motor un sonido artificial a través de los altavoces del radiocasete. Las vibraciones del antirruido, por supuesto, deben ser idénticas a las del motor en cuanto a frecuencia y amplitud de onda aunque invertidas en 180º. En suma, ruido + antirruido = silencio. Basta para ello hacer coincidir los valles de onda de una vibración con las crestas de onda de la otra. Se consigue así minimizar el ruido desagradable sin el uso de pesados y costosos materiales aislantes. Siendo suficiente un simple osciloscopio para comprobar si una oscilación y su inversa se neutralizan.

Pero volvamos a la Moraterapia. ¿Cómo funciona? Es simple: el paciente sólo tiene que tomar entre sus manos dos electrodos redondos y colocar ambos pies en otros dos electrodos planos. Y aclaramos que aunque reciben ese nombre no pasa por ellos ningún tipo de corriente. En cambio, sí permiten que las frecuencias vibratorias del paciente sean registradas por el aparato al que se conectan los electrodos y, asimismo, reciban las que emite éste durante el tratamiento. De la misma manera que los impulsos nerviosos son conducidos en un electrocardiograma o un electroencefalograma.

En lo que a su seguridad y eficacia se refiere Erich Rasche sería contundente: “La Moraterapia es una terapia tanto preventiva como curativa que puede utilizarse tanto en casos agudos -por ejemplo en procesos reumáticos como se ha comprobado durante quince años en una clínica especial de enfermedades reumáticas- como en casos crónicos. Y añadiré que el mejor aval técnico de seguridad del aparato es que en Europa existe una reglamentación muy exigente para la comercialización de todo aparato sanitario y ello nos ha obligado a demostrar meridianamente su seguridad y eficacia”.

LAS POSIBILIDADES DE LA MORATERAPIA

¿Y en qué patologías es útil? Pues según sus creadores cualquier desequilibrio orgánico puede en principio ser tratado con Moraterapia... siempre que no exista destrucción del tejido corporal. En todo caso aseguran que ya ha demostrado su eficacia en alergias, intolerancias alimentarias, envenenamiento medioambiental, dolencias cardiacas y circulatorias, enfermedades reumáticas -inflamatorias o degenerativas-, enfermedades orgánicas (asma, bronquitis, gastritis, pancreatitis...), depresión, tratamientos odontológicos, mioartropatías agudas y crónicas, estados agudos y crónicos de dolor (neuralgias, cáncer, dolores nerviosos, epicondilitis...), intoxicación de mercurio por amalgamas, etc.

En cuanto a su funcionamiento, el primer paso a dar es eliminar las perturbaciones que no se correspondan con desequilibrios orgánicos ya arraigados mediante la aplicación de la denominada terapia base. Y hacemos un inciso para aclarar que, según sus inventores, tanto un análisis como la eficacia de un tratamiento pueden verse afectados por perturbaciones instaladas en el organismo que parasiten la circulación de la energía-información, y bloqueen los procesos biológicos. El doctor Dominique Senn, por ejemplo, puso ya de relieve la presencia de perturbaciones en Homeopatía que neutralizan la acción de remedios bien escogidos. Bloqueos energéticos que pueden deberse a:

-Vacunas mal aceptadas por el organismo –recibidas bien durante la infancia, bien siendo adultos- que a veces son causa de patologías crónicas.

-Enfermedades infantiles mal resueltas. Las paperas, por ejemplo, pueden dejar una sintomatología latente sobre las parótidas, la salivación, el páncreas o el sistema genital. Y una escarlatina mal curada puede permanecer presente en agmigdalitis, nefritis, erupciones cutáneas, etc.

-Cicatrices. Normalmente son neutras pero en ocasiones bloquean circuitos energéticos. Es frecuente entre las mujeres que sufren intervenciones en el abdomen y se bloquea lo que la Medicina Tradicional China conoce como vaso concepción pudiendo afectar además a circuitos energéticos tan importantes como los meridianos del hígado, el estómago o el riñón. Porque aunque la naturaleza trata en tales casos de crear circuitos de compensación no por ello dejan de producirse a veces serias disfunciones. Pues bien, con un aparato Mora se puede constatar si existen esas perturbaciones y reprogramar energéticamente de nuevo las células de la zona interesada favoreciendo la vascularización y la restitución del colágeno para la formación de nuevas fibras musculares. Un resultado que también puede obtenerse con Acupuntura si bien tras varias sesiones largas y repetidas. Y con Terapia Neural mediante anestésicos locales.

Cabe agregar que al igual que una cicatriz las perturbaciones las puede provocar una verruga, un absceso, etc. Y liberar todos esos bloqueos constituye, cuando existen, una tarea preliminar indispensable antes de profundizar en el estado físico del paciente lo que se consigue tras las mediciones adecuadas y las correspondientes oscilaciones inversas.
El proceso continúa luego con el análisis de frecuencias de otros posibles focos desequilibrantes. Es el caso de:

-Los dientes. La dentadura oculta frecuentemente focos permanentes de infección que manifiestan distintas disfunciones orgánicas y el aparato las puede detectar. Esencialmente permite explorar las aleaciones presentes en la mandíbula -a menudo colocadas en períodos diferentes y por distintos profesionales- cuyos metales presentan incompatibilidades. En tales casos las consecuencias pueden ser de orden menor pero molestas como insomnio, jaqueca, zumbidos... o mucho más serias como la absorción orgánica de metales como el mercurio, altamente venenoso. Desequilibrios todos ellos que dejan su rastro electromagnético en los medidores de frecuencias.

-La sangre. Al igual que toda sustancia viva la sangre gira –de forma levógira o dextrógira- pudiéndose detectar si lo hace en un sentido u otro mediante un aparato de reflexión óptica concebido a tal efecto así como con el Mora. Normalmente en la sangre el giro es dextrógiro -como en la saliva y en los alimentos sanos- a diferencia de las sustancias y alimentos tóxicos cuyo giro es levógiro. Ahora bien, a veces la sangre -normalmente dextrógira como decimos- puede en determinadas condiciones volverse levógira -es decir, girar hacia la izquierda-. Y ello es prueba de la existencia de alguna perturbación profunda. Alteración del sentido rotatorio que puede proceder:

a) De una fuerte acumulación de sustancias tóxicas: vacunas, metales, alcohol, tabaco, productos químicos, alimentos, píldoras...
b) De alguna influencia geopatógena. Es decir, vinculada con el lugar donde se habita o resultar de la exposición a radiaciones: pantallas de ordenador, proximidad a líneas de alta tensión, trabajos en un centro nuclear o -más simple y mucho más frecuente- debido a campos electromagnéticos domésticos.

Pues bien, con el dispositivo Mora se puede devolver a la sangre su giro dextrógiro tras un tratamiento, obvia señal de una mejoría de fondo.

Hay que añadir que el dispositivo Mora permite tanto el examen de la sangre como de cualquier otra sustancia. Basta con colocarla en un pequeño recipiente dentro de un circuito del que forma parte el paciente para que los indicadores del aparato, a través de la resonancia electromagnética, permitan conocer si un producto es causa de desequilibrio patológico.

Finalmente, tras el examen de la circulación energética, de las secuelas patológicas heredadas de un pasado más o menos lejano y del proceso de eliminación de todo factor patógeno que produzca bloqueos llega el momento de adoptar la terapia adecuada a cada caso que permita reprogramar la información celular y remediar los desórdenes detectados.

CROMOTERAPIA Y HOMEOPATÍA ELECTRÓNICAS

Debe saberse que entre las posibles aplicaciones terapéuticas de la Moraterapia destacan, además de otras más conocidas, la Electroacupuntura, la Cromoterapia y la Homeopatía Electrónica. Hoy se sabe que los colores son fuentes energéticas y, consecuentemente, sus vibraciones son capaces de afectar a nuestro organismo. Se encuentran en un área de vibración que va desde los 380 nm hasta los 780 nm. De hecho, ya la sabiduría popular distinguió hace tiempo entre colores calientes y fríos. Y su utilidad es conocida. Pues bien, la moderna tecnología que incorpora el aparato Mora convierte las frecuencias de los colores en oscilaciones electromagnéticas de frecuencias mucho más bajas que son transmitidas por los cables y conductores facilitando la penetración de la información en las capas profundas de la piel y en los órganos. Y como el resto de informaciones que circulan por el aparato pueden aplicarse en distintos puntos de la red energética a través de los puntos de acupuntura y los meridianos. La acción es muy rápida y la dosificación de las frecuencias fácil.

Las vibraciones de luces cromáticas poseen la misma naturaleza electromagnética y pueden almacenarse de la misma forma que los medicamentos. Y no se necesita ningún otro aparato-hardware que un interface-módulo acumulador de informaciones electromagnéticas en formato digital en conexión con el aparato Mora así como un software apropiado para después trasladarlo al organismo de forma analógica.

El caso de la Homeopatía Electrónica es muy similar. Ya en el siglo pasado el doctor Reinholl Voll descubrió que los medicamentos podían ser testados al entrar simplemente en contacto con el paciente. El método se fue mejorando y en 1958 el doctor Morell comprobó que el efecto de los medicamentos actuaba a través de un cristal si se aumentaba su potencia demostrando que no es necesaria la presencia física de la sustancia original. La radiación y el efecto no dependen pues de ella sino del proceso de potenciación (dilución y dinamización). Tales son los principios de la Homeopatía. Con posterioridad el doctor Cramer concluyó que la radiación procedente de los medicamentos era de naturaleza electromagnética -similar a la de las ondas de radio- ya que podía ser capturada y transmitida a cierta distancia por los conductores adecuados. Morell dedujo entonces que debía ser posible capturar las oscilaciones del medicamento, modular con él una frecuencia portadora, amplificarla, remodularla y sólo entonces devolverla al circuito del que el paciente forma parte. Siendo en 1975 cuando Erich Rasche materializaría esa teoría en un novedoso dispositivo electrónico demostrando que los medicamentos -tanto los homeopáticos como los alópatas- tienen e irradian oscilaciones electromagnéticas. El propio Rasche nos ponía un ejemplo para un mejor entendimiento: “Sabemos –nos dijo-que la clorofila es la ATP de la planta. Pues bien, si cogemos clorofila, almacenamos su información electromagnética en los aparatos Mora, la ampliamos y la almacenamos en agua y a continuación preparamos dos cultivos y los regamos, uno con agua normal y el otro con el agua que contiene la memoria electrónica de la clorofila, haciéndolo cada día a la misma hora y bajo las mismas condiciones de luz y temperatura, constataremos al cabo de una semana la clara diferencia de crecimiento entre la planta regada con agua corriente y la que contenía la información de la clorofila”.

Eso sí, la gran diferencia entre medicamentos alopáticos y homeopáticos es que los homeopáticos desarrollan procesos bioquímicos a través de su radiación electromagnética pero con carácter secundario. Y sus oscilaciones electromagnéticas como portadoras de información tienen una importancia superior a los meros procesos bioquímicos. Se puede medir el espectro de frecuencia de un remedio homeopático y ver cómo su mensaje electromagnético se modifica cuando se cambia la dilución de este remedio. Es más, cuando un producto homeopático es beneficioso para un organismo la medida del punto de acupuntura que aparecía descompensada se normaliza tras su aplicación por un fenómeno de resonancia. Y cuánto más coincidan las vibraciones del cuerpo y el medicamento más se cancelarán la una a la otra. El software del aparato permite así al terapeuta valorar con precisión varios remedios homeopáticos y elegir la mejor dilución. En casos más complejos el remedio podrá ser buscado “en ciego” por barrido del detector sobre grupos de remedios almacenados digitalmente en soporte informático a través del interface.

Terminamos explicando que la Moraterapia tiene muchas más posibilidades y combinaciones con otras terapias y dispositivos energéticos. Y es que el mundo del lenguaje electromagnético de nuestras células no ha hecho sino abrir sus puertas a médicos, investigadores y terapeutas.

 

Francisco San Martín
 



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