El Tribunal Supremo avala que un padre se niegue a medicar a su hijo autista

El Tribunal Supremo ha corroborado la sentencia emitida hace un año por el Tribunal Superior de Justicia de Aragón que condenó a la Administración pública aragonesa por la exclusión educativa de un joven autista con discapacidad severa. Y es que a R. A. P. -que ahora tiene 21 años- no se le dejó estudiar durante más de dos en el instituto de enseñanza al que iba porque sus padres se negaron a someterle a un tratamiento farmacológico con neurolépticos y/o antipsicóticos, algo que la administración aragonesa consideraba una imprescindible “garantía psiquiátrica”. Una decisión del padre tan inteligente y valiente como sorprendente porque es ¡psiquiatra! La sentencia reconoce que la medicación forzada de discapacitados mentales severos y autistas no es legal porque los fármacos que se usan provocan reacciones adversas graves y vulneran su derecho a la educación ya que les deja “fuera de juego”. En este caso además se intentaba medicar al niño sin el consentimiento informado de los padres cuando su progenitor es psiquiatra y sabe que los fármacos se usan en estos niños más bien como forma cómoda de control. El Supremo ha condenado además a costas a la Administración abriendo la vía para exigir al Gobierno de Aragón daños y perjuicios.

Francisco Almodóvar -del bufete Almodóvar & Jara-, letrado de los demandantes, manifestaría tras la sentencia: “El Supremo viene a corroborar nuestra tesis de que se trata de un grave problema social ya que se está medicando a la fuerza a autistas y otros discapacitados mentales severos con fármacos terapéuticamente discutibles e incluso peligrosos; enfermos que tienen derecho a que la sociedad atienda sus necesidades. En suma, pretender medicarles sin el consentimiento informado de sus padres es un atentado contra su derecho a la integridad física y moral».

El proceso judicial ha terminado pero no las consecuencias de lo acaecido porque el joven, pese a las sentencias favorables, continúa en casa y sin poder asistir a clase ya que en Huesca -donde vive la familia- no hay centros especializados para casos de este tipo y sus padres están jubilados. Lamentable.