Las vitaminas y los omega 3 protegen del alzheimer

Una alimentación rica en vitaminas y ácidos grasos omega 3 reduce el riesgo de sufrir alzheimer. En cambio ingerir grasas trans reduce el volumen cerebral y hace perder la memoria. Así acaba de revelarlo un nuevo trabajo publicado en Neurology -órgano de la Academia Americana de Neurología– tras analizar a 104 personas con una edad media de 87 años y pocos factores de riesgo de padecer problemas cognitivos tras hacérseles análisis de sangre, test de de memoria y habilidades cognitivas y resonancias magnéticas.
Los ácidos grasos trans se forman en el proceso de hidrogenación de las grasas al solidificarlas para poder agregarlas a diferentes alimentos. Se encuentran pues principalmente en la margarina, la bollería industrial, los fritos, los pasteles y de forma natural -en pequeñas cantidades- en la leche y en la grasa corporal de los rumiantes. Y se sabe que aumentan la concentración de lipoproteínas de baja densidad (LDL) disminuyendo las de alta densidad (HDL) e interfieren en la síntesis de los omega 3 y en el equilibrio de las prostaglandinas aumentando el riesgo de sufrir sobrepeso, obesidad, problemas cardiovasculares y hepáticos e, incluso, cáncer. Es más, un consumo elevado o mantenido puede provocar resistencia a la insulina -y a la larga diabetes tipo II- y reducir la capacidad de respuesta del sistema inmunitario.
Los ácidos grasos insaturados naturales de los aceites vegetales tienen una estructura bioquímica cis –es decir, los dos átomos de hidrógeno de cada doble enlace están en el mismo lado- pero los procesos de hidrogenación parcial a los que se les somete acaban provocando que esa configuración cambie a trans (uno de los átomos de hidrógeno de cada doble enlace pasa al lado opuesto). Un pequeño pero significativo cambio bioquímico porque impide que tales grasas puedan ser correctamente metabolizadas lo que anula el beneficio de su condición de insaturadas.
Ya en 1994 expertos de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) habían constatado que quienes consumen de forma habitual grasas parcialmente hidrogenadas –y, por tanto, ricas en ácidos grasos trans– tenían casi el doble de posibilidades de sufrir un infarto que las que no las consumían. Y más recientemente el profesor Dariusn Mozaffarian –epidemiólogo de la mencionada universidad estadounidense- revelaba en un artículo publicado en The New England Journal of Medicine que incluso la ingesta de apenas un 2% de grasas trans al día incrementa de forma considerable el riesgo de cardiopatías.
Asimismo se ha comprobado que aumentan la concentración en sangre de la proteína C reactiva, indicador de inflamación y disfunción celular en el organismo que también se vincula a cardiopatías y afecciones de los vasos sanguíneos.