¿Se deben los infartos de miocardio a la obstrucción de las arterias?

por José Antonio Campoy

Los médicos aseguran desde mediados del pasado siglo XX que los infartos cardiacos los provoca una súbita falta de sangre en el corazón a causa de la obstrucción -por un coágulo o trombo- de alguna de las arterias coronarias que lo irrigan necrosando el tejido que muere por falta de oxígeno si el problema se prolonga. Y la sociedad lo ha asumido en el convencimiento de que todos los médicos están de acuerdo en ello. Sin embargo no es así: hay médicos –cardiólogos incluidos- que lo niegan, que aseguran que los bloqueos arteriales son consecuencia y no causa del infarto agudo de miocardio. Que los infartos -y gran parte de los problemas cardiovasculares- los provoca la acidificación del organismo y el subsecuente deterioro de las arterias que, al necrosarse, pueden terminar infartando. De ahí que aseguren que para prevenir un infarto lo que hay que hacer es restablecer el equilibrio del pH –en todo el organismo y, por ende, en el músculo cardíaco- ya que ello impediría el daño tisular. Algo que se consigue desintoxicando y desacidificando el cuerpo así como tomando de forma regular -a modo de preventivo cuando el estado de salud no es bueno- cardiotónicos a dosis bajas; especialmente un producto de origen natural, la estrofantina. Se da asimismo por cierto que la obstrucción de una arteria no se produce si no hay en ella un estrechamiento y endurecimiento de sus paredes –a eso se llama arterosclerosis- y que ello se produce a causa de un exceso en sangre de grasa -y, por ende, de colesterol- pues ello termina llevando a la formación -junto a otras sustancias- de placas que se acumulan en las paredes obstruyéndolas parcialmente y reduciendo el flujo sanguíneo lo que provoca un déficit de nutrientes y oxígeno en las células dañándose esa zona. Alegándose que cuando el daño es notable se produce dolor y se dice entonces que se sufre una angina de pecho y si el problema se mantiene demasiado tiempo el tejido del miocardio se necrosa pudiendo desprenderse parte o formarse un coágulo que bloquee por completo la arteria dando lugar a lo que conocemos como infarto agudo de miocardio. De ahí que asumida la explicación el debate entre los cardiólogos se centrase sólo en cómo evitar que se formen las placas de ateroma y en cómo deshacerse de ellas una vez formadas. Pero si eso es así,  ¿por qué no infartan también las arterias que alimentan a otros órganos que también desarrollan placas en sus paredes? Y, sobre todo, ¿cómo se explica que la mayor parte de los pacientes que mueren a causa de un infarto de miocardio no tengan sus arterias coronarias obstruidas si la autopsia se hace apenas una hora después pero éstas sí aparezcan obstruidas si la autopsia se hace una vez transcurridas ya varias horas? Porque este simple  hecho parece indicar que los bloqueos arteriales serían consecuencia del infarto y no su causa. Es más, desde 1980 se sabe que en el corazón existe una red vías colaterales capaz de suministrarle sangre en situaciones de bloqueo arterial. Luego es difícil de aceptar que sea una isquemia la que colapsa el corazón. Es más, los cardiólogos siguen sosteniendo que el estrechamiento de las arterias se debe al exceso en sangre de grasa y colesterol pero tal afirmación no se sustenta en realidad en evidencia científica alguna. Y por tanto la afirmación de que bajar los niveles de colesterol en sangre ayuda a prevenir los infartos y otros problemas cardiovasculares es una afirmación no solo gratuita sino probablemente falsa. Luego tomar estatinas –que además son iatrogénicas- no se justifica. E ingerir todos esos productos que dicen “ayudan a bajar el colesterol” tampoco. Aunque muchos personajes populares presten lamentablemente su imagen –a cambio de dinero por supuesto- para mantener esa afirmación jamás demostrada. Claro que hoy la industria alimentaria se ha puesto desde un punto de vista ético a nivel similar al de la industria farmacéutica y los alimentos empiezan a ser tan peligrosos como los fármacos. Y sus responsables de publicidad  y marketing igual de manipuladores y mentirosos. Invitamos al lector a leer en este mismo número el reportaje que con el título ¿Es realmente la obstrucción coronaria la principal causa de los infartos? ha escrito nuestro compañero Antonio Muro. Le abrirá los ojos. Como se los abrirá leer el artículo que él mismo publica con el título La osteoporosis podría deberse a un déficit de manganeso y no de calcio, planteamiento que tiene indignadas a las compañías lácteas porque desmonta su estrategia de hacer creer que la leche y sus derivados protegen de la osteoporosis cuando es falso. Y es que ya hemos dicho muchas veces que la Medicina está plagada de falsedades y mitos que se han convertido en verdades… a golpe de talonario.