El azúcar no endulza la vida

por José Antonio Campoy

Lo denuncié hace años cuando escribí La Dieta Definitiva -obra cuyo objeto inicial fue enseñar a adelgazar rápidamente sin pasar hambre, sin contar calorías, sin pesar la comida y sin tomar fármacos que puede seguirse sin riesgo alguno para la salud y que además es idónea para afrontar cualquier patología- y lamentablemente debo reiterarlo tanto tiempo después: el consumo de azúcar es aún absolutamente exagerado e injustificado. Es inconcebible que se siga agregando a todo tipo de productos alimenticios: batidos, bebidas, bollería, conservas, confituras, chicles, chocolates, chuches, dulces, embutidos, flanes, helados, licores, mermeladas, natillas, pan, pasteles, quesos, salsas, tartas, yogures, zumos… De hecho en las últimas décadas su consumo se ha multiplicado por quince. Y no se justifica porque la sacarosa o azúcar de mesa no aporta nutriente alguno, sólo calorías vacías por lo que quien afirma que es imprescindible porque el ser humano lo necesita como combustible para vivir o es un ignorante o miente. El ser humano lo que necesita es glucosa y ésta se obtiene sin problemas con la alimentación merced sobre todo a los glúcidos o hidratos de carbono; especialmente de los cereales, frutas, legumbres, hortalizas, pastas y vegetales. Con la ventaja de que éstos poseen además otros numerosos oligoelementos -minerales, vitaminas, enzimas, proteínas, etc.- que son metabolizados fácilmente por el organismo convirtiéndolos en glucosa. Es más, el consumo de azúcar puede ser perjudicial. Tanto si se trata de azúcar refinado blanco como de azúcar moreno o rubio. Son numerosos los estudios que indican que una ingesta excesiva puede provocar -entre otros problemas- la desmineralización del organismo -con su consiguiente acidificación-, un fuerte déficit de vitaminas B -sobre de B1, B2 y B3-,inflamación hepática y renal, aumento del nivel de insulina en sangre así como de hormonas corticoadrenales, sobrepeso, obesidad, diabetes, problemas cardiovasculares y hasta menor densidad de los huesos en los niños durante la crucial etapa del crecimiento. El Instituto Patológico de la Academia de Medicina de Osaka (Japón) investigó durante 10 años con conejos jóvenes a los que añadió en su alimentación una cierta cantidad de azúcar constatando que a los cinco meses su sistema óseo se veía afectado por fracturas espontáneas y los huesos se doblaban estando tan débiles que podían cortarse con un simple cuchillo. Los padres deberían ser conscientes pues de ello y controlar el consumo de productos azucarados de sus hijos. Especialmente porque el azúcar puede afectar negativamente a su comportamiento ya que se ha constatado que puede provocar fatiga, falta de memoria, miedo, pesimismo, nerviosismo, introversión, sueño prolongado, emociones incontroladas y falta de concentración. El azúcar es en suma una sustancia acidificante, carente de elementos vitales y, por tanto, innecesaria. Uno puede permitirse el capricho de consumirla ocasionalmente si su salud es buena pero debe eliminarla por completo en caso contrario. Se trata además de un glúcido de liberación rápida que puede llevar al sobrepeso rápidamente. Existen en cambio otros azúcares y edulcorantes que no sólo no provocan esos problemas sino que producen beneficios constatados para la salud. Es el caso del xilitol del que nos ocupamos en este número; numerosos estudios científicos certifican que su ingesta no sólo regenera el esmalte al promover la remineralización dental sino que tiene la propiedad de bloquear la adherencia de las bacterias a los tejidos sanos impidiendo así la aparición de caries. Asimismo previene las infecciones periodontales, las de las fosas nasales y parasanales y las otitis siendo además eficaz ante muchas bacterias resistentes a los antibióticos; sin olvidar que impide la proliferación del hongo candida albicans.Y por si fuera poco ayuda a prevenir la osteoporosis. Aunque lo más llamativo es que si bien tiene el mismo valor energético que la sacarosa el cuerpo no precisa de insulina para metabolizarla, algo vital para las personas con sobrepeso y obesidad así como para las diabéticas. Y no es el único producto que podría sustituir al azúcar: hay otros. Vamos pues a hablar de ellos próximamente para dar a conocer –o actualizar- los someros conocimientos que de ellos tiene la sociedad en general. Porque es intolerable que nuestras autoridades sanitarias sigan consintiendo que se agregue azúcar –y todo tipo de sustancias químicas tóxicas habría que añadir- a tantos productos de consumo diario. ¡Es hora de exigir que se acabe con este sinsentido!