Vulneración del derecho a la vida

El drama que en estos momentos están viviendo varios centenares de españoles que gritan que ellos o sus familiares pueden perder la vida si no se les proporciona Bio-Bac no parece importar en absoluto a la Ministra de Sanidad y Consumo, Ana Pastor, al resto del Gobierno -que está informado de lo que pasa porque todos sus miembros reciben esta revista-, a la oposición -porque también su gente está muy involucrada en este caso- y a muchos medios de comunicación -en este caso, unos para no arriesgarse a perder la publicidad de la industria farmacéutica y otros porque los topos infiltrados de las multinacionales controlan en ellos desde hace años la información sanitaria-. A todos ellos -empieza a haber notables excepciones- les da igual que por primera vez en la historia de España un amplio grupo de pacientes se haya unido para manifestarse en la calle -lo han hecho ya ante el Ministerio de Sanidad y Consumo dos veces y otra ante el juzgado de El Escorial que lleva el caso- y acudir juntos a los tribunales para exigir que se les proporcione el medicamento que les han quitado por entender que su salud e, incluso, su vida corre peligro. Es más, les da igual que varios consumidores de Bio-Bac hayan muerto ya por ello. Como les da igual que entre quienes han exigido que se levante de inmediato el embargo de ese producto esté un ex Ministro de Sanidad de la categoría de Enrique de Sánchez de León -quien tras conocer el asunto a fondo incluso ha asumido la defensa de Chacón Farmacéutica y de su máximo responsable, Rafael Chacón-, un ex Secretario de Estado de Sanidad y cardiólogo de prestigio como Luis Sánchez Harguindey, la Defensora del Paciente de la Comunidad de Madrid y ex Defensora del Pueblo, Margarita Retuerto, o el -hasta hace unos meses- magistrado del Tribunal Constitucional y prestigioso jurista Fernando Garrido Falla. Y todo ello a pesar de saber que el producto es completamente inocuo -es decir, que no puede hacer daño a nadie- como en su día reconoció la propia ministra de Sanidad. Porque lo importante, como se les ha dejado bien claro a los periodistas, no es eso: lo importante es que no ha sido “autorizado”; bueno, eso hasta hace unas semanas. Lo importante ahora según el Ministerio de Sanidad es que no puede liberarse porque está deficientemente fabricado. Y además porque Fernando García Alonso, director de la Agencia del Medicamento, asegura que el Bio-Bac “carece de eficacia terapéutica”. Unas afirmaciones que avala -dicen- un informe que ha realizado la agencia. Bueno, pues resulta que vuelven a mentir. El citado informe -que obra en nuestro poder- no dice nada de eso. Lo que dice es que se han encontrado hongos -y está por constatar con contraanálisis independientes- en unos viales inyectables (de los que se fabricaron 180 unidades) pero nada en las decenas de miles de frascos de Bio-Bac oral incautados. Y también se dice que no se han valorado los ensayos preclínicos y clínicos -que demuestran la inocuidad y la eficacia terapéutica- que obran en su poder porque el actual producto que contienen los frascos de Bio-Bac es distinto al de aquel con el que se hicieron los ensayos. Una afirmación que basan en que “el proceso de fabricación” varió. Lo que resulta que, según sus fabricantes, también es pura mentira. La verdad es que Bio-Bac, SÍ TIENE PROPIEDADES TERAPÉUTICAS DEMOSTRADAS. Lo certifican mas allá de toda duda los documentos entregados en el Ministerio de Sanidad y en los juzgados así como los incautados por la Guardia Civil. Por eso el Ministerio de Sanidad se niega a dar una valoración de ellos: porque DEMUESTRAN CIENTÍFICAMENTE, DE FORMA FEHACIENTE E IRREFUTABLE, QUE EL BIO-BAC, ADEMÁS DE SER INOCUO, DE CARECER DE TOXICIDAD, ACTÚA POSITIVAMENTE EN CASOS DE CÁNCER, SIDA, HEPATITIS C Y ARTROSIS. Documentos que cuentan con todas las garantías y exigencias científicas tanto de la normativa española como europea. ¿Como es posible que se silencie todo esto? ¿Cómo puede haber una ministra tan incompetente en un cargo de tamaña responsabilidad? ¿Y cómo no se ha procesado ya a quienes están jugando impunemente con la salud y la vida de decenas de millones de personas? Porque son millones en todo el planeta quienes padecen las enfermedades mencionadas. Y entre ellas podemos estar todos en el futuro. Estamos hablando ya de un posible delito de lesa humanidad.

José Antonio Campoy