¡Ninguna vacuna es obligatoria!

por José Antonio Campoy

Llevamos años repitiéndolo: ninguna vacuna es obligatoria; ni siquiera las que figuran en el llamado “calendario común de vacunación” que algunos intentan imponer año tras año a los padres amedrentándoles con la falacia de que “más  peligroso que vacunar es no vacunar“. Hace apenas dos meses dedicamos ya el editorial a este asunto y si volvemos a hacerlo es porque la campaña de presión -encabezada por la OMS y UNICEF- arrecia ante la creciente oposición a ello por parte de una ciudadanía cada vez mejor informada. Aun así son muchos los padres que acceden por ignorancia temiendo que si no vacunan a sus hijos éstos puedan contraer enfermedades graves cuando no es así: la mayor parte de las “enfermedades” de las que se supone inmunizan las vacunas son leves y encima se superan en muy buena parte -así lo descubrió hace más de 80 años el médico francés Auguste Neveu- tomando simplemente un producto inocuo como el cloruro de magnesio; según constataría éste basta ingerirlo entre 24-48 horas para resolver multitud de cuadros infecciosos: resfriado común, ronquera, faringitis, amigdalitis, difteria, paperas, parotiditis, bronquitis, neumonías, bronconeumonías, tuberculosis, asma, enfisema pulmonar, gastroenteritis, enteritis, abscesos, forunculosis, eczema, gripe, sarampión, rubeola, escarlatina, tosferina, fiebre del heno, coriza espasmódica, fiebre puerperal, meningitis, tétanos, toxicosis, neurotoxicosis, erisipela, panadizo, diarrea verde epidémica del lactante, osteomielitis y hasta ¡poliomielitis! Siempre que se ingiera en cuanto aparezcan los primeros síntomas. Luego, ¿por qué no se trató de manera tan sencilla al niño que hace escasas semanas murió en Olot y se achacó a la difteria y no al absurdo tratamiento médico aplicado? ¿Por qué tratamiento tan simple no es cuando menos investigado por el ministerio cuando apenas hacen falta recursos materiales, personales y económicos para ello? ¿Cómo es posible tamaña dejadez? Sugerimos al lector que lea el reportaje que dedicamos a ello en este mismo número. Y que lea asimismo el dedicado específicamente a las vacunas en el que desvelamos hechos suficientemente llamativos como el de que según los propios Centros para el Control de las Enfermedades (CDC) de Estados Unidos cuando se produjo en Disneylandia un brote de sarampión que llevó a contraer la enfermedad a 110 personas resultó que 62 de ellas estaban vacunadas contra la enfermedad y 48 no: luego se infectaron más personas vacunadas que no vacunadas. Es más, en él se recuerda que el Tribunal Supremo de Estados Unidos ha reconocido que “las vacunas son inevitablemente inseguras lo que implica el reconocimiento expreso de que muchos niños sanos a los que se vacuna van a ser inevitablemente dañados; “daños colaterales” que se pide a los padres asuman “en beneficio de la sociedad en general”, algo que en muchos países les imponen ya sus gobiernos y que los grupos de presión intentan que se haga igualmente en España. En ese reportaje damos cuenta asimismo de la Carta Abierta que la Dra. Tetyana Obukhanych, inmunóloga formada en Harvard, dirigió a los miembros del Senado de California tras aprobar éste una ley para que las vacunas sean obligatorias -entrará en vigor el 1 de julio de 2016- afirmando en ella que la mayoría de las vacunas previenen los síntomas pero no el contagio y que es falso que los efectos secundarios graves sean “raros” sino más numerosos de lo admitido. Además recuerda la llamada “paradoja del sarampión” que describe el inusitado hecho de que esta enfermedad aparece sobre todo en las poblaciones cuyos habitantes han sido vacunados. Lo constataron entre otros Poland y Jacobson en un trabajo publicado en 1994 dando cuenta de que en poblaciones de Canadá y China en las que se había vacunado a entre un 95% y un 99% ¡hubo brotes de sarampión! En este mismo número contamos que la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) -entidad que integra a 12 sociedades científicas-se pronunció públicamente contra la decisión del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y el Consejo Interterritorial de Salud de incluir la vacuna de la varicela en el calendario de vacunación infantil a partir de 2016 alegando que “no se basa en criterios científicos” y que “las pruebas científicas sobre su efectividad para evitar consecuencias graves a largo plazo son muy limitadas” sin que se haya hecho el más mínimo caso. Los representantes de SESPAS denunciaron incluso algo bien conocido por nuestros lectores: que en el ámbito de las vacunas las presiones de los grupos de interés son ya excesivas. Terminamos adelantando que en el próximo número daremos cuenta de una aseveración sorprendente del doctor en Bioinformática de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Giessen (Alemania), Heinz Uwe Hobohm, según el cual las vacunas, los antipiréticos y el abuso de antibióticos pueden estar detrás de la expansión del cáncer, cuestión sobre la que hablaremos detalladamente dando cuenta de la conversación que mantuvimos con él. Y ahora piénseselo bien antes de poner en riesgo la salud y la vida de sus hijos.