Devuelven la movilidad a tres tetrapléjicos sin intervenir quirúrgicamente

por José Antonio Campoy

La investigadora española Almudena Ramón Cueto demostró hace ya más de cuatro años que la afirmación de los neurólogos de que una médula espinal gravemente dañada no puede repararse o regenerarse y por tanto los parapléjicos -personas con la parte inferior del cuerpo paralizada y carente de funcionalidad- y tetrapléjicos –con parálisis total o parcial en brazos y piernas- no podrán jamás recuperarse es incorrecta: sí es posible regenerarla. Quizás no en todos los casos pero sí en muchos. Lo demostró en ratas y primates. Y lo hizo inyectando en la médula espinal dañada células adultas de la glía envolvente de su propio bulbo olfatorio tras reproducirlas in vitro; células adultas, no células madre, y por tanto sin riesgo de provocar tumores. Y al ser autólogas -es decir, extraídas del propio receptor- sin riesgo de rechazo. En suma, una terapia inocua que bien aplicada carece de peligro alguno. Hablamos en suma de un descubrimiento que debió haberla llevado a la inmediata nominación al Premio Nobel pero en lugar de eso lo que se encontró en su propio país fueron feroces críticas. En el extranjero en cambio otros investigadores se tomaron su trabajo muy en serio. Y en 2014 el neurólogo británico Geoffrey Raisman trataría de la forma descrita por ella a un bombero polaco de 40 años llamado Darek Fidyka cuya médula espinal resultó seccionada dejándole paralizado de cintura para abajo consiguiendo que pudiera ponerse en pie y volviera a caminar con ayuda de un andador. Lo dimos a conocer en el artículo que con el título ¡Una persona con lesión medular completa logra andar! publicamos en el nº 177. Pues bien, ante el nulo interés demostrado por nuestras autoridades sanitarias -que se negaron a seguir financiando su trabajo- Almudena Ramón Cueto se vio obligada a obtener fondos privados logrando así constituir un organismo de investigación propio -el Centro de Innovación Médica en Regeneración Medular (CIMERM)– en el que hoy dirige un equipo multidisciplinar que ha logrado un nuevo hito: lograr que tres tetrapléjicos -uno inmovilizado desde hace 12 años, un niño con cuatro años y medio de tetraplejía completa y una paciente con diez meses de lesión medular- hayan recuperado distintos grados de movilidad y sensibilidad ¡sin intervención quirúrgica alguna! Y con sólo unos meses de tratamiento no invasivo. Algo considerado imposible hasta ahora por los médicos. Y lo ha logrado solo con una terapia integral de recuperación y regeneración demostrando más allá de cualquier duda que funciona tras entender y asumir que en la mayoría de los casos hay en los enfermos algunos nervios que siguen conectados aunque no activos. Y lo que ha logrado es pues activarlos y ayudar al organismo a regenerarlos. Los resultados son evidentes e indiscutibles. Y cuando esta primera fase se complete iniciará la segunda fase de la que hablamos hace cuatro años: someter a los pacientes a un trasplante autólogo de células de la glía envolvente del bulbo olfatorio (puede conocer en profundidad cómo leyendo el artículo que con el título Afirman que los nervios dañados de la médula espinal ¡pueden regenerarse! se publicó en el nº 139). Y una vez efectuado el trasplante y dar tiempo al organismo para que se regenere poner en marcha una tercera fase que se centrará en la estabilización de los axones regenerados para conseguir la máxima recuperación de las funciones motoras y sensitivas. Lo explicamos en detalle -por boca de la propia doctora- en el amplio reportaje que aparece en este mismo número. En apenas 2-3 años podremos pues ver los resultados aunque lo obtenido así por el ya citado Geoffrey Raisman permite apostar por el éxito del tratamiento. Será entonces el momento de volver a preguntarse cómo un trabajo tan sensacional e importante ha sido despreciado por los neurólogos españoles y nuestras autoridades sanitarias.