¿Existe siquiera el famoso virus chino?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado reiteradamente en las últimas décadas de posibles pandemias que podían infectar a cientos de millones de personas y acabar con la vida de gran cantidad de ellas inoculando en la sociedad tal terror ante esa posibilidad que la mayoría de los gobiernos del mundo desarrollado se prestaron a entregarla enormes cantidades de dinero ante la presión popular para prevenirlo con vacunas o dotarse de medios para tratar a los enfermos si ello no se lograba. Aterrorizaron a la sociedad con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) -al que se achaca el SIDA-, con malignos priones prácticamente indetectables -lo que llevó a sacrificar millones de vacas-, con el Aphthovirus -al que se achaca la fiebre aftosa-, con el SARS-CoV -coronavirus al que se culpa del Síndrome Respiratorio Agudo Severo-, con el virus H5N1 -presunto responsable de una curiosa «gripe aviar» capaz de contagiar a humanos-, con el virus H1N1 -supuesto causante de la gripe porcina (luego Gripe A) que dicen también puede infectarnos-, con el MERS-CoV –coronavirus al que se achacó el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio-, con el casi indestructible virus del ébola -que no resiste el simple agua oxigenada-, con el virus Zika -transmitido por mosquitos- y ahora con un nuevo coronavirus aparecido en China al que han decidido denominar 2019-nCoV. Y lo único claro de todas esas alertas mundiales es que no hubo nunca ni los millones de infectados ni los cientos de miles de muertes que se vaticinaron. Lo que sí debe haber habido son sonoras carcajadas entre quienes han recibido ya miles de millones de euros que se les han entregado sin que nadie fiscalice luego cómo se los han gastado. Porque ¿quién controla a la OMS? Nadie. En la revista hemos denunciado todo esto desde que apareció en 1999 y ahí están nuestros artículos para demostrarlo. Denuncias que se ignoraron con arrogancia pero que el tiempo ha demostrado ciertas al igual que en otros muchos asuntos. Afortunadamente se ha exprimido ya tanto la estrategia que hoy hay muchas más personas que se han dado cuenta de la verdad y han dejado de creer en la OMS. Sin embargo se obtiene tanto dinero metiendo simplemente miedo a la sociedad que quienes están detrás de todo esto son tan avariciosos que decidieron seguir con su chantaje aunque esta vez han tenido que escenificarlo de forma creíble. Y hay que reconocer que la puesta en escena ha sido casi insuperable. ¡Han conseguido que un gobierno ponga en cuarentena varias ciudades grandes y miles de pueblos y aldeas, han cerrado instituciones, negocios y escuelas, han impuesto el toque de queda, han movilizado a decenas de miles de policías, soldados y profesionales sanitarios y han logrado que millones de personas se pongan mascarillas que en el supuesto de que el virus existiera no evitan el contagio. Y como aún así no les parecieron suficientes infectados y muertos para provocar auténtico terror decidieron sustituir las pruebas de diagnóstico que se utilizaban para «detectar» a los infectados por el nuevo virus -que en realidad no son específicas por lo que carecen de fiabilidad- por simples tomografías de tórax. Se logró así aumentar artificialmente el número de supuestos infectados y muertos porque los debidos a otras causas pasaron a ser considerados de un plumazo víctimas del nuevo coronavirus. ¿Se entiende ahora por qué el 85-90% de los infectados no tiene siquiera síntomas de neumonía? ¿Se entiende por qué ni con tanta manipulación han logrado que las muertes superen el 2,5% de los presuntos infectados? Porque hay numerosas enfermedades en las que el porcentaje de fallecidos es mucho mayor. De hecho se admite que el 75% de los infectados eran personas enfermas o con su sistema inmune previamente comprometido y que el 80% de los muertos de Wuhan tenía más de 60 años. En fin, una vez más navegamos a contracorriente pero debemos denunciar -de nuevo- que ni siquiera está demostrada la existencia del «nuevo coronavirus» -a pesar de que se afirma que China ha proporcionado su ADN-, que aún si existiera no es tan peligroso como se quiere hacer creer, que las pruebas de diagnóstico que se usan no son fiables en absoluto y que no hay tratamiento que haya demostrado ser eficaz. Así que, ¿cómo van a explicar los prebostes de la OMS que al final la supuesta epidemia desaparezca por sí sola? Porque ya verán nuestros lectores cómo en cuanto la OMS consiga sus cientos de millones de euros todo se resuelve. Eso sí, ¡solo hasta su próximo chantaje! Si quiere entenderlo lea en detalle el reportaje que aparece en este número.

 

Jose Antonio Campoy
Director