La farsa de una pandemia que ha llevado a España a la quiebra

Independientemente de que el SARS-CoV-2 al que se achaca la Covid-19 exista o no, de que sea un virus natural cuyo origen es un murciélago o un virus cuyo ARN se modificó en laboratorio y de que se escapara del mismo o fuera expandido a propósito la declaración de pandemia por parte de la otrora independiente Organización Mundial de la Salud (OMS) hoy controlada por un pequeño grupo de multimillonarios “filantrópicos” que dicen financiarla por “altruismo”- es aberrante y delictiva. Se alega de forma gratuita y especulativa que en el mundo hay cientos de millones de personas infectadas que ni siquiera lo saben porque no tienen síntomas de las que dos millones y medio de casos están “confirmados” por los test y ha causado 180.000 muertes, nada menos que 22.000 de ellas en España. Tales eran los datos oficiales en el momento de llevarse este número a la imprenta. El problema es que esas cifras se basan en los test que se realizan para detectar los antígenos, los anticuerpos o los fragmentos genéticos del virus mediante la técnica RT-PCR que las autoridades consideran la más fiable a pesar de que se admite que da “falsos positivos» y “falsos negativos” y de que la propia OMS dice que un resultado positivo no descarta que en realidad la infección pueda deberse a otros virus e incluso a una infección bacteriana. La fiabilidad de los test es pues NULA y sin embargo es con sus resultados con los que se calcula el número de contagiados y muertos. Y tamaña estupidez la han aceptado nuestras sesudas y competentes autoridades políticas y sanitarias, los médicos, los periodistas y la sociedad en su conjunto. ¿Cómo es posible? ¿Por qué nadie se pregunta cómo va a saberse quién está contagiado o ha muerto a causa de ese coronavirus si los test no son fiables? Cualquiera que se haya hecho alguno de ellos puede leer en el informe del laboratorio que dar negativo “no excluye la posibilidad de infección por Covid-19”. Es decir, si da positivo se considera fiable pero si da negativo no. Kafkiano. Que las autoridades y los medios de comunicación hablen pues de infectados o contagiados para referirse a quienes han dado positivo a un test de escasa o nula fiabilidad es una falacia y una intolerable falta de ética. Como igualmente lo es hablar de muertos “por” en lugar de muertos “con”. No pueden achacarse al SARS-CoV-2 todas las muertes de quienes dieron positivo a un test: ni siquiera en el caso de que fueran fiables. Es evidente que la alarma mundial se basa en la convicción de que las cifras de contagiados y muertos son ciertas, creíbles y significativas cuando no es cierto. Y es en esos test y datos en los que se basa la declaración de pandemia. ¿Entonces por qué está muriendo tanta gente?, suponemos se preguntará el lector. Pues bien, si las cifras que se dan no tienen la más mínima credibilidad, ¿por qué se acepta acríticamente que están muriendo muchas más personas que en épocas gripales anteriores? Y si así fuera, ¿por qué nadie tiene en cuenta los muy diversos factores que diferencian lo que está pasando este año con lo acaecido en ocasiones anteriores como explicamos ampliamente en este número? ¿Por qué se anima a la gente si está enferma a acudir al hospital si los médicos no cuentan con ningún tratamiento específico para el SARS-CoV-2 como reconoce la propia OMS? ¿Qué sentido tiene el confinamiento de toda la sociedad cuando se sabe que el 90% de los problemas graves los tienen las personas mayores y enfermas de más de 70 años? ¿Y qué decir de los niños? Se asegura que son inmunes al virus y se les confina en sus casas cerrando guarderías, escuelas y colegios. ¿Qué absurda contradicción es esa? ¿Y por qué casi nadie habla de los estudios científicos que relacionan la pandemia con la instalación de la tecnología 5G? ¿No tienen las autoridades tampoco nada que decir sobre las afirmaciones hechas por investigadores de prestigio internacional de que el presunto coronavirus ha sido creado en laboratorio? En fin, hay infinidad de preguntas no respondidas que planteamos en este número en el que el lector encontrará datos, informes, trabajos y declaraciones que otros ocultan y deberían difundirse. Sobre todo en España porque nuestros gobernantes -con la aquiescencia cómplice de toda la oposición- han llevado a la quiebra al país en solo tres meses.

José Antonio Campoy
Director