La farsa no ha acabado

Se equivoca quien piense que la crisis que vivimos toca a su fin porque las medidas se han relajado al bajar día tras día las cifras de presuntos «contagiados» y «muertos por» el supuesto SARS-CoV-2; disminuyen solo porque las PCR se hacen a menos ciclos y los muertos ya no se contabilizan de la misma manera. Siguen pues tomándonos el pelo. Las mascarillas no eran ya «necesarias» en la calle y ahora no van a serlo en los patios de recreo de las escuelas, ni en el trabajo si se puede mantener una distancia de metro y medio; en cambio los estadios deportivos se llenan ya de hinchas sin tapabocas ni distancia porque no conviene cabrear más a la gente, gran parte de la cual está harta, especialmente la «irresponsable» juventud que desde hace semanas acude en masa sin mascarillas a fiestas, conciertos y botellones. Nuestras «respetables» autoridades son sin embargo más formales y los miembros de los gobiernos y diputados -nacionales y autonómicos-, los senadores y los miembros de la Casa Real siguen yendo con bozales. Deben dar ejemplo por ridículo que resulte llevar unas mascarillas que no protegen -no se ha fabricado jamás una que proteja de virus- y se sepa que el presunto SARS-CoV-2 no se transmite por vía aérea y que incluso si hubiera sido así -que no es el caso- haría falta que en el aire haya la suficiente «carga viral» (cantidad de virus por milímetro cúbico) para poder infectar y eso exige según la OMS que «contagiado» y «contagiador» estén a menos de un metro durante como mínimo un cuarto de hora. Y siempre que no haya una simple ráfaga de aire porque en ese caso la concentración desaparecería. Es pues imposible que alguien se contagie solo por cruzarse con un enfermo -que necesariamente debe tener fiebre y toser y/o estornudar- en un pasillo, una oficina, una escuela, la calle o el campo. Así es si uno se cree el relato oficial pero es que nosotros hemos explicado que ni está demostrada la existencia del SARS-CoV-2, ni ha habido jamás una pandemia vírica, ni las medidas adoptadas tienen sentido sanitario, ni las mascarillas sirven para algo más que para enfermar por su culpa, ni la distancia social tiene el más mínimo sentido. ¿Y qué decir ya de las llamadas «vacunas Covid» que ni son vacunas, ni son seguras, ni son eficaces. Son fármacos experimentales peligrosos que se han inoculado sin testar, sin la preceptiva prescripción médica individualizada, sin informar adecuadamente a quienes se las inoculan y sin que hayan firmado -como es obligatorio- el consentimiento informado. De hecho se han cometido tantas irregularidades e ilegalidades que si viviéramos en un estado de derecho nuestras autoridades y los sanitarios que se prestaron a estas vergonzantes actuaciones habrían sido ya procesados. Además ha sido posible porque en España el Gobierno decretó el 14 de marzo de 2020 un primer estado de alarma inconstitucional -nuestro Tribunal Constitucional así lo ha sentenciado- y por tanto son ilegales e inválidas todas las medidas adoptadas bajo su amparo. De hecho se han anulado todos los expedientes, sanciones y multas impuestas estando el estado obligado a devolver el dinero a quienes las abonaron, tarea ingente porque durante el primer estado de alarma -del 14 de marzo al 21 de junio- se impusieron 1.142.127. Se trata de un “marrón” del que los grandes medios de comunicación han hablado solo de forma tangencial cuando lo cierto es que los tribunales probablemente se llenen de demandas multimillonarias. Y es que son ilegales todas las actuaciones abiertas contra los ciudadanos por saltarse el confinamiento o no llevar mascarilla pero lo son igualmente los cierres de establecimientos y eso puede provocar tal cantidad de reclamaciones por las empresas afectadas que España puede encontrarse con un grave problema económico. Por otra parte, si las actuaciones del gobierno fueron ilegales sus responsables deben pagar por ello; no cabe alegar errores u equivocaciones porque fueron muchos los juristas que advirtieron desde el primer momento que para tomar esas medidas se debía declarar el estado de excepción y no el de alarma. Era tan evidente que la tardanza del Constitucional en pronunciarse es vergonzosa y descalifica a todos sus miembros; de hecho deberían dimitir en masa. En fin, siendo grave lo dicho aún lo es más el hecho de que las muertes y daños causados directamente por las «vacunas Covid» aumentan cada día ¡y hablamos de datos oficiales! Como grave y preocupante es que a pesar de lo que la mayoría pueda creer estamos solo en un impasse porque están previstas nuevas pandemias y vacunas para las supuestas «variantes» del presunto SARS-CoV-2. Luego nos alertarán de que han surgido virus nuevos no menos peligrosos que requerirán sus correspondientes vacunas y a continuación novedosas enfermedades que exigirán utilizar fármacos genómicos. Sé que no se me va a creer pero todo el mundo podrá comprobarlo en los próximos diez-veinte años; bueno, solo los que sobrevivan a esta farsa. Y es que el fin real de todo esto es implantar el Nuevo Orden Mundial mediante el Gran Reinicio o Gran Reseteo.

José Antonio Campoy

Director