La farsa de la Covid-19 ha convertido el mundo en una sociedad de psicóticos

Solo un año después de hacer creer al mundo que existe una pandemia provocada por un peligrosísimo y mortal coronavirus que está matando a gran parte de la población la inmensa mayoría de las personas del planeta se han convertido en psicóticas, en gente que ha perdido por completo el contacto con la realidad. No hablo pues de psicópatas sino de personas que viven en una entelequia, en un mundo imaginario creado virtualmente en el que hay ya comportamientos delirantes que a veces llevan a la agresividad por causa del miedo irracional que se les ha inculcado. Obviamente no son conscientes de ello y no están dispuestos a admitirlo porque el lavado de cerebro ha sido de tal calibre que la posibilidad de desprogramarles es difícil, entre otras cosas porque quienes podrían hacerlo están en su misma situación. Es pues casi inútil que se les intente sacar de su error ya que casi todos reaccionan con ira si se les lleva la contraria. Muchos se han vuelto fanáticos y miran hasta con odio a quienes no aceptan las nuevas verdades establecidas. Y ha bastado para ello meterles un miedo a todas luces irracional utilizando los grandes medios de comunicación, especialmente la televisión, la radio y los vídeos que pululan por las redes sociales ya que hoy día la gran mayoría de la población no lee y la poca que lo hace se centra en los deportes y en el puro cotilleo social. La lectura de textos de rigor y ensayos serios es, más que minoritaria, casi inexistente. Lo mismo que la capacidad para pensar. Se ha acostumbrado a la gente a no reflexionar sobre lo que se le dice y a aceptar como verdades lo que les cuentan las autoridades y los expertos «oficiales» ya que los demás son «herejes» o «personas no creíbles» porque no están «bendecidas» por quienes detentan el poder. No se admiten ya pues ni las verdades más sencillas y éstas las llevamos dando a conocer en la revista desde el principio de esta farsa. Unos meros ejemplos: 1) La existencia del SARS-CoV-2 sigue sin demostrarse a pesar de las gratuitas afirmaciones en tal sentido. 2) Los test de antígenos y anticuerpos que se usan para la Covid-19 no son específicos a pesar de que así se asegure. 3) La PCR no es tampoco específica y además no sirve como método de diagnóstico como se reconoce en el propio prospecto y aun así se utiliza para ello. 4) Los medios de comunicación califican de «contagiados» a los llamados «casos Covid» lo que es una absoluta falacia. 5) Las cifras de «contagiados» y «muertos por» son una farsa porque se están contabilizando como «casos Covid» a enfermos y muertos por otras muchas patologías como hemos denunciado harta aburrir; buena muestra de ello es que la gripe ha «desaparecido» de forma milagrosa sin que nadie ose explicarlo (porque no pueden). 6) Las medidas de aislamiento y confinamiento son inútiles como demuestra la comparación de resultados entre quienes las adoptaron y quienes no lo hicieron. 7) El uso de mascarillas no sirve para nada porque las mejores tienen microfiltros de 200 nanómetros y los virus miden entre 50 y 150 de media; es pues como no llevar nada. Sin embargo es esta medida la más dañina porque es la que más ha contribuido a convertir a los ciudadanos en personas psicóticas, en individuos que viven en una realidad imaginaria, inexistente. Y eso se ha conseguido no explicando lo ya dicho y dos aspectos que los manipuladores de los medios silencian: suponiendo que el coronavirus existiese y fuese contagioso para que una persona se lo pudiera transmitir a otra haría falta que ambas estuviesen juntas hablando sin mascarilla a menos de un metro, durante como mínimo un cuarto de hora y en un espacio cerrado porque se necesita una mínima «carga viral», es decir, suficiente cantidad de virus por centímetro cúbico en el espacio entre ambos y eso es imposible al aire libre porque el viento lo impide. Es pues psicótico -y grotesco- el comportamiento de quienes increpan a quienes no llevan mascarilla solo porque se cruzan con ellos en un supermercado o un ascensor… y no digamos ya si es en una calle o un parque. Por consiguiente entre las personas más psicóticas están nuestros representantes políticos, los sanitarios, los periodistas y, por desgracia, los agentes de la autoridad y los jueces y magistrados. En suma, es el miedo irracional el que ha creado todo esto y no hay a nuestro juicio la más mínima posibilidad de revertir la situación con argumentos racionales. Lo reconocemos aunque no por ello dejaremos de informar mientras podamos.

José Antonio Campoy

Director