Cáncer: la gran farsa

por José Antonio Campoy

En España morirán de cáncer este año cerca de 100.000 personas sólo en hospitales. Impresionante número al que habrá que sumar el de todos aquellos que se envían a morir a casa «cuando ya no hay nada que hacer» y cuyo número siempre se ha ignorado. Es decir, que la cantidad total anual de muertes por cáncer será probablemente muy superior. ¿Cuánto? ¿Un 50% más? ¿El doble? Imposible saberlo. El Ministerio de Sanidad y Consumo no tiene datos. La Asociación Española contra el Cáncer y la Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer tampoco. Los grandes laboratorios de investigación de fármacos para combatir la «enfermedad», mucho menos. No hay datos fiables de nada. El único organismo que tiene datos concretos en España es el Instituto Nacional de Estadística y se refieren sólo a la morbilidad hospitalaria. Es decir, lo único que de verdad se sabe es cuántas personas mueren en los hospitales a causa del cáncer. Los últimos datos hechos públicos son del año 1999 e indican que ese año murieron en ellos 371.102 personas, 94.566 (el 25,48%) a causa de tumores; es decir, de cáncer. Luego una de cada cuatro personas que muere en un hospital español lo hace de cáncer. Una cifra mareante. que, encima, no refleja la realidad porque, ¿cuántas personas enferman en España de cáncer cada año? No se sabe. ¿Cuántas mueren por esa causa? No se sabe. ¿Cuántas fallecen antes de haber transcurrido un año de habérselas descubierto el cáncer? No se sabe. ¿Cuántas sobreviven dos, tres, cuatro, cinco años o más a los tratamientos? No se sabe. ¿Cuál es la eficacia real de los tratamientos, especialmente de los nuevos antitumorales? No se sabe. Pero, bueno, -imagino que se preguntará el lector-, ¿es que no hay estadísticas nacionales sobre el cáncer? Y la respuesta es NO. ¿Y por qué? Pues porque no interesa. Porque contra las frías cifras no se puede hacer nada, no se pueden difundir mentiras interesadas una y otra vez. ¿Quiénes están detrás de este silencio cómplice? ¿Quiénes se benefician de él? ¿Para quiénes está siendo un negocio esta gigantesca sangría humana? ¿Quiénes de ocupan de exigir la exclusiva de la decisión sobre los tratamientos oncológicos y encima, con tan paupérrimos resultados, perseguir con saña a quienes predican tratamientos alternativos a los «oficiales»? ¿Cuántos miles de millones de euros mueve este «sector de negocio»? ¿Quiénes se ocupan de impedir a los médicos -incluso a los propios oncólogos que se rebelan contra este estado de cosas- que puedan ejercer su profesión y tratar a enfermos de cáncer en los hospitales públicos con la excusa de que esa enfermedad debe ser tratada sólo por los «expertos» que utilizan protocolos impuestos? Es indignante que quienes -en éste y otros ámbitos- han demostrado hasta la saciedad su incompetencia y su ignorancia sean quienes, encima, exijan la exclusiva de los tratamientos terapéuticos a aplicar? ¿Hasta cuándo se va a permitir semejante situación? Lo dijimos hace unos meses: ha llegado el momento de hablar. Y no nos vamos a callar. Basta de farsas.