La farsa criminal del cáncer

No vamos a parar hasta que el mensaje penetre en las cerriles mentes de nuestras autoridades sanitarias y representantes públicos así como en las de los médicos, enfermos y periodistas: la quimioterapia y la radioterapia no funcionan. Los tratamientos oncológicos oficialmente bendecidos están llevando a la muerte a 110.000 españoles cada año. Lo venimos denunciando desde hace 18 años pero nadie escucha. No hay un solo quimioterápico en el mundo que logre más allá de una supervivencia extra de dos o tres meses -suponiendo que sea verdad ya que hasta eso es discutible y discutido- ni protocolo que haya demostrado curar un solo caso de cáncer. No existe. Y por consiguiente es vomitivo que las asociaciones oncológicas afirmen que se curan entre el 50 y el 80% en muchos casos. Es rotundamente falso. Como es nauseabundo que el dinero que la gente cree que dona para investigación oncológica a la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) termine siendo utilizado casi en su totalidad en pagar los sueldos de quienes han hecho de pedir dinero una forma de vida. Volvimos a recordarlo hace muy poco: se trata de una entidad privada -no pública- que lleva casi 60 años apoyando las tesis y tratamientos oficiales sobre el cáncer cuya aportación para su curación ha sido NULA y cuenta con una estructura de 120.000 socios, más de 14.000 voluntarios y más de 740 empleados. Por eso requiere tantos fondos: para mantener a cientos de empleados que viven gracias a la solidaridad de personas que no tienen ni idea de en qué se gasta la mayor parte de lo que entregan de buena fe. Y no hablamos de esos miles de voluntarios que actúan en el convencimiento de que su labor está siendo útil a la sociedad pero cuya labor se centra en recaudar dinero. Porque además de las numerosas subvenciones y donaciones que esta entidad recibe –públicas y privadas- y del dinero que aportan los “socios” se trata de una entidad experta en obtener fondos apelando a la solidaridad. No hay ya casi acto público en España en el que no estén presentes pidiendo dinero. Hasta multitud de empresas “colaboran” con ella para poder decir que son “solidarias” en sus anuncios. La verdad sin embargo es que incluso el dinero que se destina a “proyectos de investigación” sirve básicamente para justificarse dando trabajo a amigos y simpatizantes. Lo demuestra que ni uno sólo ha aportado algo de un mínimo interés en la resolución del problema del cáncer. Y todo lo que acabo de decir lo publicamos tal cual hace ahora poco más de dos años sin que nadie haga el más mínimo caso a pesar de lo sencillo que es constatar nuestros datos y aseveraciones. El mes pasado explicamos además que someterse a quimioterapia antes de una operación quirúrgica ¡aumenta el número de células cancerosas que circula por el organismo y por tanto el riesgo de metástasis!, principal causa oncológica de muerte. Y en este mismo número damos a conocer otro hecho que la mayoría de la gente ignora: muchos de los medicamentos contra el cáncer se han aprobado por la denominada “vía rápida” ¡sin haberse constatado nunca su supuesta eficacia! Es más, algunos no son solo ineficaces sino muy tóxicos y han tenido que retirarse tras haber sido tratadas decenas de miles de personas y haberse gastado los estados cientos de millones de euros sin que nadie haya ido a la cárcel por ello. Y es que hoy -en el colmo de la desvergüenza- se aprueban sin tener que demostrar que curan, aumentan el tiempo de supervivencia a 5 años, reducen el tamaño del tumor o mejoran sustancialmente la calidad de vida. Son autorizados con criterios injustificables como la “supervivencia libre de progresión” o el “tiempo sin recurrencia”. En suma, la gente tiene la errónea convicción de que los medicamentos oncológicos que se están hoy estudiando y probando buscan cómo prevenir el cáncer, curar al enfermo o prolongar al menos su vida unos años con buena calidad de vida… pero no es así. De hecho a lo máximo que los laboratorios aspiran hoy es a reducir temporalmente el tamaño de los tumores, a detener un tiempo su crecimiento y a que tarde en volver a aparecer si el tratamiento es tan agresivo que no se logra momentáneamente detectarlo. Luego los resultados que se obtienen con los fármacos oncológicos aprobados son nimios y desde luego no van a curar a los pacientes aunque a menudo se les haga creer así dándoles falsas esperanzas. ¿Tan difícil es de entender? ¿Cómo pueden los enfermos ponerse en manos de los oncólogos teniendo en cuenta todo esto? ¿Cómo pueden tantos acríticos periodistas hacerles el juego? ¿Por qué no actúan ya de oficio nuestros jueces y magistrados? ¿Hasta cuándo va a consentir la sociedad tamaña farsa criminal? Evidentemente no esperamos respuesta.

 

Jose Antonio Campoy
Director