¡Vacunemos al rebaño!

Los nuevos pastores del rebaño humano procederán en breve a «vacunar» a todos sus miembros una vez han comprobado la docilidad con la que han admitido estar enfermos o en peligro de estarlo, ser confinados y llevar bozales. Y es que al igual que se hace cuando se lleva a los borregos al matadero van confiados y hasta alegres porque quienes les llevan hasta él son los mismos que durante años les han alimentado y cuidado. ¿Por qué iba pues alguno a desconfiar? No tienen motivos. Además nunca han pensado por sí mismos; para eso están los pastores. Solo tienen que ser mansos, comportarse como se espera de ellos, comer mucho, disfrutar, juguetear y a cambio permitir solo que de vez en cuando se les esquilme o se les lleve a lugares reservados para los elegidos por ser mejores que los demás. De hecho nunca han visto ningún motivo de preocupación o desconfianza. Es más, ninguno de los que alguna vez salió del rebaño y volvió se quejó de nada a sus compañeros. Es verdad que algunos no volvieron nunca pero quizás se hubiesen ido a otro rebaño en el que seguramente estarán igual de encantados. ¡Qué maravilla de vida sin preocupaciones, sin agobios, sin temores! Así que ¿por qué algún borrego va a tener que desconfiar de los pastores? Es todo idílico y si alguien piensa lo contrario -suponiendo que algún borrego piense- es un «negacionista» de la verdad o un «conspiranoico». ¿Cómo no van a aceptar lo que se les dicte? ¡Los pastores todo lo hacen por su bien! Así que estos, sabedores de ello, ya han tomado su decisión: ¡No hace falta esperar más, vacunemos al rebaño! ¿Cuándo? A final de año. Cuando las infecciones habituales del otoño/invierno puedan dar positivo masivamente a millones de test RT-PCR que puedan achacarse al SARS-CoV-2. ¿Que las vacunas exigen varios años para testar su seguridad y eficacia? No importa. Todos quienes las fabrican y autorizan saben que en realidad no previenen nada y que son peligrosas como demuestran numerosos trabajos científicos y -lo que ya es el colmo de la caradura- ¡sus propios prospectos! Además las grandes multinacionales ya lograron en Estados Unidos hace varias décadas que ni los fabricantes de vacunas ni quienes la comercializan -salvo defecto de fabricación- ni los médicos que las recetan o los sanitarios que las inoculan tengan que asumir responsabilidades penales por los efectos adversos que provocan. ¡Gozan de inmunidad si llevan a quienes las usan a enfermar o incluso a la muerte! Y en el resto del mundo pasa otro tanto porque ningún juez o magistrado está dispuesto a admitir la relación directa entre vacuna y daño o muerte. De hecho los miles de juicios que ha habido en todo el mundo demuestran que ¡todo es pura casualidad!, que no hay una clara «causalidad». ¿Que su hijo estaba completamente sano y ha enfermado gravemente o muerto a las pocas horas de ponerle una vacuna? ¡Eso no demuestra nada! Es una mera coincidencia desafortunada en el tiempo. Lo afirman los abogados de los fabricantes y lo llevan asumiendo así en sus sentencias desde hace décadas infinidad de jueces de todos los países. Así que, ¿para qué hace falta esperar unos años? ¡Vacunemos ya al rebaño! En todo caso y para cubrirnos en salud digamos que es una emergencia mundial que requiere medidas drásticas urgentes -aunque sea una absoluta falsedad- y hagamos que se cambien las leyes para que la aprobación sea inmediata. Eso sí, haciendo que en todo el mundo y no solo en Estados Unidos los fabricantes no seamos luego responsables ni de su ineficacia ni de los daños que provoque. Solo hay que vender la idea a la sociedad diciendo que la actual situación de alarma mundial exige «normas más flexibles». Esperpéntico y dramático.

 

Jose Antonio Campoy
Director