El rebaño va a ser vacunado

La Organización Mundial de la Salud (OMS) -que desde hace unos años financia mayoritariamente y controla un grupo de personas particulares y empresas multimillonarias- asegura en su web (https://www.who.int/es/news-room/q-a-detail/vaccines-and-immunization-what-is-vaccination) que «las vacunas protegen contra muchas enfermedades» citando a continuación -respetamos el orden- las siguientes: el cáncer cervicouterino, el cólera, la difteria, la hepatitis B, la gripe, la encefalitis japonesa, el sarampión, la meningitis, las paperas, la tosferina, la neumonía, la poliomielitis, la rabia, las infecciones por rotavirus, la rubéola, el tétanos, la fiebre tifoidea, la varicela y la fiebre amarilla. Y luego agrega en el apartado ¿Son seguras las vacunas? que «la vacunación es inocua y aunque pueda producir efectos secundarios, como dolor en el brazo o fiebre baja, suelen ser muy leves y temporales» añadiendo que «si bien no puede descartarse que ocasionen efectos secundarios graves éstos son sumamente raros». Lo que apuntillan más adelante diciendo que «Raramente producen efectos secundarios más graves o duraderos: la probabilidad de sufrir una reacción grave a una vacuna es de una entre un millón», que «Los beneficios de la vacunación superan con creces los riesgos a los que exponen y sin vacunas habría muchos más casos de enfermedades y de defunciones» y que «Las vacunas se someten a una vigilancia continua para garantizar su inocuidad y detectar posibles efectos adversos, que son infrecuentes». Tal es la posición oficial de la OMS desde hace años y así la reflejamos. Por nuestra parte discrepamos abiertamente de tales afirmaciones que hemos rebatido -documentándolo ampliamente- como demuestran los 63 reportajes que llevamos publicados sobre ello y hemos agrupado en un apartado de nuestra web a los que el lector puede acceder pinchando en https://www.dsalud.com/reportajes/el-peligro-de-las-vacunas. Es más, los propios prospectos de las vacunas desmienten a la OMS. Y de hecho también lo hace el organismo que oficiosamente dicta en el mundo las normas sobre vacunas y fármacos, la Administración de Alimentos y Medicamentos​ (FDA por sus siglas en inglés), que con motivo de la Covid-19 ha incluido una primera advertencia del Center for Biologics Evaluation and Research -organismo propio- según la cual las vacunas en desarrollo para el presunto SARS-CoV-2 deben ser vigiladas para ver si provocan patologías como las que ya se han manifestado al utilizar otras ya aprobadas: Síndrome de Guillain-Barré, Encefalomielitis diseminada aguda, Mielitis, Mielitis transversa, Encefalitis, Encefalomielitis, Meningoencefalitis, Meningitis, Encefalopatía, Convulsiones, Accidente Cerebrovascular, Narcolepsia, Cataplexia, Anafilaxia, Infarto agudo de miocardio, Miocarditis, Pericarditis, Enfermedad Autoinmune, otras enfermedades desmielinizantes agudas, reacciones alérgicas no anafilácticas, Trombocitopenia, Coagulación intravascular diseminada, Tromboembolismo venoso, Artritis, Artralgia, Dolor Articular, Enfermedad de Kawasaki, Síndrome inflamatorio multisistémico en niños e incluso la muerte. Se trata de las patologías que ya se han asociado a vacunas anteriores y así lo reconoce la FDA por lo que la afirmación de la OMS de que son inocuas es deleznable. Claro que hablamos de una organización que desde hace tiempo juega con las palabras para hacer creer que dice… lo que en realidad no dice. Porque la OMS no afirma que las vacunas sean seguras sino que la vacunación -en sí- es inocua. Se refiere pues a la aplicación y no a sus efectos. Lo que pasa es que todo el mundo da por hecho que ambas expresiones son sinónimas cuando no es así. Decir que «la vacunación es inocua» no equivale a decir que «las vacunas son inocuas». Sutil y maquiavélico. En cuanto a las vacunas desarrolladas para la Covid-19 ya hemos explicado ampliamente que en tan pocas semanas es IMPOSIBLE saber cuál es su seguridad y eficacia por lo que quienes así lo afirman son unos sinvergüenzas sin escrúpulos. Además la que va a inocularse en breve en España según ha anunciado el Gobierno -la de Pfizer y BioNTech– es potencialmente peligrosa para las personas inmunodeprimidas, las que consumen anticoagulantes, las embarazadas, las menores de 16 años, las alérgicas, las que padecen enfermedades crónicas y hasta para las personas sanas. Lo ha reconocido públicamente Pfizer. Y ya ha habido reacciones adversas graves inesperadas que los medios de comunicación al servicio del poder establecido han intentado minimizar. En todo caso lo más inaudito es que se haya aprobado el uso masivo de vacunas para la Covid-19 cuando según las cifras oficiales el 99,9% de la aborregada población del mundo no está «infectada»; es decir, no ha dado «positivo» a los test de anticuerpos y a las PCR de nula fiabilidad que se están usando. Como inaudito es que a nadie le asombre que el propio Fernando Simón ya avise de que quienes se pongan la primera dosis no gozarán aún de inmunidad y podrán contagiarse y contagiar. Esperpéntico. Vaya tragaderas tiene la gente.

José Antonio Campoy

Director