¡Prohibido pensar!

Da igual si no hay un solo trabajo científico publicado que demuestre que el SARS-CoV-2 ha sido correctamente aislado, purificado y secuenciado por lo que su existencia sigue sin demostrarse, que se haya detectado incomprensiblemente meses antes de que supuestamente se escapara por error de un laboratorio chino, que ninguno de los test que se supone lo detectan sean específicos aunque así se afirme ni que den positivo a otros patógenos, que detectar con la PCR un ARN vírico no demuestre que pertenezca a un virus infeccioso ni de que sea la causa de que alguien enferme, que se reconozca que pueden dar falsos positivos y falsos negativos, que es una falacia hablar pues de «infectados» o «contagiados por» para referirse a quienes han dado «positivo» a algún test, que si los test no son fiables las cifras de presuntos contagiados y muertos por el SARS-CoV-2 tampoco porque se basan en ellos, que el cuadro clínico de los presuntos afectados no se corresponda con el de una infección vírica respiratoria, que la mayor parte de los muertos fueran personas mayores con mala salud a las que se dejó morir sin tratamiento en hospitales, residencias de mayores y domicilios particulares alegando falta de medios, médicos y tratamientos, que numerosas personas fallecieran en realidad a causa de los incorrectos tratamientos sanitarios recibidos, que esté demostrado que ni el confinamiento, ni el uso de inútiles mascarillas, ni las demás medidas de control adoptadas sean ineficaces o que haya rigurosos estudios según los cuales las radiaciones electromagnéticas de las tecnologías 4G y 5G pueden alterar gravemente el organismo provocándole numerosas disfunciones, especialmente problemas respiratorios. En fin, es igual que un millar de profesionales de la salud de todo el mundo -la mayor parte médicos- haya firmado un manifiesto pidiendo que se detenga de inmediato “el clima de terror, la sinrazón, la manipulación y las mentiras” de lo que consideran «la mayor estafa sanitaria del siglo XXI«. No importa tampoco que las secuencias genéticas usadas en los PCR para detectar el presunto SARS-CoV-2 estén presentes en decenas de secuencias del propio genoma humano y en los de un centenar de microbios. Como no importa que ninguna vacuna haya demostrado jamás la eficacia que oficialmente se les atribuye y que aunque su seguridad precise entre 5 y 10 años de seguimiento quienes han decidido vacunar a la población de todo el planeta pretendan inoculársela sin esperar a cientos de millones de personas que van a hacer de cobayas humanas. Además a nadie le entra en la cabeza que la pandemia sea en realidad una farsa orquestada para implantar sin oposición el Nuevo Orden Mundial, algo no discutible porque quienes lo propugnan han manifestado sus intenciones de forma pública de forma reiterada. En la revista hemos documentado rigurosamente todo esto y mucho más pero nadie quiere hacerse eco. Somos muy conscientes de ello y sabemos que no vamos a poder hacer nada para cambiar la situación pero no por eso vamos de dejar de explicar lo que sabemos. La historia pondrá un día a cada uno en su lugar.

 

José Antonio Campoy

Director