Aunque
el artículo 15 de la Constitución garantiza a los ciudadanos el
Derecho a la
vida y a la integridad física, el artículo 17 el
Derecho a la libertad
y seguridad en cualquier ámbito y el artículo 18 la
Inviolabilidad del
domicilio y por ser
derechos fundamentales ninguna norma de nivel inferior
puede restringirlos o violarlos las compañías eléctricas y de telefonía alegan
una y otra vez ante los tribunales que ellos cumplen las leyes... obviando que
toda norma que limita o viola los derechos fundamentales es nula de pleno derecho.
Como obvian que el Tribunal de Justicia de la Comunidad Europea determina que
"cuando puedan estar afectados bienes jurídicos de especial importancia como
la salud, la integridad física de las personas, el derecho a disfrutar de un medio
ambiente adecuado, etc., debe aplicarse el Principio de Precaución". Y si
bien ha habido controversia en cuanto al ámbito de aplicación de ese principio
esa duda no existe cuando se refiere a los casos específicos en los que los datos
científicos son
"insuficientes, no concluyentes o inciertos" y más cuando
una evaluación objetiva preliminar permite
"sospechar" que existen
"motivos
razonables para temer efectos potencialmente peligrosos para el medio ambiente
y la salud humana, animal o vegetal". Por consiguiente, que a estas alturas
las administraciones estatal y autonómica permitan que aún existan centros de
trasformación y torres de alta tensión cerca de viviendas y se instalen antenas
de telefonía a menos de 500 metros de lugares habitados raya en la irresponsabilidad
criminal. Los cargos políticos y funcionarios que lo permiten así como los directivos
de las empresas que lo promueven y/ejecutan deberían haber sido procesados hace
mucho tiempo. Independientemente incluso de si hay o no pruebas científicas de
la peligrosidad de las radiaciones electromagnéticas -que las hay como hemos publicado
muchas veces en esta revista- ya que los tribunales han dejado claro que en el
caso que nos ocupa deben ser las empresas que alegan que no son peligrosas para
la salud las que deben
probar esa afirmación. Son ellas las que deben soportar
lo que jurídicamente se denomina la "carga de la prueba". Algo que nunca han hecho...
¡porque no pueden!
Las administraciones estatal, autonómicas y locales podrían
exigir a las grandes empresas de electricidad y telefonía que actúen en consecuencia
para evitar riesgos para la salud de las personas pero se abstienen de pedírselo
porque todas ellas tienen contratadas a personas con poderosas influencias en
los partidos políticos y éstos controlan las decisiones del Gobierno del Estado,
de los gobiernos autonómicos y de la mayoría de los ayuntamientos. Así de simple.
Es más, no sólo no se les exige que prueben la inocuidad de las radiaciones que
emiten sus dispositivos -que sería lo adecuado- sino que todos se niegan a financiar
estudios de investigación que constaten o no su peligrosidad. A pesar de que con
frecuencia puede hacerse de forma rápida y económica. Lo demostraron sin más en
la primavera del año pasado ¡tres estudiantes de 17 años! en un trabajo que elaboraron
mientras estudiaban en el
Instituto de Educación Secundaria Alpedrete en
la madrileña localidad del mismo nombre:
Pablo Caballero,
Nadia Sánchez
y
Marina Esteve. Trabajo que, según ellos mismos cuentan, basaron en un
artículo titulado
Influencia de la cercanía de una antena móvil sobre el cáncer
efectuado por
Horst Eger,
Claus Uwehagen,
Virgitt Lucas,
Peter Wogel y
Helmut Voit así como en los reportajes que publicó
Discovery DSALUD en los números
70,
75,
89
y
92.
Cabe añadir que
para poder desarrollar su trabajo -que titularon tras acabarlo
Antenas Móviles:
un atentado contra la salud- contarían con la inestimable ayuda y asesoramiento
del investigador español
Antonio Martín González quien durante más de 40
años desarrolló su trabajo en el
Consejo Superior de Investigaciones Científicas
(CSIC) y que, tras jubilarse, se ocupa en la actualidad de llevar a cabo el
proceso de activación molecular de los productos de
Laboratorios Catalysis
que permite multiplicar entre mil y diez mil veces -según los casos- el potencial
eléctrico de una molécula y, por tanto, su capacidad antioxidante. Activación
molecular que consiste, dicho de forma simple, en hacer pasar por la solución
tratada una corriente eléctrica que dota a las moléculas de mayor número de electrones
y, por ende, de una mayor capacidad antioxidante que le permite combatir los radicales
libres.
LA INVESTIGACIÒN Pablo, Nadia y Marina
explican en el preámbulo de su trabajo que decidieron efectuarlo porque tenían
información de los potenciales efectos negativos tanto de los teléfonos móviles
como de las ondas emitidas por las antenas de telefonía habiéndoles además llamado
la atención que en Alemania la potencia permitida de una antena sea quinientas
veces inferior a la que se autoriza en España. Decidieron pues investigar si sus
efectos negativos eran reales y, en caso afirmativo, si ello depende o no de la
distancia. Lo que decidieron constatar comprobando sus efectos en un radio de
500 metros alrededor de la torre repetidora de telefonía que hay en la parte alta
de Alpedrete cuyas ondas afectan a gran parte del pueblo. Pero dejemos que ellos
mismos lo cuenten:
"El experimento consiste -explican en su trabajo-
en medir el efecto cancerígeno producido por las ondas electromagnéticas que
emiten las antenas móviles sobre la cisteína. Hemos elegido este compuesto químico
debido a que forma parte del principal antioxidante extra e intercelular: el glutatión
(GSH). Este compuesto protege a las células de los millones de oxidantes (radicales
libres) que puedan penetrar en ella a fin de que el número de éstos no supere
a los antioxidantes y la célula muera. Todo virus, infección, tumor, etc., origina
una elevada cantidad de radicales libres, también conocidos como oxidantes, que
aceleran el envejecimiento y la destrucción celular. El glutatión, un tripéptido
formado por ácido glutámico, cisteína y glicina; desactiva estos radicales libres
siendo por ello un agente anti-tumores, alergias, diabetes, cataratas... Además
ayuda a prevenir los efectos dañinos de la radiación, la quimioterapia, los rayos
X, el tabaco y el alcohol". Evidentemente la idea de usar la cisteína,
en qué solución y de qué manera hacer el experimento no se les ocurrió a los tres
jóvenes sino a su asesor, Antonio Martín. Pero sí se ocuparon de llevarlo a cabo.
"Para comprobar -agregarían-
el daño que hacen las ondas sobre este
compuesto, presente en todas nuestras células, hemos puesto 0.5 mg/ml de cisteína
-el principal componente antioxidante del glutatión- en seis botes. Uno de ellos
(el de control) lo guardamos en la nevera donde no recibió ningún tipo de radiación.
Otro de ellos (el número 5) lo llevó uno de los participantes siempre encima.
La muestra nº 1 la colocamos aproximadamente a 10 metros de la antena y a una
altura, en relación con ésta, de unos 3.5 metros. La nº 2 aproximadamente a 50
metros y a una altura de 1.2 metros. La muestra nº 3 a aproximadamente 200 metros
y a una altura de 1 metro. Y la muestra nº 4 a aproximadamente 500 metros y a
una altura de 1 metro".LOS RESULTADOS
"Una vez pasados 49 días -continúan explicando en su informe-
recogimos
las muestras de sus respectivos lugares y los resultados se observaban a simple
vista. El bote situado a sólo 10 metros de la antena móvil había adquirido un
tono amarillento mientras que el de control presentaba una transparencia impecable.
Luego, una vez en el laboratorio, medimos a una longitud de onda de 600 nanómetros
la pigmentación producida por la oxidación de la cisteína". Pues bien,
los resultados obtenidos sobre densidad óptica fueron éstos:
Luego, tras averiguar la densidad óptica de las muestras de cisteína, los estudiantes
se procedió a analizar la capacidad antioxidante de cada uno de los viales que
contenían cisteína utilizando el
Método de Somogy-Nelson que se basa en
la oxidación de compuestos reductores por compuestos cúpricos en solución alcalina.
El reactivo tiene como ventaja que es muy estable, se puede usar entre límites
muy amplios (entre 0.01mg y 3mg) y es válido en todo tipo de compuestos químicos
o biológicos. Los estudiantes incluso detallan cómo se prepararon los reactivos:
"El reactivo de Somogy se compone de la siguiente manera:
-Se agregan,
agitando, CO3 Na2 (24g) tartrato sódico-potasio (12g) y HOH (250ml) sobre SO4
Cu (4g) y HOH (40ml).
-Se añade sobre la mezcla 16 g de bicarbonato sódico.
-Se disuelven 180 g de SO4 Na2 anhidro en 500 ml de agua caliente y se hierve
para eliminar el aire.
-Una vez fría la segunda mezcla se añade a la primera
y se completa con un litro de agua destilada.
-Finalmente, esta solución se
deja reposar a 30º C en la oscuridad durante una semana tras la cual se filtra
y se guarda en un frasco topacio.
La preparación del reactivo Nelson consta
de los siguientes pasos:
-Se disuelven 25 g de molibdato amónico en 450 ml
de HOH.
-Se añaden lentamente 21 ml de ácido SO4 H2 concentrado.
-Se mezcla
con 3 g de AS04H2Na2 diluidos (agitando) en 25 ml de HOH y se pone en una estufa
a 37º C durante 48 horas.
-Finalmente se guarda en un frasco topacio a temperatura
ambiente".
Finalmente agregan los pasos que siguieron para averiguar el
nivel de oxidación:
"1º) Ponemos 0.5 ml de cisteína en cada uno de los tubos de ensayo.
2º) Añadimos 0.5 ml del reactivo Somogy y lo agitamos obteniendo una mezcla
de color azul claro.
3º) Hervimos la solución durante 15 minutos al
baño maría obteniendo un tono verde oscuro.
4º) Añadimos el reactivo
Nelson (0.5ml) y lo agitamos obteniendo en este caso un color azul oscuro. Pudiendo
diferenciar distintos tonos entre cada tubo de ensayo dependiendo de su oxidación.
5º) Añadimos 9.5 ml de agua destilada y agitamos la mezcla para homogeneizarla.
6º) La leemos a 540 nanómetros en el espectrofotómetro para obtener los
resultados finales". Una vez obtenidos los datos
(véase en el recuadro
adjunto el esquema de los pasos seguidos y los resultados) éstos se multiplicaron
por dos a fin de que la magnitud medida fuera de 1 mg/ml ya que la concentración
de la cisteína en los viales era de 0.5 mg/ml. Y, por último, se calculó con el
espectrofotómetro la capacidad antioxidante de cada muestra.
¿Y
CUÁL FUE LA CONCLUSIÓN? Dejemos que ellos mismos nos la expliquen:
"Nuestra conclusión es que en un periodo de tiempo tan pequeño como 49 días
los efectos oxidantes sobre nuestras células es masivo (el máximo casi llega al
29%). Y, por lo tanto, aun con los procesos de regeneración que posee nuestro
organismo las personas que están sometidas a estas ondas electromagnéticas tienen
una alta probabilidad de generar tumores cancerígenos tarde o temprano. Creemos
que el Gobierno debería tomar medidas respecto a este gravísimo problema ya que
los perjudicados no son sólo los usuarios de la telefonía móvil sino todos aquellos
que se encuentran relativamente cerca de las antenas móviles. También proponemos
a todo aquel preocupado por el medioambiente y la salud humana que utilice el
móvil lo mínimo posible para reducir la cantidad de ondas que nos atraviesan cada
segundo".
Son, en suma, las conclusiones de un grupo de jóvenes que aun
sabiendo las ventajas que ofrece la telefonía móvil valoran su salud por encima
de todo. Jóvenes donde prima el sentido común. Jóvenes que con poco dinero y un
esfuerzo asumible para unos simples estudiantes han dejado en ridículo a nuestros
políticos y en evidencia a las empresas de electricidad y telefonía.
Y no
crea el lector que se trata de un experimento anecdótico porque no lo han llevado
a cabo investigadores de primera línea. Los expertos consultados por esta revista
están seguros de que si se repitiera este trabajo por personal más avezado los
resultados serían los mismos o similares.
Se trata además de un experimento
contundente: demuestra que las radiaciones electromagnéticas pueden afectar a
nuestra salud de forma rápida y peligrosa. Porque es verdad que no es lo mismo
actuar sobre la cisteína que se halla en un tubo que en un organismo vivo ya que
éste puede reaccionar pero demuestra que puede afectar muy negativamente al principal
antioxidante de los seres humanos.
El experimento, además, es sencillo y puede
repetirse con cobayas. En poco tiempo. Con muy bajo coste. ¿Estarán pues dispuestos
a llevarlo a cabo las empresas productoras de radiaciones o nuestras autoridades?
Sinceramente, lo dudamos.
José Antonio Campoy
Bomberos preocupadosEn enero de este año
65 de los 95 bomberos del parque de la madrileña población de Villaverde pidieron
por escrito al Ayuntamiento la retirada de una antena cercana a su centro de trabajo
porque, según manifestaron,
"cuando está en servicio tenemos insomnio y dolor
de cabeza". Y se encuentran preocupados porque además a uno de ellos se le
encontró un tumor cerebral. El Ayuntamiento, por su parte, se limita a negar que
haya evidencias científicas de que las ondas de telefonía sean perjudiciales y,
por tanto, se niegan a retirarla.
Y otro tanto pasa con los bomberos de la
también madrileña población de Villaviciosa de Odón algunos de los cuales han
reconocido estar angustiados porque en el parque hay dos líneas eléctricas de
alta tensión y otras dos de telefonía móvil. Una situación que se decidió a denunciar
el Sindicato de Bomberos de la Comunidad de Madrid, federado en la
Coalición
Sindical Independiente de Trabajadores (CSIT-Unión Profesional). "Al
peligro de electrocución tenemos que sumar ahora el riesgo sanitario pues ya se
han detectado cuatro casos de cáncer entre los compañeros así como la aparición
de sintomatología muy diversa: cefaleas, malestar general, fatiga, insomnio, estrés
y estados de ansiedad", denunciaría
Juan Carlos Martínez, secretario
de acción sindical.
Pero tampoco a ellos se les escucha. Aunque se trata de
profesionales que por exigencias del trabajo cuidan mucho su salud y lo que les
está pasando no se justifica.
El peligro de
las radiaciones electromagnéticas está constatadoComo hemos explicado
en varias ocasiones el peligro de las radiaciones electromagnéticas en la salud
está constatado por numerosos estudios destacando entre ellos el realizado por
Darío Acuña Castroviejo, catedrático de Fisiología de la
Universidad
de Granada, quien en un trabajo titulado
Informe científico sobre los efectos
de los campos electromagnéticos en el sistema endocrino humano y patologías asociadas
afirmaría lo siguiente:
"Las ondas electromagnéticas generadas por
las corrientes eléctricas y por las microondas (telefonía, telefonía móvil,
radiofrecuencias, telefrecuencias, radares civiles y militares, etc.) interfieren
y distorsionan el funcionamiento normal del organismo humano. Aunque en la
bibliografía científica hay cierta controversia se han publicado con suficiente
rigor metodológico diversos efectos nocivos en las personas expuestas. Los
principales efectos perjudiciales de la exposición a campos electromagnéticos
son los siguientes:
a) Trastornos neurológicos como irritabilidad,
cefalea, astenia, hipotonía, síndrome de hiperexcitabilidad, somnolencia, alteraciones
sensoriales, temblores y mareos.
b) Trastornos mentales: alteraciones
del humor y del carácter, depresiones y tendencias suicidas.
c) Trastornos
cardiopulmonares: alteraciones de la frecuencia cardiaca, modificaciones de
la tensión arterial y alteraciones vasculares periféricas.
d) Trastornos
reproductivos: alteraciones del ciclo menstrual, abortos, infertilidad y disminución
de la libido sexual.
e) Incremento del riesgo de algunos tipos de
cáncer como las leucemias agudas y los tumores del sistema nervioso central
en la infancia.
f) Trastornos dermatológicos: dermatitis inespecíficas
y alergias cutáneas.
g) Trastornos hormonales: alteraciones
en el ritmo y niveles de melatonina, substancias neurosecretoras y hormonas sexuales.
h) Trastornos inmunológicos: alteraciones del sistema de inmunovigilancia
antiinfecciosa y antitumoral". Y algunos dicen aún que no hay "evidencias
científicas" de su peligrosidad.
Síntomas del
"estrés electromagnético"En un extenso y cuidado trabajo de investigación
efectuado en la
Universidad de Reading (Gran Bretaña)
Clements y
Croome determinaron hace ya varios años los efectos del "estrés electromagnético"
que las radiaciones provocan sobre el organismo y son nada menos que las siguientes:
Sobre el sistema nervioso: 
Insomnio.

Angustia.

Depresión.

Trastornos de la
atención, de la concentración y de la rapidez.

Trastornos
de memoria.

Dolores
de cabeza.

Irritabilidad,
parestesias, espasmofilia.

Desregulación
de los ritmos circadianos por modificación de la secreción nocturna de melatonina.
Sobre el sistema vascular: 
Hipertensión
arterial.

Aumento
de la viscosidad de la sangre.

Alteraciones
del ritmo cardiaco.
Sobre el sistema inmunitario:

Alteración de la
viabilidad de los linfocitos.

Alteración
de las secreciones de las diferentes inmunoglobulinas.

Disminución
de la secreción de ACTH y de corticoesteroides. (El resultado es una disminución
de la resistencia a las infecciones así como de cansancio y aumento de las alergias).
Sobre el sistema visual: 
Ojos
rojos con lágrimas que pican, sequedad y visión borrosa.

Modificación
de la convergencia cuya consecuencia es una modificación del tono postural.

Interferencias
con ciertos tratamientos de glaucoma.
Sobre el
sistema osteoarticular: 
Adaptación
de los diferentes captores electromagnéticos cuya consecuencia es una modificación
de posición del cuerpo en el espacio con dolores que se vuelven crónicos (desaparecen
cuando hay más de 4 o 5 días de descanso).

Dolores,
calambres, rampas, articulaciones tensas.
Sobre
el sistema cutáneo: 
Piel
seca con descamación.

Picazón.

Urticaria.

Sensibilidad aumentada
al herpes.