Saúco: eficaz en numerosas dolencias

 Analgésico, antiinflamatorio, antioxidante, antipirético, antirreumático, antiséptico, antitusivo, antiviral, astringente, bactericida, calmante, cicatrizante, depurativo, diaforético, diurético, emético, espasmolítico, expectorante, hipotensor, laxante, purgante, venotónico y potenciador del sistema inmune… entre otras cosas. Tales son las propiedades contrastadas del saúco, un arbusto cuyas flores, frutos, hojas y corteza se emplean desde antiguo en el tratamiento de más de treinta afecciones distintas, especialmente las relacionadas con el aparato respiratorio, tan frecuentes en esta época del año.

Las propiedades terapéuticas contrastadas de una de las variedades del saúco -el sambucus nigra- parecen interminables. Claro que son numerosos los principios activos que contiene y es eso lo que hace que sea eficaz en dolencias tan distintas como las respiratorias, las digestivas, las dermatológicas, las ginecológicas y hasta las oculares. En infusión o aplicada en forma de cataplasma, para hacer lavados o enjuagues, para uso interno o externo, para aliviar la tos o para combatir infecciones… En fin, se trata realmente de un arbusto versátil del que podemos obtener numerosos beneficios para nuestra salud.

MÚLTIPLES Y BENEFICIOSOS PRINCIPIOS ACTIVOS

Las primeras referencias de la utilización del saúco se remontan a la Edad de los Metales en el quinto milenio antes de Cristo. Desde entonces este arbusto del que se aprovechan -para distintos usos- las flores, las hojas, los frutos y la corteza se ha empleado como alimento, como elemento integrante de diversos ritos religiosos o mágicos, como repelente de mosquitos, como insecticida (la infusión de sus hojas se rociaba sobre los cultivos para protegerlos de las plagas), como materia prima para la fabricación de silbatos -por la oquedad de su madera- y, por supuesto, como medicina. Algunas culturas -como la germánica y la anglosajona- incluso lo han relacionado con las divinidades benéficas, en concreto con las diosas de la fertilidad. Así, por ejemplo, Ignacio Abella afirma en su libro La magia de los árboles que sus ramas se usaban como palos en los gallineros para mejorar la puesta de huevos.

Pero, centrándonos en su utilización medicinal, la tradición popular recoge que una simple infusión de saúco puede ayudar a sudar, a expulsar las mucosidades, a aliviar la tos, a disminuir la inflamación de las vías respiratorias, a reducir la fiebre y a estimular las defensas naturales frente a virus y bacterias. De ahí que se le considere muy útil en el tratamiento de afecciones como resfriados, bronquitis, gripe, faringitis o amigdalitis y, en general, cualquier otra provocada por una infección o que cause fiebre.

También se relaciona al saúco con el cuidado de los ojos. Tradicionalmente se le ha considerado eficaz para combatir y aliviar la fatiga y la irritación oculares de personas que tienen que forzar la vista durante horas. Se sabe asimismo que relaja la hinchazón de los párpados y que, por sus propiedades, es útil en el tratamiento de distintas afecciones de los ojos como conjuntivitis, glaucoma o cataratas.

Además se le considera un buen diurético y depurativo que purifica la sangre y contribuye a eliminar desechos y toxinas almacenadas en el cuerpo. También es emético -es decir, se puede utilizar para inducir el vómito-, laxante y, en dosis altas, purgante. Presenta también actividad analgésica por lo que se emplea igualmente en el tratamiento de dolores de cabeza o de componente reumático. A todo ello cabe añadir que es antiinflamatorio, desinfectante y ayuda a conciliar el sueño y a relajarse, entre otros muchos efectos beneficiosos (vea en los recuadros adjuntos los listados de sus propiedades e indicaciones).

¿Y a qué se deben tantas propiedades? Pues a los principios activos que contienen las partes terapéuticamente utilizables del saúco. Si nos ponemos las lentes de la Química encontraremos que sus flores y hojas, por ejemplo, son ricas en fitoesteroles (de efecto hipocolesterolemiante); flavonoides (de acción antioxidante, antiinflamatoria, diurética y antiespasmódica); mucílagos (sustancias que reducen la irritación, la inflamación y alivian la tos cuando ésta se debe a que la garganta está irritada); ácidos fenilcarboxílicos como el cafeico, el clorogénico y el p-cumarínico (de acción antioxidante); trazas de sambunigrósido (un pigmento de acción antiséptica y antiinflamatoria); ácidos triterpénicos (cuyas propiedades expectorante, astiespasmódica, venotónica y antiinflamatoria son bien conocidas); aceite esencial (que le aporta aroma a las flores) y sales potásicas. El hecho de que se usen más las flores que las hojas se debe principalmente a que el sabor de éstas es más desagradable.

Por lo que respecta a los frutos contienen betacarotenos (de efecto antioxidante); antocianósidos (unos pigmentos hidrosolubles que le confieren propiedades antisépticas y antiinflamatorias); ácido málico (desinfectante); pectina (una fibra soluble); trazas de aceite esencial, azúcares, vitamina C y cantidades menores de vitamina A y algunas del grupo B, entre ellas la colina o vitamina B7 que además de evitar que la grasa se acumule en los órganos y en los vasos sanguíneos es el sustrato para la producción de neurotransmisores y previene la pérdida de memoria. Presente en el jamón de Jabugo también contiene vitamina B7 la corteza del saúco donde además se pueden encontrar taninos de acción antiséptica y antiinflamatoria.

Pero, ¡ojo!, porque aunque son muchos los beneficios que podemos obtener del saúco hemos de tener también alguna precaución cuando lo utilicemos. En este sentido, la primera recomendación es no comer sus frutos si no están suficientemente maduros. Sepa que tanto los frutos como las hojas y la corteza del saúco contienen sambunigrina, sustancia que en contacto con una enzima llamada emulsina presente en la saliva produce ácido cianhídrico, es decir, cianuro. De ahí que no deba utilizarse ninguno de esos componentes del saúco si no está maduro o si antes no se ha cocido o macerado para garantizar su seguridad y hacerlos comestibles. Y aún así comer frutos maduros en exceso puede dar lugar a vómitos, náuseas y diarrea. También pasarse con la cantidad de hojas, flores o corteza que se añadan al agua para hacer infusión puede tener como resultado un excesivo número de visitas al baño. Por tanto, en el uso del saúco es imprescindible atender a las dosis que nos recomienden los especialistas.

¿CÓMO UTILIZARLO? 

El saúco se emplea principalmente en forma de infusión, ya sea para uso interno o para empapar compresas y utilizarlo de forma tópica. Para obtenerla bastará con hervir durante 10 minutos 20 gramos de hojas o flores secas por litro de agua y dejarla reposar unos minutos. Si mezcla esta infusión con unas gotas de equinácea -de cuyos beneficios hablábamos en el pasado número de la revista (léalo en nuestra web: www.dsalud.com)- reforzará su sistema inmune y ello le ayudará a prevenir patologías como resfriados o gripes. Pero si ya las padece una buena infusión de saúco contribuirá a superarlas más rápidamente. En caso de que cursen con fiebre y tos es recomendable añadir a la infusión un poco de menta y miel. Notará cómo la temperatura se reduce y desaparece la tos. La infusión también es útil para hacer gárgaras si sufre faringitis o amigdalitis así como para hacer enjuagues si padece gingivitis o úlceras en la boca.

En cuanto al uso tópico del saúco puede colocar compresas impregnadas con la infusión en las zonas del cuerpo que resulten dolorosas o sobre forúnculos, úlceras, eccemas y acné. También en la piel el saúco ayuda a aclarar manchas y a eliminar pequeñas inflamaciones, granitos y rozaduras si se añade en el agua del baño una infusión de sus flores.

Si nota los ojos cansados, los párpados hinchados o si tiene conjuntivitis una compresa o un lavado con saúco en infusión le aliviará bastante. También hay especialistas que recomiendan compresas de saúco para aliviar las hemorroides y para ayudar a cicatrizar heridas y quemaduras leves.

Por otro lado, si cuece los frutos del saúco obtendrá una bebida depurativa y si cuece la corteza el resultado será un brebaje diurético. Eso sí, nunca tome más de 4 tazas al día de corteza de saúco porque tal cantidad funcionaría como un potente purgante.

En suma, si tiene en cuenta las precauciones que hemos indicado y se deja asesorar por un profesional en cuanto a las dosis adecuadas y la frecuencia de las tomas podrá beneficiarse sin problemas de las múltiples propiedades de este remedio natural que en la actualidad no goza, inexplicablemente, de la popularidad que merecen sus propiedades terapéuticas y que sí conocían y aprovechaban nuestros ancestros.

 L. J.


 Recuadro

PROPIEDADES DEL SAÚCO

La corteza, flores, hojas y frutos del saúco tienen –en conjunto- numerosas propiedades terapéuticas. Usando las partes adecuadas en las dosis precisas el saúco es:

-Analgésico.
-Antiinflamatorio.
-Antioxidante.
-Antipirético.
-Antirreumático.
-Antiséptico.
-Antitusivo.
-Antiviral.
-Astringente.
-Bactericida.
-Calmante.
-Cicatrizante.
-Demulcente (relaja y ablanda las zonas inflamadas).
-Depurativo.
-Diaforético (estimula la sudoración).
-Diurético.
-Emético (induce al vómito).
-Espasmolítico (impide los espasmos de órganos huecos como el estómago, la vesícula biliar o la vejiga de la orina).
-Estimulante del sistema inmune.
-Expectorante.
-Favorece el sueño.
-Galactógenos (favorecen la producción de leche).
-Hipotensor.
-Laxante.
-Purgante.
-Venotónico (aumenta la resistencia de los capilares sanguíneos).


Recuadro

INDICACIONES

El saúco se puede emplear como tratamiento principal o como coadyuvante para combatir las siguientes dolencias:

-Acné.
-Alergias respiratorias.
-Amigdalitis.
-Artritis.
-Asma infantil.
-Blefaritis (inflamación de párpados).
-Bronquitis.
-Cataratas.
-Catarros.
-Cistitis.
-Conjuntivitis.
-Dolor de cabeza.
-Eczemas.
-Edemas.
-Estomatitis.
-Estreñimiento.
-Faringitis.
-Fatiga e irritación oculares.
-Fiebre.
-Forúnculos.
-Gingivitis.
-Glaucoma.
-Gota.
-Gripe.
-Hemorroides.
-Heridas.
-Inflamaciones ostearticulares.
-Insomnio.
-Manchas cutáneas.
-Migrañas.
-Neuralgias.
-Oliguria (disminución en la producción de orina).
-Otitis.
-Piorrea.
-Quemaduras.
-Retinopatías.
-Reumatismo.
-Sinusitis.
-Tos.
-Úlceras bucales.
-Urolitiasis (cálculos urinarios).
-Vaginitis.

Este reportaje aparece en
78
Diciembre 2005
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