Científicamente constatada la importancia del agua que se bebe 

 

Lo que se bebe -e, incluso, lo que se come- influye decisivamente en nosotros. No es lo mismo beber un tipo de agua que otra. Es más, del tipo y calidad de agua que ingerimos depende mucho nuestro estado de salud como hemos explicado ampliamente en la revista a lo largo de varios años. Pero muchos médicos se resistían a creerlo. Pues bien, el conocido ecologista y biólogo Jim Ehleringer acaba de demostrarlo mediante un singular experimento desarrollado en la Universidad de Utah (EEUU) que acaba de publicarse en Proceedings, revista de la Academia Nacional de Ciencias estadounidense. Y lo que hizo para lograrlo es conseguir en 65 ciudades de 18 estados norteamericanos –gracias a su mujer, Edna, y a sus hijos, Clare y Dylan, que se recorrieron gran parte del país- tetrabricks de agua y pelos de la gente que obtuvieron en las peluquerías locales. Según Ehleringer cada agua tiene su propio “sello” al punto de que deja trazas químicas en el pelo que permiten identificar de dónde procede la que una persona bebe habitualmente. Especialmente si lo que ingiere es agua de grifo. Lo que es posible mediante el estudio en el pelo de sus isótopos de hidrógeno y oxígeno ya que éstos varían según el agua que se ha bebido. De hecho a los isótopos del agua les afecta desde la cercanía a la costa y las temperaturas a la existencia de mayor o menor vegetación y el tipo de terreno.
Ehleringer es conocido porque hace años desarrolló un método para saber donde se ha producido la cocaína y la heroína que incauta la policía atendiendo a las variaciones locales de los isótopos de carbono, nitrógeno, oxígeno e hidrógeno de la droga.