Desarrollan un biorreactor que produce células madre de forma automática y rápida

Una empresa española, Aglaris Cell, ha desarrollado tras cuatro años de investigación un biorreactor -bautizado como Aglaris Facer 1.0- que permite cultivar y reproducir células madre de forma automática y rápida tras obtenerlas de la grasa del paciente mediante una sencilla liposucción; lográndose una mayor cantidad de células y de más calidad que con un cultivo manual. Se trata de un avance enorme porque además de simplificar el proceso permite hacerlo en serie con lo que los lotes podrán ser los mismos durante todo el tratamiento y se reduce al máximo el riesgo de una potencial contaminación.
El dispositivo se patentó en 2002 y es iniciativa de tres jóvenes –David Horna, Miquel Costa y Manuel A. González de la Peña– que cuentan ahora con el asesoramiento estratégico y científico de la Oficina de Transferencia de la Universidad de Oxford. Según explican en el mercado hay otros biorreactores algunos de los cuales han logrado automatizar alguna de las fases del proceso pero, añaden, "el nuestro es el primero del mundo que realiza todas las etapas de forma totalmente automática”. Asimismo explican que hasta ahora se usa normalmente en el proceso tripsina, sustancia que es tóxica para las células y elimina parte de las proteínas de la membrana que, sin embargo, no es necesaria con su tecnología.
El aparato utiliza un método interactivo de cultivos celulares que permite efectuar los pasos de despegado y lavado de las células sin usar aditivos. "Lo hemos logrado -dicen- usando superficies inteligentes que hacen posible la adhesión y desadhesión de las células en función de cambios en el ambiente”. Añadiendo: “Y ahora estamos finalizando los desarrollos que hagan posible obtener también con el mismo dispositivo células genéticamente modificadas en serie para su aplicación en reprogramación celular y terapias génicas".
Lo singular es que la idea de este aparato nace de un trabajo que sobre superficies inteligentes realizó David Horna en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y el Instituto Químico de Sarriá (IQS) y fue publicado en Advanced Healthcare Materials.
Hasta aquí la noticia. Nosotros nos preguntamos cómo es posible que un invento como éste no haya contado de inmediato con el amparo del estado. ¿Tan incompetentes son nuestras autoridades sanitarias?