¡El Tribunal Supremo da la razón a la familia de Antonio Meño!

La Sala de lo Civil del Tribunal Supremo dictó el pasado 15 de noviembre sentencia sobre el caso de Antonio Meño quien, como nuestros lectores recordarán, se encuentra en coma vigil desde 1989 esperando que los jueces reconozcan que la falta de oxígeno cerebral que le provocó su estado de postración no la causó un vómito inesperado sino que se debió a la negligencia del anestesista –a quien la clínica amparó durante años- al haberse ausentado del quirófano para atender otra intervención quirúrgica (lea en nuestra web –www.dsalud.com– los detalles en el artículo que con el título Luis Bertelli: “Los jueces deben responder ante la ley como cualquier ciudadano” publicamos en el nº 122).

El caso se vio el pasado 3 de noviembre en la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo cuyos miembros han aceptado la alegación de maquinación fraudulenta que presentó el abogado de la familia Luis Bertelli, presidente de la Fundación Justicia Responsable e Independiente (JUREI) y miembro de nuestro Consejo Asesor. La sentencia anula todos los juicios celebrados –incluido el que condenaba a la familia Meño a pagar 400.000 euros por costas- y obliga a repetir el primero de ellos permitiendo que se aporten en él las nuevas pruebas aparecidas desde entonces; muy especialmente el testimonio del doctor Ignacio Frade (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título Inesperado y radical giro en el caso de Antonio Meño Ortega publicamos en el nº 126) quien en la vista declararía que él se encontraba presente en el quirófano cuando todo ocurrió y, efectivamente, en el momento de los hechos el anestesista no estaba allí como denuncia la familia.

Ya una sentencia de marzo del 2009 de la propia Sala que ha juzgado el recurso de revisión explicaba que "[…] la maquinación fraudulenta exige una irrefutable verificación de que se ha llegado al fallo por medio de argucias, artificios o ardides encaminados a impedir la defensa del adversario”. Pues bien, en esta nueva sentencia los jueces han puesto de manifiesto “la realidad de un fraude procesal -maquinación fraudulenta en términos del artículo 510, ordinal 4o, de la Ley de Enjuiciamiento Civil- gestada, fuera del proceso, entre los profesionales intervinientes en la rinoplastia estética, con el fin de impedir a los perjudicados aproximarse remotamente, en el proceso civil – y, antes, a la tarea instructora impulsada de oficio, en un precedente proceso penal, en el que aquel obtuvo buena parte del material de prueba -, a la realidad de lo ocurrido, generando una total oscuridad sobre ello, que no cabe tratar, por lo excepcional, con la aplicación de las reglas que imponían las tradicionales cargas procesales a los perjudicados demandantes”.

Con el fin de que el lector conozca lo sucedido en la vista que ha dado lugar a este fallo explicaremos que el primer testigo que compareció fue el anestesista Francisco González Martín quien, como era de esperar, se ratificó en su versión asegurando que el problema lo provocó un vómito y que él no abandonó el quirófano en ningún momento. Sin embargo durante el interrogatorio posterior Luis Bertelli le haría incurrir en una contradicción sustancial que no fue capaz de aclarar; ni siquiera en el turno de preguntas de su defensa. Resulta que según el anestesista él había participado aquella mañana únicamente en la intervención de Antonio Meño así como en una operación anterior pero que tras el incidente no intervino ya en ninguna otra. Y sin embargo los datos de la clínica demostraban que aquella mañana había participado en tres operaciones. Lo que llevaría a Bertelli a señalar al Tribunal en su alegato final que ello parecía indicar que si el propio anestesista afirmaba que no había intervenido más que en una operación antes de la de Meño y en ninguna más después parecía evidente que la tercera se tenía que haber estado realizando simultáneamente en otro quirófano.

El segundo testigo solicitado por la familia fue una madre que relató cómo esa misma mañana se encontraba en la sala de espera mientras operaban  a su hijo cuando percibió un gran revuelo y escuchaba a algunos familiares lamentarse y decir que “a un chico de 18 años grande como un castillo se lo habían cargado con la anestesia”. La clínica aportó sin embargo una serie de papeles según los cuales la intervención de ese joven se había hecho al día siguiente, por la tarde y con una estancia de 16 horas… cuando la madre asegura que a su hijo le dieron el alta casi sobre la marcha sin necesitar habitación como alegaba la clínica y que la operación fue por la mañana y el mismo día en que se operó a Antonio Meño. Así se lo aseguró a los jueces lo que hizo sospechar a los presentes que se trataba de una clara estrategia por parte de la clínica para impedir que fuera localizada.

Fue entonces el turno del doctor Ignacio Frade quien ratificó punto por punto la declaración que hiciera en febrero pasado y posibilitó la vista de revisión. “Durante la intervención observé que en el monitor de frecuencia cardíaca del quirófano se producía una alteración del ritmo cardíaco por lo que hice un comentario en quirófano y llamaron a la auxiliar de clínica circulante ya que no se encontraba en quirófano el anestesista. El anestesista estaba en otro quirófano en ese momento y la auxiliar de clínica volvió al quirófano donde estaba operándose Antonio Meño diciendo: “¿Qué queréis que el anestesista está intubando en otro quirófano?” Acto seguido le informaron de que algo no marchaba bien y de que por favor viniera urgentemente a ese quirófano donde se estaba realizando la rinoplastia. Al cabo de unos minutos apareció el anestesista, levantó los paños que cubrían la cabeza del paciente y comprobó que el tubo de anestesia endotraqueal conectado a la máquina a través de la cual respiraba el paciente SE HABÍA DESCONECTADO. Y EL ANESTESISTA EN ESE MOMENTO EXCLAMÓ: ¡DIOS MÍO, SE HA DESCONECTADO!(las negritas, mayúsculas y subrayado pertenecen al escrito original del doctor y se corresponden punto por punto con su declaración ante la Sala del Supremo).

El Dr. Frade calificó en varias ocasiones la situación vivida de “espeluznante” y su testimonio, a pesar de los intensos interrogatorios a los que fue sometido por los abogados de los demandados, fue sólido y convincente tal y como reconocería en su alegato final el Fiscal, presente siempre en estos casos de revisión como órgano consultivo. De nada sirvió pues que intentaran desviar la atención hacia la actuación del cirujano -“mi maestro, mi mentor” según declaró Frade- o hacia unas posibles malas relaciones entre la mujer del cirujano y el propio Frade algo que ninguno de los allí presentes entendió.

El cuarto y último testigo serviría para que los presentes se dieran cuenta del nulo grado de colaboración de la clínica demandada. Frente al tribunal compareció una auxiliar de clínica llamada Catalina que nada más prometer ante la sala aclaró que no era la Cati que había estado aquella mañana en el quirófano sino otra distinta del turno de noche… pero reconoció a preguntas de Bertelli que la versión que circulaba por toda la clínica era que se había tratado de un fallo anestésico. Bertelli aclararía además al tribunal que la citación de esa enfermera la había realizado en función de la información proporcionada… por la clínica.

En su alegato final Luis Bertelli insistió en la maquinación, sobre todo por el ocultamiento de un testigo básico como el Dr. Frade cuyo testimonio habría supuesto un cambio radical en el proceso, máxime teniendo en cuenta que el Juzgado de Instrucción había declarado culpable al anestesista y que las instancias posteriores -tal y como manifestó el Ministerio Fiscal- se sustentaron sólo en el informe del anestesista y en los de la clínica para fallar contra los Meño.

Los abogados de los demandados se limitaron a plantear la defensa desde un punto de vista formal diciendo que la revisión debía rechazarse por entender que el caso estaba fallado y los demandantes no habían conseguido demostrar en la vista ningún tipo de ocultamiento premeditado.

Sorprendente y rotundo fue en cambio el alegato del Fiscal ya que en su intervención éste señaló que durante el proceso previo se había negado realmente la posibilidad de una defensa adecuada a la familia Meño, que el testimonio de Frade le parecía lo suficientemente “contundente” como para ser tenido en cuenta y que las resoluciones anteriores se basaban en información manejada a su antojo por la clínica sin que en ningún momento la familia hubiera tenido acceso real a lo que pasó aquella mañana en la sala de operaciones. Así que pidió que se aceptara la revisión del caso “aún rompiendo el principio sagrado de la inquebrantabilidad de la sentencia en firme” y se celebrara un nuevo juicio.

El Tribunal Supremo ha dado en suma la razón a Antonio Meño Ortega y a Juana Ortega Ramírez -padres del joven Antonio al que destrozaron su vida con sólo 20 años- gracias a su perseverancia y constancia –eso sí, tras 21 años de flagrante injusticia y soledad- así como a la brillante actuación de un abogado como Luis Bertelli que ha sabido plantearlo magistralmente. En la revista nos congratulamos y confiamos en que el reconocimiento explícito por el Tribunal Supremo de que hubo maquinación fraudulenta haga reaccionar a quienes durante tantos años han hecho sufrir injustamente a estas tres personas.