Fracasa el intento de crear un modelo informático del genoma cerebral

Especialistas en biología celular, genética y bioinformática de más de una decena de centros han estudiado durante cuatro años casi 2.000 cerebros humanos para intentar desarrollar un modelo genético del cerebro que incluya los genes que lo conforman y cuáles son los «reguladores», es decir, los encargados de controlar en él la velocidad de síntesis de moléculas y fármacos. El estudio ha costado más de 50 millones de dólares -que aportó el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos- y sus resultados se publican en 11 artículos aparecidos en Science, Science Advances y Science Translational Medicine.

La idea era averiguar qué produce las principales patologías cerebrales con más precisión que mediante el análisis tradicional de las variantes de riesgo genético actualmente definidas descubriendo que hay diferencias celulares en 16 regiones del cerebro humano. Variaciones que aparecen habitualmente en tres momentos: durante el desarrollo prenatal, al final del embarazo y en la primera infancia y durante la adolescencia temprana. En esos períodos es cuando los genes de susceptibilidad al riesgo tienden a formar redes en ciertas áreas del cerebro apareciendo el autismo en la fase de desarrollo cerebral mientras la esquizofrenia, el coeficiente intelectual o el neuroticismo (inestabilidad emocional) tienden a formarse más adelante.

Según los investigadores los genes vinculados a enfermedades concretas se expresan en tipos celulares específicos y ello podría ayudar a determinar el alcance y efecto de las variaciones genéticas de una enfermedad concreta. Y es que según aseveran los factores de riesgo de una enfermedad cerebral están siempre presentes aunque no se manifiesten por igual en el tiempo y el espacio.

En pocas palabras: la construcción de un modelo informático del genoma del cerebro capaz de dilucidar las raíces genéticas de los trastornos cerebrales ha fracasado a pesar de que haya intentado «venderse» el trabajo presentado como un importante «avance». Y es que obviar los factores epigenéticos es absurdo.