La curcumina también previene la cirrosis hepática

 

La curcumina -el pigmento colorante de la cúrcuma que está presente en el curry- parece disminuir la posibilidad de aparición de cirrosis hepática a causa tanto una colangitis esclerosante como de una cirrosis biliar primarias provocadas por alteraciones genéticas o por algún proceso autoinmune que lleve a la inflamación de las células hepáticas. Así asegura haberlo constatado un grupo investigador de la Universidad Médica de Graz (Austria) dirigido por Michael Trauner tras analizar la sangre y el tejido de roedores con inflamación hepática antes y después de añadir curry a su dieta entre 4 y 8 semanas. En los ratones así alimentados se vio que el bloqueo de los conductos biliares y el daño tisular eran menores.
Estudios anteriores ya habían constatado que la curcumina previene también la acumulación de las placas de proteína beta-amiloides que se forman en el cerebro de las personas con alzheimer, la artritis -tanto aguda como crónica- y la destrucción ósea siendo igualmente eficaz en distintos tipos de tumores, especialmente de próstata. Sin olvidar que es depurativa y antioxidante, facilita el descenso de los niveles lipídicos elevados, protege el hígado y el colon y es antiespasmódica y diurética.
Hasta aquí la noticia. Nosotros debemos matizar que aunque la palabra curry proviene de kari, término del tamil que se habla al sur de la India y se empleaba para describir cualquier plato que se acompañara  de arroz, hoy se aplica a muchas salsas hechas con especias. Y existen pues muy variadas mezclas que incluyen cúrcuma pero también ají, albahaca, alcaravea, azafrán, canela, cardamomo, cebolla seca, apio, cilantro, comino, fenogreco, jengibre, mostaza, nuez moscada, pimienta de cayena, pimienta y tamarindo. Por tanto no todos los productos con curry tienen los mismos ingredientes ni la misma cantidad de cúrcuma por lo que lo que procede sería usarla directamente.