La flora intestinal, clave en el desarrollo de la esclerosis múltiple

Un equipo de la Universidad de California en San Francisco (EEUU) dirigido por Sergio Baranzini acaba de publicar en Proceedings of the National Academy of Sciences un trabajo según el cual una microbiota alterada por determinadas bacterias puede ser causa de esclerosis múltiple. Los investigadores manipularon genéticamente a un grupo de ratones para provocarles encefalomielitis autoinmune -equivalente murino a la esclerosis múltiple humana– y comprobaron que los libres de patógenos no desarrollaban la enfermedad.

Compararon entonces la microbiota intestinal de 71 enfermos de esclerosis múltiple con la de 71 voluntarios sanos de edades similares y vieron que los primeros tenían niveles muy elevados de dos especies bacterianas –Akkermansia muciniphila y Acinetobacter calcoaceticus– e ínfimos de bacterias del género Parabacteroides. Estudiadas tales bacterias in vitro se comprobaría que las dos primeras inhiben la diferenciación de los linfocitos T reguladores -leucocitos especializados en desactivar la respuesta inmune y el cuerpo no ataque por error a sus propias células como acaece en la esclerosis múltiple- mientras las Parabacteroides la promueven.

Un equipo del Instituto Max Planck de Neurobiología en Planegg (Alemania) coordinado por Gurumoorthy Krishnamoorthy comprobaría por su parte que la microbiota puede inducir una autoinmunidad específica en el sistema nervioso central que contribuya al desarrollo de esclerosis múltiple. Lo que constataron tras trasplantar a ratones genéticamente manipulados para desarrollar encefalomielitis autoinmune flora intestinal de 34 pares de gemelos -de los que uno padecía esclerosis múltiple y el otro no- y comprobar que la patología se desarrollaba en mucho mayor medida entre los roedores que recibieron la microbiota de los hermanos enfermos (lea el lector la noticia La flora intestinal, clave en el tratamiento del cáncer que aparece en este mismo número).