La OMS y PNUMA optan por aplazar la inmediata retirada de los disruptores endocrinos

Que los disruptores endocrinos –sustancias químicas que alteran el normal funcionamiento del organismo- son peligrosos para la salud se sabe desde hace ¡décadas! Hay multitud de trabajos científicos que lo han demostrado. De hecho en la revista hemos publicado varios artículos dedicados al tema, entre ellos los dos titulados ¡Estamos todos altamente contaminados! que aparecieron en los números 58 y 59, el que con el título ¿Podrá la industria química seguir contaminándonos impunemente? se publicó en el nº 64 y el de El agua está contaminada por todo tipo de fármacos que salió en el nº 125.

Pues bien, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) –así lo explicaría Achim Steiner, Subsecretario General de este organismo- han decidido “alertar” de su peligro y pedir con «urgencia» una “investigación más completa” sobre cómo esas sustancias químicas pueden alterar el sistema hormonal y afectar al medioambiente. Y eso que el informe presentado es el más completo hecho hasta la fecha y reconoce ya que esos productos químicos pueden, entre otras cosas, aumentar el riesgo de padecer cáncer –sobre todo de mama, próstata y tiroides- y provocar alteraciones en el sistema nervioso de los niños. De ahí que la Dra. María Neira, directora de la OMS para la Salud Pública y Medio Ambiente, haya aseverado por su parte que «se necesita urgentemente más investigación para obtener una imagen más completa de los efectos sobre la salud y el medio ambiente de los disruptores endocrinos».
En otras palabras, tanto Achim Steiner como María Neira intentan alargar todo lo posible el proceso con la excusa de que hace falta investigar más a fin de tener un panorama completo. Es decir, es “urgente” dedicarse a hacer durante muchos años más investigaciones que avalen lo ya demostrado. De esa forma ambos organismos aparentarán estar “preocupados” y “ocupados” dando más años de tiempo a la todopoderosa industria química para que nos siga envenenando con impunidad. Porque ambos organismos reconocen el peligro de los disruptores endocrinos pero en lugar de exigir su prohibición inmediata aplicando el Principio de Precaución -lo que legalmente es posible y se justifica- han optado por proponer más investigaciones; en otras palabras, han optado por proteger a la industria en lugar de proteger a los ciudadanos.