Los dirigentes de la Organización Médica Colegial y los «pseudoescépticos», angustiados por las demandas judiciales contra ellos

Ni los dirigentes de la Organización Médica Colegial (OMC) ni los «pseudoescépticos» -es decir, los integrantes de la ARP Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, el Círculo Escéptico o la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APEPT)- así como algunos periodistas que colaboran con ellos podían imaginarse que quienes iban a tener que responder ante los tribunales por sus acciones y manifestaciones iban a ser ellos. Por atentar contra la buena imagen y el honor, difamación, calumnias, injurias, coacciones, denuncias falsas, delito contra los consumidores y posible delito de odio. Están anonadados creyendo que podían atacar con impunidad a personas que ejercen legítima y legalmente sus profesiones, miles de ellos médicos que jamás han sido ni denunciados ni condenados, máxime porque ejercen terapias muchas de las cuales están avaladas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El propio presidente de la OMC, Serafín Romero, reconocería su sorpresa tras la charla que dio el 3 de abril de 2019 en un evento organizado por Nueva Economía Forum y BidaFarma -entidad de distribución farmacéutica- tras ser presentado por la exministra Ana Pastor arguyendo que quienes le habían llevado a los tribunales a él y a otros miembros de la Comisión Permanente de la OMC eran un grupo de «ciudadanos descarriados«. Intolerable nueva falta de respeto que llevó de inmediato al letrado Luis de Miguel Ortega a exigirle por escrito el pasado 8 de abril a que se disculpase públicamente advirtiéndole que de no hacerlo se enfrentaba a una nueva «acción jurisdiccional».

Igual de atónito ante tantas denuncias se mostró Fernando Frías, miembro de algunas de esas asociaciones escépticas, abogado y asesor legal de algunos de los acusados: «Hasta ahora la gran mayoría de quejas hacia los escépticos no iban más allá de las amenazas. En las últimas semanas, en cambio, están llegando cada vez más burofaxes, demandas de rectificación y conciliación, denuncias y querellas en los que se acusa a los escépticos de injurias, calumnias e incluso delitos de odio por sus críticas». Así se recoge en el artículo ‘Boom’ de denuncias por cuestionar las seudoterapias publicado el pasado 6 de abril en El Periódico por Valentina Raffio, defensora de los pseudoescépticos que terminó su carrera de periodismo en 2017 a pesar de lo cual presume de ser tanto «periodista científica» como «periodista especializada en Ciencia» aunque no posee título académico en disciplina científica alguna. Es más, reconoce en Internet que uno de sus objetivos es «contribuir a fomentar el pensamiento crítico» y que ha colaborado «en proyectos de investigación relacionados con la penetración de las pseudociencias en la sociedad«.

No es pues de extrañar que en el artículo citado de cancha a Vicente Prieto -presidente del Círculo Escéptico que según ella es «una de las principales asociaciones de críticos con las pseudoterapias del país»- según el cual «los gurús de las pseudoterapias utilizan todas las armas legales disponibles para proteger sus intereses económicos». Eso es lo que piensa de los profesionales agredidos que han decidido por fin defenderse de tanto insulto gratuito. Claro que la propia Valentina Raffio no duda en su texto de calificar a quienes han decidido ir a los tribunales de «curanderos».

Asimismo da voz a Fernando Cervera, pseudoescéptico al que califica de «divulgador científico y crítico de las pseudoterapias» según el cual «en el último año he recibido más de 10 amenazas de denuncia, dos demandas de conciliación de asociaciones de profesionales pseudocientíficos y una demanda civil. Me acusan, entre otros, médicos que emplean las ‘vibraciones cuánticas’ o la introducción de agua y ozono por el recto como terapia». Y añade: «Las denuncias son la forma más clara y directa que tienen de silenciarlos. O, al menos, de intentarlo. Se trata de una estrategia de acoso y derribo con la que atacan a todos aquellos que se atreven a denunciar públicamente unas prácticas con las que se están estafando a centenares de pacientes y que, en el peor de los casos, incluso le pueden costar la vida a una persona». Es decir, otro personaje indignado de que las víctimas de sus ataques acudan a los tribunales.

El último personaje al que Valentina Raffio da cancha en su artículo es a Emilio Molina, vicepresidente de la Asociación para Proteger al Enfermo de las Terapias Pseudocientíficas (APETP), según el cual «los críticos sabemos que tenemos a la evidencia científica de nuestro lado. Pero no es suficiente. Los curanderos disponen de tiempo y recursos para invertir en su defensa, algo que nosotros no siempre tenemos. Así que al final del día, lleguen las amenazas que lleguen, tenemos que tener clara una cosa: no tienen razón, tienen dinero». Claro que Molina tiene motivos para estar muy preocupado pues la Fundación de Terapias Naturales y la Asociación de Consumidores ACUS denunciaron en febrero pasado ante la Fiscalía General del Estado a la APETP y lo mismo hizo la Asociación Nacional de Profesionales y Autónomos de las Terapias Naturales (COFENAT); es más, ésta última entidad está estudiando otra querella contra él por calificarla de “secta peligrosa”.

En fin, no son buenos tiempos para quienes gratuita e injustamente llevan años tildando de curanderos sin escrúpulos y estafadores a profesionales de la salud jamás denunciados ni condenados que ejercen sus profesiones legal y libremente.