Muere el doctor Jacques Benveniste

Fue el primer científico que planteó que el agua tiene «memoria»

El mundialmente famoso médico francés Jacques Benveniste murió el pasado 3 de Octubre en París a los 69 años. La fama de este singular investigador comenzó cuando el 30 de Junio de 1988 un grupo de inmunólogos dirigido por él en Francia, Israel, Canadá e Italia comunicaba al mundo a través de la prestigiosa revista Nature un sensacional descubrimiento: el agua tiene “memoria”. Según este grupo de investigadores las moléculas de un soluto (anticuerpos, antígenos, enzimas, etc.) pueden “imponer” su imagen al solvente de tal manera que cuando tales moléculas ya no se encuentran presentes aún entonces puede detectarse su reactividad. En otras palabras, justificaba científicamente –entre otras cosas- la Homeopatía. Claro que los editores de Nature aceptaron publicar aquel artículo -que ponía en entredicho conceptos clásicos en ciencia (la teoría atómica, el número de Avogadro, la estructura del agua…)- con la condición de poder visitar su laboratorio, repetir allí bajo control los experimentos y publicar sus propias conclusiones. Sólo que ese “equipo” terminó estando integrado por el propio editor de la revista J. Maddox, por W. W. Stewart –un experto en fraudes- y por James Randi -un popular “mago”- llegando a la “conclusión” de que los resultados no debían ser aceptados porque a su entender las precauciones tomadas para hacer los experimentos no estuvieron a la altura del extraordinario carácter de su interpretación, los fenómenos descritos no son reproducibles, no se realizaron esfuerzos serios para eliminar errores y el clima del laboratorio fue hostil para realizar una evaluación objetiva de los datos. Benveniste –un reputado científico entonces- pudo responder en la propia Nature a esas acusaciones pero lo hizo en un tono muy emocional y polémico que quitó fuerza científica a sus argumentos. Y es que según afirmaba los miembros del equipo enviado por la revista adoptaron una actitud más propia de científicos amateurs y policías vocacionales que de expertos científicos y se dedicaron a buscar pruebas de un presunto fraude como si de antemano hubieran dado por hecho que existía. Beneveniste denunció las constantes sospechas del grupo, el temor generado en su equipo y la presión psicológica e intelectual que ejercieron sobre ellos en el laboratorio. Habló incluso de “incompetencia”, “caza de brujas” y “persecuciones macartistas”. Claro que tal argumentación puede parecer inimaginable sólo a quien no conozca al simpático mago y perfecto embaucador James Randi, personaje risueño capaz de sacar de sus casillas a cualquier persona bienintencionada y cuya credibilidad como “experto científico” para alguien roza lo grotesco. Es evidente que quien incluyó a Randi en el equipo sabía muy bien lo que hacía. Porque desde ese momento no importaba ya si lo descubierto Benveniste era verdad pues Randi se encargaría de ridiculizarle; y si podía, haría lo mismo con su trabajo. El mero hecho de que al editor de Nature le acompañara además de Randi sólo un “experto en fraudes” demuestra claramente la intención con la que se había acudido.
Posteriormente, por supuesto, los resultados de Benveniste fueron tratados ya en el ámbito científico. Y así, K. Suslick -de la Universidad de Illinois (EE.UU)- sugería que quizás la degranulación observada por Benveniste resultara del daño celular causado por moléculas altamente reactivas producidas por la turbulencia de la fuerte agitación de las diluciones, etapa crucial en los experimentos. Por su parte, J. L. Glick -de la Corporación Bionix (EE.UU) responsabilizaría de ello a la heparina, un polisacárido de configuración helicoidal que está presente en todas las diluciones. Según él esa sería la molécula con memoria y no el agua. Una explicación similar a la que ofrecería M. J. Escribano -del Centro Nacional para la Investigación Científica de Villejuif (Francia). J. Lasters y M. Bardiaux -de Plant Genetic Systems (Bruselas) achacarían por su parte el fenómeno a una contaminación de las diluciones sucesivas por aerosoles. En suma, el asunto no se cerró. De hecho, al menos tres laboratorios intentaron reproducir los experimentos de Benveniste sin lograrlo lo que demuestra que no se tomaron a simple broma, como haría Nature, sus investigaciones. Obvio resulta decir que en los últimos quince años numerosos científicos han seguido los pasos de sus investigaciones.
Cabe añadir que cuando publicó su artículo en Nature Jacques Benveniste era uno de los científicos más reputados del planeta y con mayor número de publicaciones en el ámbito de la Inmunología. Al punto de que en 1971 su descubrimiento de un factor activador de las plaquetas sanguíneas había llevado su nombre a los manuales de Medicina de todo el mundo y a estar en la lista de candidatos al Premio Nobel. Hoy, otros muchos investigadores que se dedicaron a estudiar las posibilidades del agua –y de algunos de los cuales hemos hablado en la revista- han reivindicado suficientemente su nombre y su trabajo. Aunque ello moleste a sus interesados detractores.