Quieren aumentar hasta la náusea el negocio de las peligrosas estatinas

La Asociación Americana del Corazón y el Colegio Americano de Cardiología -entidades al servicio de la gran industria farmacéutica- quieren ahora que sus asociados -cuyas opiniones por supuesto no son requeridas jamás a pesar de ser quienes están en contacto con los enfermos- receten estatinas no solo en caso de tener altos los niveles de colesterol sino siempre que se sufra de obesidad, sedentarismo y diabetes por entender que estas “condiciones” son también “factores de riesgo cardiovascular”. La decisión la tomó un panel de “expertos” -ya se sabe que es más fácil “convencer” a unos cuantos médicos que a miles- coordinado por Neil Stone, de la Universidad Northwestern (Illinois, EEUU). Para lo cual han elaborado unas “guías” asegurando en su propaganda que servirán para reducir el número de estadounidenses tratados con estatinas a pesar de que los expertos independientes calculan que con su uso en lugar de tomarlas el actual 15,5% lo hará en breve un 31%; es decir, unos 35 millones de personas. Es más, hay ya hasta “expertos” que aconsejan ahora dar estatinas a todo adulto de más de 45 años alegando -falsa y gratuitamente- que son ¡anticancerígenas!
Nosotros recomendamos el lector que lea en nuestra web –www.dsalud.com– los artículos que con los títulos La injustificable demonización del colesterol, ¿Causan las estatinas recetadas para bajar el colesterol las enfermedades neurodegenerativas?, Las estatinas, además de peligrosas, no sirven para prevenir patologías y Dr. Dwight Lundell: “Las patologías cardiacas no las provoca el colesterol sino la inflamación arterial” publicamos en los números 90, 91, 131 y 150 respectivamente.
Es más, quisiéramos recordar que la primera noticia sobre los peligros de los estatinas la publicamos ya en el nº 32 -octubre de 2001- cuando dimos a conocer la retirada de las farmacias de Lipobay -fármaco contra el colesterol fabricado por la multinacional alemana Bayer– tras comprobarse que al interaccionar su principal principio activo –la cerivastatina– con otro principio activo –el gemfibrozilo– había provocado decenas de muertes obligando a otros laboratorios a retirar también sus fármacos por contener ese mismo principio: Liposterol, Vaslip y Zenas. Y a millones de personas a cuestionarse seriamente la conveniencia de tomar productos farmacológicos para disminuir los niveles de colesterol en sangre. Y no sólo de los mencionados ya que además de esas muertes los fármacos provocaron muchos casos de miopatía y rabdomiólisis.
Todo ello llevó de hecho al grupo ciudadano estadounidense Public Citizen a denunciar que otros cinco fármacos anticolesterolemiantes podrían también haber causado la muerte de otras 81 personas: Lipitor, Mevacor, Pravachol, Zocor y Lescol. El doctor Sidney Wolfe -del Grupo de Investigación de Salud de esa organización- aseguraría en una carta que envió a la FDA que “mucha gente que toma esas medicinas podría sufrir graves daños musculares e incluso morir”.
En el nº 63 (Julio-Agosto de 2004) contamos asimismo que Public Citizen había solicitado a la FDA la retirada de la rosuvastatina fabricada por AstraZeneca debido a que se habían registrado varios casos de rabdomiólisis así como problemas de fallo o insuficiencia renal. Petición que hizo sólo cuatro días después de que la multinacional enviase una carta a los médicos británicos insistiendo en que debían recetar la dosis mínima para evitar efectos indeseados.
Dos números después -en el 65 (Octubre de 2004)- explicamos que el tratamiento precoz de estatinas a dosis elevadas no sólo no ayuda cuando una persona ha sufrido una angina o un infarto de miocardio sino que puede agravar su estado a causa de sus efectos secundarios pues así lo indicaba un trabajo presentado en el Congreso Europeo de Cardiología que se publicó en Journal of the American Medical Association (JAMA) elaborado por investigadores del Centro Médico de la Universidad del Suroeste de Texas (EEUU) con 4.500 personas. Y poco después la FDA obligaba a la empresa fabricante a bajar la dosis inicialmente recomendada de 80 mg de simvastatina que se sugería en el prospecto, a añadir algunos efectos secundarios y a incluir nuevas advertencias con las interacciones que tiene el producto con otros fármacos. En lugar de retirarlo. Aunque lo más grave y lamentable es que la FDA ya había reconocido antes que la cerivastatina -otra estatina– aumentaba el riesgo de sufrir miopatía entre 16 y 80 veces después de unos años de uso. Y esa vez sí terminó retirando el fármaco del mercado.
Y ya entonces explicamos a nuestros lectores que la simple vitamina C es mucho más eficaz que las estatinas para bajar el nivel de colesterol, más barata, carece de efectos secundarios, no tiene interacciones negativas y en forma de ascorbato cálcico ni siquiera hay riesgo de sobredosis sugiriéndoles que leyeran el reportaje que sobre los problemas cardiovasculares publicamos en el nº 64. Y seis meses después -en el nº 69 (febrero del 2005)- contábamos que la FDA había denunciado la “publicidad engañosa” de AstraZeneca sobre el anticolerestemiante Crestor: «Los anuncios son falsos y engañosos», dijo con contundencia la agencia estadounidense.
Es pues lamentable no ya que tales productos inútiles, ineficaces y peligrosos se sigan vendiendo solo porque es un fabuloso negocio sino que los gobiernos lo consientan porque hay mucha gente dispuesta a hacer caso siempre a su médico aunque éste sea un “docto ignorante”.