UN INFORME DEL DEUTSCHE BANK PRONOSTICA QUE LOS CULTIVOS TRANSGÉNICOS SE IRÁN A PIQUE

 

El rechazo de los europeos a los alimentos transgénicos ha creado una fuerte demanda de productos con garantía de no haber sido manipulados genéticamente. Según un informe del Deutsche Bank al que ha tenido acceso Greenpeace, el mercado de los cultivos transgénicos se irá a pique.
El informe elaborado por el banco alemán afirma que esto ocurrirá una vez que los consumidores norteamericanos exijan el derecho a saber si los alimentos que están consumiendo son o no transgénicos y se generalicen los análisis de ADN como norma.  Según  una reciente encuesta en EE.UU. reflejada en el informe del Deutsche, “el 50% de los americanos piensan que no hay productos transgénicos en los alimentos que consumen cuando aproximadamente los hay en el 60% de los productos procesados”.
En EE.UU., tanto el organismo competente (FDA) como las compañías biotecnológicas han tratado de evitar un doble mercado oponiéndose al etiquetado de alimentos y no dando así una opción al consumidor. La FDA ha aprobado los alimentos transgénicos basándose en la opinión, sin base científica, de que los transgénicos son “equivalentes” a sus homólogos no transgénicos; es decir, que “una patata es una patata” y no hace falta probar su inocuidad.
“La introducción de genes extraños en el material genético de un organismo puede causar reacciones imprevisibles que, si no se buscan, efectivamente no se encuentran”, hadeclarado en ese sentido Ricardo Aguilar, director de campañas de Greenpeace España. Una coalición de grupos de consumidores y ecologistas – e incluso de algunos grupos religiosos- han demandado a la FDA para obligarle a hacer estudios de los posibles efectos de los distintos alimentos transgénicos en la salud humana.
Según el análisis del Deutsche Bank, los consumidores europeos, que tienen mayor cultura de los alimentos tradicionales y están más concienciados sobre los problemas alimentarios debido a la reciente crisis de las “vacas locas”, han respondido con un “gracias, pero no” a los transgénicos.
Las mayores cadenas de alimentación en Austria, Alemania y el Reino Unido (como Marks&Spencer, Schöller, Rewe yUnilever) han eliminado de sus marcas los productos transgénicos. Esto ha creado una fuerte demanda de cultivos de variedades tradicionales pagándose primas de entre 2 a 25 centavos más por “canasta” de maíz o soja no transgénicos en EE.UU. A pesar de la política del Gobierno norteamericano contra la separación de las cosechas transgénicas, algunas grandes plantas procesadoras han comenzado ya a hacerlo.
“Cuando los norteamericanos, al igual que los europeos y otros países, exijan el etiquetado y puedan elegir, su reacción puede causar el colapso del mercado de los cultivos transgénicos, como sugiere el Deutsche Bank. Hay ya numerosos grupos de consumidores y científicos en todo el mundo pidiendo la prohibición de los organismos transgénicos en tanto no se hagan estudios en profundidad, tal y como se hacen con sustancias aditivas. El único motivo por el que se han introducido a marchas forzadas, sin las debidas garantías y a espaldas de los consumidores, han sido las expectativas de fabulosas ganancias y el control del mercado de materias primas alimenticias por las compañías agrobiotecnológicas”, añade  Ricardo Aguilar.
Por otra parte, una reciente decisión de Codex Alimentarius, organismo competente de las Naciones Unidas sobre seguridad alimentaria -apoyando la prohibición de la Unión Europea de la hormona modificada por ingeniería genética para aumentar la producción de leche de las vacas, en contra de las pretensiones de Estados Unidos por que se autorizase en la comunidad europea y en Canadá- ha sido un fuerte revés para Monsanto, la compañía propietaria de la patente.
Hasta ahora los análisis de ADN para garantizar que los productos alimenticios están libres de transgénicos o que sólo se importan variedades autorizadas en la Unión Europea no se han practicado. Según el informe del Deutsche Bank, una vez que esta práctica se convierta en estándar la separación de las cosechas será obligada y la posibilidad de los consumidores a elegir hará que el mercado de transgénicos se hunda.
Debido a la falta de inspección mediante análisis de ADN de los productos en el mercado por parte de los organismos estatales, Greenpeace ha encargado a un laboratorio una serie de análisis de productos comercializados en España que tienen como componentes principales soja y maíz así como de alimentos para bebés y en breve publicará los resultados.