Crioterapia extrema: tratamiento de las enfermedades ¡a 175 grados bajo cero!

 

Que el frío es útil para controlar la inflamación tras un golpe traumático lo sabe hoy todo el mundo porque no hay deporte de competición en el que no hayamos visto a alguien con una gran bolsa de hielo tras hacerse daño aplicada en la zona afectada. Lo que en cambio poca gente sabe es que desde hace más de dos décadas hay quien trata numerosas patologías con esta técnica -que ha dado en llamarse Crioterapia– y mucha menos aún que existen cabinas que permiten tratar diversas patologías introduciéndose en ellas varios minutos ¡a 175 grados bajo cero! La doctora Montserrat Palacín, miembro de nuestro Consejo Asesor, nos lo cuenta en primera persona.

Han pasado ya más de 20 años desde que la vida me dio la oportunidad de conocer a un singular médico japonés, el Dr. Toshima Yamauchi, creador de un apenas conocido método llamado Whole Body Cryoterapy Method of Extreme Cold –175º C, es decir, Crioterapia en todo el cuerpo a 175 grados bajo cero. En aquellos años aún estaba aprendiendo cómo podía ayudar de verdad a mis pacientes ya que apenas contaba con recursos terapéuticos realmente eficaces para tratar los problemas graves del aparato locomotor pues evitaba prescribir antiinflamatorios debido a sus graves efectos secundarios. Y ésa fue la razón de que inicialmente me interesase por la crioterapia local, es decir, por la aplicación de saquitos de hielo envueltos en un paño húmedo en la zona inflamada o dolorosa. Pero claro, entre ese método tan rudimentario y el del Dr. Yamauchi, que proponía meter a los pacientes unos minutos en una cámara frigorífica a temperaturas de ¡175 grados bajo cero! había ciertamente un abismo. Y lógicamente me pregunté al saber de su propuesta si tendría base científica un método que, francamente, en aquellos momentos me pareció disparatado.

Debo decir que no es habitual entre la clase médica –la hospitalaria, sobre todo- escuchar cualquier propuesta o teoría no bendecida oficialmente pero yo me precio de atender siempre, por descabellado que inicialmente me parezca, todo lo que alguien crea haber descubierto. Nunca juzgo apriorísticamente. Y luego, si me parece interesante lo que se me explica, busco más información. Una actitud gracias a la cual he descubierto verdaderas “joyas terapéuticas”. Como la Reeducación Postural Global (RPG) que cambió mi vida profesional al permitirme tratar un gran número de problemas mecánicos -artrosis, tendinitis, hernias de disco, escoliosis, cifosis, dolor, contracturas…- cuyo denominador común es la rigidez de los músculos estáticos (invito al lector a leer en la web de esta revista –www.dsalud.com– el artículo que sobre esta terapia publiqué en el nº 49). Y es que muy a menudo basta devolver la elasticidad a las cadenas musculares que están rígidas para resolver numerosas patologías pues al hacerlo actuamos sobre la causa de la mayoría de los problemas del aparato locomotor. De hecho se logra así frenar la artrosis, suprimir el dolor y mejorar la postura y la funcionalidad. Y es importante entender esto porque hoy los reumatólogos no tienen otra solución que recetar antiinflamatorios o recurrir a la cirugía.

De hecho hoy puedo asegurar que la fisioterapia tradicional está abocada al fracaso porque sigue pensando erróneamente en problemas de debilidad muscular, convicción que está causando estragos terapéuticos ya que por ello el paciente es con frecuencia enviado a hacer ejercicios de tonificación cuando eso lo que realmente hace es empeorar el problema real -que es la rigidez muscular- y aumentar la compresión articular propiciando la formación de artrosis. La práctica de los estiramientos no tiene en cuenta el problema globalmente y no trabaja el bloqueo inspiratorio; por eso son a menudo ineficaces.

Bueno, pues debo añadir que incluso este formidable método terapéutico no es suficiente para tratar casos de artrosis avanzada, artritis reumatoide o ayudar a los pacientes con problemas neurológicos de espasticidad. En tales casos es necesario a menudo recurrir a una prótesis de cadera o rodilla. Así que llegó un momento en el que me pregunté: ¿será eficaz en tales casos la Crioterapia? Y decidí seguir un curso con el Dr. Yamauchi.

Bien, pues en él éste mostró un amplio número de diapositivas en las que los presentes pudimos constatar resultados realmente extraordinarios. Desde uremias y diabetes que se corregían hasta articulaciones totalmente anquilosadas (véanse la fotos adjuntas) en las que al cabo de unos meses de tratamiento con Crioterapia ¡reaparecía la interlinea articular! Es decir, se constataba que se había regenerado el cartílago. O cómo se enderezaban unos dedos totalmente deformados. Y yo me decía: ¿cómo va a ser posible regenerar un cartílago destruido? Es imposible. Ninguna terapia puede obtener un resultado así. Pero las radiografías así lo indicaban. Y entonces, ante la evidencia,. me preguntaba: ¿cuál será el mecanismo de acción?

Hoy empiezo a saber las respuestas a las preguntas que inicialmente me formulé. Y sé por ello que la Crioterapia, cuando se aplica a una temperatura tan baja en todo el cuerpo, actúa de forma especialmente enérgica sobre el músculo reduciendo su hipertonía y espasticidad. La supresión del freno muscular suprime el efecto de compresión sobre las articulaciones permitiendo así que el cartílago se regenere.

Fue cuando entendí que en realidad Yamauchi había constatado lo mismo que Philippe Souchard: que es la rigidez muscular la causa fundamental de la artrosis. Y que la Crioterapia estimula con su frío intenso las miofibrillas –las células de las que están compuestos los músculos- y las neuronas gamma de la médula espinal que regulan el tono muscular.

Entendí asimismo que la Crioterapia podía por ello potenciar los resultados que se obtienen con la Reeducación Postural Global. Y que además de carecer de efectos secundarios ambos métodos tienen un efecto antienvejecimiento. La Reeducación Postural Global sobre el sistema musculoesquelético y sobre la respiración y la Crioterapia, de forma más general, al estimular el metabolismo energético y las funciones neuroendocrinas.

Añadiré que, impresionada con los resultados que se obtienen con la Crioterapia, me entrevisté en su día con algunos directores médicos para explicarles sus posibilidades pero nunca obtuve no ya respuestas sino ni siquiera el más mínimo interés. Bueno, tuve que escuchar a veces las tan cacareadas como absurdas excusas de que eso “no está probado científicamente” o “si eso fuera verdad se sabría”, peregrinos argumentos que demuestran la enorme ignorancia de quienes tal cosa dicen porque la historia de la Medicina está llena de descubrimientos tan importantes como clínicamente útiles que los guardianes de la ortodoxia médica no permitieron en sus respectivas épocas difundir atrasando con ello durante décadas -cuando no durante siglos- conocimientos básicos a médicos y enfermos.

Y es que, ¿qué significa eso de que algo "no está probado científicamente"? ¿Que no ha sido publicado en “revistas de prestigio"? Como ha denunciado Discovery DSALUD en numerosas ocasiones el hecho de que un trabajo aparezca publicado en una de esas revistas no garantiza hoy ni que el trabajo sea serio ni que sus resultados sean fiables. Y, por supuesto, tampoco implica en absoluto nada que se rechace la publicación de alguno. De hecho muchos se rechazan simplemente si constituyen una amenaza para los intereses de la gran industria farmacéutica.

Voy a ir incluso más allá en mis afirmaciones: lo que se llama “ciencia” hoy día no es más que una nueva forma de fanatismo. En la Edad Media predominó el fanatismo religioso; hoy lo que predomina es el fanatismo científico. Se ha divinizado a la Ciencia y a sus sacerdotes, los científicos (siempre que sean éstos ortodoxos, es decir, hayan sido bendecidos por los Sumos Sacerdotes de la inexistente Comunidad Científica –pura entelequia- ya que los demás son herejes de la ciencia). Como si el actual conocimiento científico fuera absoluto y éste pudiera dar explicaciones a los misterios de la vida y el Universo.

En pocas palabras: hoy se sabe que muchas de las consideradas en las últimas décadas “verdades científicas” no se basan sino en trabajos sesgados cuando no claramente manipulados. Carecen de seriedad y rigor.

Y lo malo es que son esas supuestas “verdades científicas” las que en el ámbito sanitario están atando de pies y manos a la inmensa mayoría de los médicos que ya no se atreven a sacar partido ni a sus conocimientos ni a hacer caso del sentido común que es lo que siempre guió a los excelentes médicos de cabecera de antaño antes de que intereses espurios dictaran las normas a seguir –protocolos los llaman para darles apariencia de seriedad- convirtiendo a los actuales profesionales de la enfermedad –que no de la salud- en meros recetadores de fármacos sin criterio propio.

Pero volvamos a Yamauchi y al origen de la Crioterapia. Porque éste nos contaría -¡cuántas veces los hallazgos científicos no son sino el fruto de atentas observaciones por personas con notables capacidades de deducción- cómo se planteó esta posibilidad. Resulta que en su clínica había enfermos artríticos ingresados y una noche especialmente fría uno de ellos se perdió quedando durante horas -hasta el amanecer- a la intemperie. Sin embargo al encontrarle vieron que en lugar de haber empeorado sus dolores reumáticos habían mejorado notablemente. Y fue ese hecho –al que otro médico no hubiera dado importancia- el que hizo pensar a Yamauchi y significó el punto de partida en la aplicación de la Crioterapia sistémica –es decir, a nivel general, sometiendo a ella todo el cuerpo- en lugar de la local como se había hecho tradicionalmente.

AÑOS DESPUÉS

Debo decir que aquel curso me pareció muy interesante pero como no vi la posibilidad de traer la terapia a España tuve que abandonar la idea de practicarla: Y los años pasaron. Hasta que hace poco leí en el nº 10 de la revista Medicina antienvejecimiento un artículo del Dr. Fernando Urdiales -especialista en Medicina Estética y Antiaging- en el que éste contaba que en Polonia la Crioterapia está hoy muy difundida. Hasta el punto de que existen ¡más de 100 criocámaras! repartidas por todo el país por las que diariamente pasan unas 25.000 personas para recibir una sesión de Crioterapia de 2 minutos en todo el cuerpo. Y encima ¡financiadas por la Seguridad Social!

Me faltó tiempo para contactar con él. Quería que me hablara de su experiencia, de lo que había averiguado y, de paso, que me dijera si era posible vivir la experiencia. Deseaba sentir en mi propia piel la sensación de permanecer en una criocámara a 175 grados bajo cero. Entonces me contó que había iniciado una prueba piloto con 1.000 pacientes en Jerez de la Frontera donde en la actualidad existe la única criocámara de nuestro país -en estos momentos inactiva por cierto- y tuvo la amabilidad de ponerme en contacto con una empresa de Palma Mallorca –el Grupo Dironte– que representa en España a la empresa polaca Creator que no sólo tiene la patente de fabricación de las criocámaras –se exportan ya a varios países- sino que también disponen de varios centros de fisioterapia y alto rendimiento deportivo en los que se combina el frío con otros procedimientos terapéuticos.

Fue así como finalmente -en noviembre del 2008- pude visitar un centro oficial de alto rendimiento deportivo en Wroclaw (Polonia) por cuya criocámara pasan diariamente 250 personas entre deportistas y pacientes (la muestro en la foto nº 1 y explicaré que la puerta de la izquierda corresponde a la antecámara y es por donde entran los bañistas; la segunda puerta es la de salida y corresponde a la cámara más fría en la que los pacientes permanecen unos 2 minutos).

Se trata de una criocámara absolutamente informatizada que permite al personal que la maneja seguir en pantallas los parámetros que aseguran que todo esté bajo control y en la que, por razones de seguridad, la puerta puede abrirse desde dentro y dispone de un sistema de calefacción alrededor del marco que impide que se pueda atrancar por congelación. En la foto nº 2 me encuentro a punto de entrar en la criocámara vestida –como se me pidió- con una ligera blusa y pantalón corto de algodón además de calcetines, guantes, zuecos de madera y una máscara protectora para la nariz y las orejas. Confieso que sentía un poco de inquietud antes de entrar y sólo la apariencia impasible de los criobañistas -algunos de más de 80 años- que salían tras su turno me animó a entrar algo más relajada con mi grupo (éramos seis personas).

Una vez en la antecámara –que está a 60 grados bajo cero- nos harían pasar casi de inmediato a la más fría que aquel día estaba graduada a “sólo” 130º bajo cero. Pues bien, debo decir que en el traslado de una a otra (foto nº 3) experimenté una sensación indescriptible, completamente desconocida para mí hasta entonces. En ningún momento dolorosa pero sí muy intensa. Una vez dentro me puse junto a mis compañeros a caminar en círculo durante 120 segundos que, lo confieso, se me hicieron eternos. Sólo el hecho de saber que en cualquier momento podía abrir la puerta de madera para salir, que la vigilancia por parte del personal era intensa y que el sistema de seguridad era muy bueno me animó a completar la experiencia. Y no solo esa vez porque viví la experiencia 5 días consecutivos. Agregaré que la foto nº 5 muestra la nube que se forma al abrir las puertas y corresponde a la congelación del vapor de aire expirado por los criobañistas.

Reconozco que se sale eufórico de la criocámara. Luego se nos pasaría a una sala contigua para realizar una tabla de gimnasia dirigida por un monitor y fue donde comprobé que la zona de la piel que no queda cubierta por la ropa al estar a tan baja temperatura -por ejemplo, las rodillas- aparece completamente roja debido al incremento del flujo sanguíneo.

Y ahora, con el permiso del Dr. Urdiales, voy a transcribir un párrafo de su artículo en el que explica excelentemente qué es esta terapia y cuáles son sus efectos terapéuticos constatados porque no creo poder mejorar la explicación: “La Crioterapia es una técnica terapéutica médica que consiste en someter al organismo a temperaturas extremadamente bajas durante pocos minutos con objeto de beneficiarse de los efectos analgésicos, antiinflamatorios y estimulantes del frío intenso. Hace más de 20 años que los japoneses la utilizan para tratar enfermedades que cursan con dolor e inflamación, agudas o crónicas. En Europa los pioneros fueron los polacos con el Dr. Zagrobelny -del Instituto de Ciencias del Frío de la Universidad de Wroclaw- a la cabeza de todas las investigaciones a nivel mundial sobre el tema (…) En el Hospital Clínico de Varsovia existe una criocámara instalada desde hace más de 5 años por la que pasan diariamente de 300 a 500 pacientes que proceden de distintos servicios: Traumatología, Reumatología, Neurología, Dermatología, Ginecología y Medicina Interna. Los pacientes son remitidos por médicos que conocen los efectos terapéuticos del frío en sus respectivas especialidades. Los beneficios son claros y están demostrados científicamente ya que los pacientes mejoran de sus procesos crónicos utilizando menos medicamentos y con menos efectos secundarios. Las principales indicaciones son:

-Artrosis y artritis.
-Osteoporosis.
-Regeneración biológica en medicina antienvejecimiento.
-Lesiones deportivas.
-Traumatismos.
-Fibromialgia.
-Contracturas musculares.
-Discopatías.
-Mejoría del rendimiento deportivo.
-Neuropatías.
-Insuficiencia circulatoria venosa.
-Celulitis.
-Estados inmunodepresivos.
-Psoriasis.
-Trastornos bipolares”.

RECONOCIMIENTO CIENTÍFICO

Hasta aquí el texto del Dr. Urdiales. Agregaré que en la revista Biomedical Engineering de enero del 2006 se publica –se trata de un monográfico dedicado a la Crioterapia– un artículo de la Dra. Halina Gregorowicz y otros titulado Systemic cryotherapy. Indications and contraindicatios donde explica el efecto relajante muscular e inhibidor de las motoneuronas gamma de la médula que regulan el tono muscular que producen esas criocámaras. Un efecto relajante que está siendo ahora estudiado para intentar reducir la espasticidad en los enfermos de esclerosis múltiple y parkinson así como en los niños con parálisis cerebral infantil.

Cabe añadir que otro de los trabajos publicados en esa revista es Application of Cryotherapy in Fibromialgia Treatment (Aplicación de la Crioterapia en el tratamiento de la fibromialgia) donde se hace una evaluación de los síntomas y signos antes y después del tratamiento con resultados muy alentadores pues aparte del poderoso estímulo sobre el metabolismo energético y neuroendocrino el frío intenso tiene un efecto euforizante y antidepresivo.

Otros dos trabajos –Cryotherapy in treatment and rehabilitation process of multiple sclerosis patients (Crioterapia en el tratamiento y proceso de rehabilitación en pacientes de esclerosis múltiple) y Application of systemic cryotherapy in rehabilitation of children and youth suffering from infantile cerebral palsy (Aplicaciones de la Crioterapia sistémica en la rehabilitación de niños y jóvenes afectos de parálisis cerebral infantil) analizan por su parte las posibilidades de este método para reducir la espasticidad de esos enfermos que es la principal causa de deterioro progresivo e invalidez.

Termino este breve texto afirmando que a mi juicio los prometedores resultados obtenidos deberían ser motivo suficiente para que los expertos de las especialidades mencionadas se plantearan seriamente apoyar la introducción de criocámaras en nuestras clínicas y hospitales. Serían mucho más útiles que los agresivos tratamientos farmacológicos actuales. Claro que para poder lograr algo los directivos de los centros sanitarios deberían antes dejar de actuar como romos funcionarios y ponerse, por ejemplo, en la piel de un enfermo afectado de artritis reumatoide grave, de artrosis avanzada o de una enfermedad neurológica espástica. Porque estoy segura de que si fueran ellos o sus familiares los que sufrieran el yugo de la rigidez muscular invalidante seguro que entonces sí se interesaban por la Crioterapia. Solo me queda añadir que la Crioterapia está contraindicada en casos de claustrofobia, sensibilidad al frío, crioglobulinemia, enfermedad de Raynaud, urticaria por frío, gangrena, neuropatía del sistema nervioso simpático, hipotiroidismo, claudicación intermitente, anemia, alcoholismo, medicación con neurolépticos, caquexia, hipotermia y enfermedades graves en general.

En fin, confío en haber suscitado el interés por este método de algunos lectores, especialmente entre mis colegas médicos. Tal vez alguien se anime a invertir en este proyecto innovador cuyos costes de instalación no son excesivos.

 

 Dra. Montserrat Palacín

 

Este reportaje aparece en
121
Noviembre 2009
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