El tratamiento de las enfermedades con hipnosis

 

A muchas personas las cuesta aceptar aún que con la hipnosis pueda ser posible no sólo proporcionar una notable mejoría en muy diversas patologías sino incluso propiciar la sanación de enfermedades consideradas incurables. Lo ignoran incluso muchos médicos a pesar de que hace ya años que la Hipnosis Clínica se imparte en la Universidad. No es pues una cuestión discutible: está fehacientemente demostrado. Miles de testimonios en todo el mundo constatan esa realidad. Y su explicación es sencilla… para quienes escuchan y no cierran sus mentes a lo que no entienden. Ángel Mateo, un hipnólogo clínico que acaba precisamente de superar un cáncer gracias a la hipnosis inducida –vea el reportaje sobre ello en el nº 54 de la revista o en nuestra web (www.dsalud.com)-, nos introduce en el tema.

Debo empezar diciendo que el simple hecho de llevar a alguien a un estado hipnótico no cura nada. Es la terapia que se aplica en ese estado la que lo hace posible. Ni hay nada fulminante o espectacular. Eso sí, se trata de una técnica muy rápida en sus conclusiones, directa en la operativa y eficaz en los resultados.

Conviene añadir que hay muchas definiciones de hipnosis, casi todas incompletas y ciertas a la vez, por lo que no entraré a valorarlas. Voy a limitarme a detallar qué es y cómo se aplica. Bástele saber al lector no versado en el tema que el estado hipnótico no es sino una situación de trance artificial inducido al que se llega mediante una relajación progresiva. En suma, podría decirse que es un estado de relajación profunda.

De hecho, cuando de forma natural nos abstraernos de todo lo que nos rodea al concentrarnos en algo que despierta mucho nuestro interés y no captamos apenas nada ajeno a ello también estamos en estado hipnótico… aunque sea más leve y no haya sido inducido a propósito.

El estado hipnótico, en suma, se alcanza induciendo voluntariamente en el paciente una relajación cada vez más profunda que se parece al estado de duermevela en el que el consciente se “desconecta” casi por completo mientras el subconsciente se “abre” y las funciones corporales quedan a cargo del inconsciente. Una “desconexión” de la parte consciente en la que está precisamente el fundamento beneficioso de la hipnosis.

¿Y por qué? Pues porque hoy se sabe que los impactos emocionales negativos o traumáticos que sufrimos a lo largo de nuestra vida se “almacenan” en el subconsciente pudiendo ser al cabo de los años generadores de muy diversas patologías. O, sencillamente, nos hacen actuar y sentir de forma contraria a nuestros deseos alterando nuestra conducta de manera inconsciente.

La idea, pues, es actuar sobre esa zona de recuerdos inconscientes introduciéndonos en ellas mediante una hipnosis inducida a fin de modificar aquello que nos hace actuar mal y liberando recursos mentales que incluso ignorábamos poseer.

Finalizo esta breve introducción aclarando quehay diferentes escuelas de terapias hipnóticas (vea el recuadro adjunto) y que cada una de ellas utiliza su propia metodología de abordaje de las patologías, poseyendo diferentes enfoques y prácticas terapéuticas de características propias. Todas válidas.
Dicho lo cual, aclaro que quien esto suscribe practica la hipnosis clínica inductiva y es de ella de la que voy a hablar en las próximas líneas.

LA RELAJACIÓN

Toda sesión clínica se compone de tres fases sucesivas y bien diferenciadas: relajación, visualización yterapia propiamente dicha. Nosotros utilizamos para relajar al paciente un sistema que se deriva del autógeno de Schultz modificado, en pasadas sucesivas por paquetes musculares de pies a cabeza. Es decir, utilizamos exactamente el mismo procedimiento que el cuerpo emplea cuando se va a dormir: relajándose progresivamente de pies a cabeza (este descubrimiento se debe a un médico español, el Dr. Camilla). Buena prueba de ello es que si tenemos los pies fríos no podemos dormirnos; y eso sucede porque en esa frialdad se instala una barrera que impide que la relajación “suba” por el cuerpo.

Es importante aclarar que cuando se lleva al paciente a una relajación profunda… éste no pierde la consciencia en absoluto. Es decir, se da cuenta perfectamente de lo que sucede en su entorno y de lo que se dice. De hecho, puede incluso oír más sonidos que en estado de vigilia porque sus sentidos están potenciados, en alerta. Por eso es muy común que algunos pacientes, al terminar la sesión, manifiesten antes de nada “no haberse dormido”… al creer que tenían que perder la consciencia.

Cabe añadir que al final de esa etapa de relajación da comienzo la fase llamada REM (rapid eye movement) que es el principio del trance hipnótico. El paciente se encuentra en el “umbral del sueño”. De hecho, si el terapeuta guarda silencio durante más de 15 segundos el paciente puede entrar en fase de “reordenación de memoria”, es decir, en estado de sueño profundo.

LA VISUALIZACIÓN

Inmediatamente después de la relajación viene lo que denominamos “encadenado de bajada” que no es sino la suma de varios ejercicios que se aplican atendiendo -según la apreciación del terapeuta- a la gravedad, cronicidad, situación relativa del paciente, etc., y que se efectúa para poder acceder a la memoria más profunda en la medida en que se considere necesario. La profundidad a alcanzar dependerá de la gravedad de la patología, la situación del paciente, su facilidad o dificultad con el proceso, etc. Variables que configuran la potencia global de la sesión a fin de lograr el efecto pretendido de la manera mas eficaz posible.

Añadiré que en la hipnosis inductiva utilizamos 5 tipos de visualizaciones, cada una con diferente grado de intensidad y distinta intención en cuanto a su aplicación. Se trata de visualizaciones que han sido ya largamente experimentadas por los que las diseñaron y tienen unos márgenes de actuación bien conocidos para ser utilizados en la forma en que convenga.

La primera consiste en visualizar (imaginarla mentalmente) una pizarra e ir colocando letras o números dentro de una figura. Es de potencia suave pero si se extiende mas allá de 8 dígitos se convierte en relajante. La segunda consiste en visualizar un avión, es de potencia media y tiene un cromatismo que intensifica la fase de que hablamos. A mas blancos contrastados, más potencia al aumentar la croma. En la tercera se visualiza una pradera, algo que los americanos utilizan con connotaciones sexuales y que los europeos obviamos. Aumenta de forma intensa la emotividad y es más potente aún que las otras por su policromatismo. En la cuarta se visualiza una habitación o una escalera y es muy adecuada para situarla detrás de la orden – luego lo explicaré- por su fortaleza al potenciar los ejercicios. Y la quinta consiste en visualizar una playa desierta. Se emplea en regresiones y para lograr aislamiento.

Esas visualizaciones pueden potenciarse efectuando cuentas descendentes que resultan tanto más potentes cuanto más alto sea el número del que se parte. Asimismo, pueden hacerse durante la terapia relajaciones complementarias. No entro a comentarlas porque pertenecen a la parte técnica de la terapia.

LA TERAPIA

En la terapia propiamente dicha tenemos especialmente en cuenta varias cuestiones: la autoestima del paciente, el autoconcepto, su autocontrol, la orden y el castigo.

Como bien se sabe, la autoestima es la forma de vernos a nosotros mismos, de querernos o no, origen y base de casi todas la patologías. El autoconcepto es la forma en que nosotros creemos que los demás nos ven -sea o no cierto-, lo que creemos que piensan de nosotros. El autocontrol es la forma de dominar nuestros impulsos -sean los que sean- y la capacidad de dominar situaciones que nos resultan adversas. La orden consiste en decir al paciente lo que se ha de hacer o no. Y el castigo es una sugestión negativa que se induce para evitar actos repetitivos, reprimir hábitos indeseados. Un castigo que será fuerte o suave según como se induzca y de qué tipo sea.

Cabe añadir que el habla del terapeuta debe ser monótono, monocorde, tedioso y reiterativo… excepto durante la estrategia de la orden y el castigo; en tales casos se debe adoptar un tono firme, seco, concreto y algo más alto.

Bueno, pues tal es el esquema de diseño de una sesión terapéutica. Aparentemente sencilla pero con la que pueden abordarse patologías de muy diferente origen y gravedad. Dolencias que nosotros dividimos en 6 grandes grupos: fobias (de todo tipo), compulsiones (comportamientos compulsivos u obsesivos), represiones, adiciones, neuralgias o neurosis (depresiones, ansiedades, conductas erráticas, etc.) y tratamientos fisiológicos (enfermedades físicas de origen no microbiano).

Evidentemente, el diseñode cada tratamiento dependerá de la cronicidad y de la gravedad estimada en el momento ya que no es lo mismo abordar una ansiedad leve que otra con crisis de pánico. Los encadenados de bajada que configuran la potencia de la sesión terapéutica han de ser acoplados al vigor que se deba dar a la terapia para remover lo que está condicionando al paciente su enfermedad.

Por supuesto, para valorar la potencia de un tratamiento hay que tener en cuenta no sólo el estado del paciente y la gravedad que denota sino las características del mismo en cuanto a su adaptación al proceso y las derivaciones del mismo. Caso típico es el de la persona que se autoinduce ansiedad al pensar que nada ni nadie le va a poder sacar del estado actual retroalimentando así su propia patología.

Obviamente, a medida que el tratamiento avanza y el paciente se va sintiendo más identificado con el proceso y comprueba su mejoría la intervención resulta más sencilla por lo que se puede reducir paulatinamente la potencia de las siguientes sesiones consiguiendo el mismo efecto benéfico.

LA ANSIEDAD Y EL ENTORNO

Es necesario decir que la ansiedad suele estar presente en todos los pacientes, bien como problema aislado, bien como síntoma asociado a otros problemas. Se dice que es la enfermedad del siglo porque afecta ya a casi todo el mundo. Y con los años puede generar otras patologías por lo que si no se sigue un tratamiento adecuado al principio puede evolucionar llegando a provocar patologías muy graves y de difícil abordaje; sin embargo, tratada convenientemente y a tiempo no resulta especialmente difícil su eliminación, dicho sea esto con las naturales cautelas.

Hay que poner también de relieve la enorme importancia que tiene en muchas patologías –por ejemplo, en la anorexia y la bulimia- el entorno, el medio en el que se mueve el paciente. A veces es imprescindible que sea modificado ya que ejerce una enorme presión condicionante. Al punto de que si no somos capaces de cambiarlo la terapia puede verse seriamente condicionada y, normalmente, abocada al fracaso. Es más, las personas próximas al enfermo deben ofrecerle colaboración, comprensión y ayuda con posturas constructivas. Es tan básico para el éxito de la terapia como el buen diseño de la misma. El terapeuta no puede pues dejar nunca de lado este aspecto. Y debe entrar de lleno en él advirtiendo, formando y aconsejando lo más conveniente.

En los casos de dependencias -cualesquiera que sean- y en algunos casos complicados de trastornos de conducta, la terapia debe incluir el “castigo”; fuerte o suave según el grado de adicción y la cronicidad. Y aclaro cuanto antes que el “castigo” no es más que una inducción para que el paciente “sienta” algo desagradable como disuasión a fin de que no haga aquello que se pretende eliminar.

Así, el “castigo fuerte” consiste en hacer sentir al paciente un ligero calambrazo cuando realiza la acción a eliminar, instalándolo en el inconsciente. Por supuesto, mediante inducción (los terapeutas norteamericanos, en cambio, lo hacen de verdad utilizando una máquina de bajo amperaje y voltaje de entre 10 y 15 voltios).

El “castigo suave” consiste en hacer que el paciente sienta en la boca un sabor muy desagradable cada vez que realiza la acción a eliminar (algo muy útil en dependencias como el tabaco y en las compulsiones alimentarias).

LA EFICACIA DE LA HIPNOSIS CLÍNICA

Hay que dejar claro también que la hipnosis clínica es eficaz pero no pueden buscarse resultados de forma inmediata ya que al tratarse de sugestiones que van grabándose en la parte inconsciente actúan poco a poco y se van manifestando a través del tiempo.

Y lo que no puede hacerse tampoco nunca es racionalizar este tipo de terapia por el paciente. Si trata de hacerlo estará abocada al fracaso. El caso mas clásico es el de un fóbico social que cuando necesita realizar algo de lo que se siente incapaz se lo pide a alguien de su entorno. Luego, cuando la terapia progresa y necesita hacer algo, simplemente lo hace. Y es después de hacerlo cuando piensa que antes no lo podría haber hecho. Mientras que si racionaliza que al estar en tratamiento ya va a poder hacer lo que quiera jamás va a poder realizar sus sueños o deseos.

Hay también un tipo de pacientes que resultan de muy complicado tratamiento: los que se preocupan constantemente de los síntomas que sienten y se analizan de forma permanente. Porque si al comenzar el tratamiento atisban resultados positivos acentúan entonces su autoanálisis hasta extremos difícilmente comprensibles y lo que hacen es retroalimentar su ansiedad de manera permanente. Establecen como un bucle que lo único que consigue es volver siempre a las estados anteriores al comienzo del tratamiento aunque esté ya avanzado.

LA IMPORTANCIA DE LOS PRIMEROS AÑOS

Es importante también saber que el origen de casi todas las patologías suele encontrarse en la infancia o en la adolescencia. Y no necesariamente porque a esas edades tempranas se haya producido alguna situación traumática. Lo que generalmente se encuentra es una suma de impactos o traumas emocionales más o menos fuertes que se van acumulando a lo largo de la vida y que en un momento determinado, cuando existe una situación detonante, desencadenan la patología (sugerimos a los lectores que lean a este respecto el artículo de Joaquín Grau titulado “Las claves de la enfermedad” que publicamos en el número 2 de la revista y tienen en nuestra web: www.dsalud.com).

En definitiva, con la terapia se intenta reconstruir todo el proceso de deterioro mental que ha llevado a la somatización física intentando aflorar y superar las situaciones que han posibilitado la implantación de la situación presente. A fin de cuentas, la superación de situaciones comporta también la superación y desaparición –normalmente definitiva- de la enfermedad.

RESULTADOS

Las patologías menos complejas llegan a superarse en sólo seis sesiones (de media). Las más graves requieren normalmente más tiempo. Y advierto en este punto que no conviene confiarse ante los resultados sorprendentes y maravillosos de remisión en una sola sesión –que a veces existen- porque pueden dar lugar a sorpresas desagradables. Especialmente en las patologías físicamente manifestadas.

Fue entre los años 1975 y 1978 cuando dos neuropatólogos norteamericanos, Brandy y Weiss, demostraron sin la menor duda algo que ya se había planteado varios años antes: la interacción mente-cuerpo. Y lo hicieron mediante un estudio clínico con numerosos pacientes que básicamente tenían úlcera de duodeno y colon irritable. El resultado de su trabajo indicaba que aproximadamente el 75% de las enfermedades fisiológicas no microbianas tienen un origen mental.

Y establecieron además diversas asociaciones entre estados mentales y fisiológicos. Por ejemplo, que después de un estado de depresión importante es corriente que se manifieste una enfermedad hepática o que tras situaciones de ansiedad o estrés aparezcan úlceras de estómago o colon irritable, etc. Por supuesto, no es determinante que tras una situación concreta vaya uno a estar necesariamente abocado a otra pero sí es indicativo; especialmente en los casos de enfermedades recidivantes. Por eso el tratamiento fisiológico de enfermedades mediante hipnosis clínica tiene éxito y es muy efectivo. Hasta sorprendente en algunos casos por la gravedad o el temor que determinadas enfermedades nos producen.

Termino este esbozo de lo que es y supone la hipnosis clínica. Si entre quienes han leído estas líneas alguien se ha interesado por ella y quiere probarla –carece de efectos secundarios y es directa y eficaz- permítame sugerirle que acuda a un profesional bien formado. Pero no lo hagan pensando que es la panacea o algo milagroso y misterioso. No es nada de eso. Simple y llanamente, se trata de una técnica que funciona bien, conocen muy pocos y practican adecuadamente aún menos. Por eso es importante saber elegir.

Ángel Mateo

Recuadro


 

Escuelas de hipnosis

Existen diversas escuelas de hipnosis en el mundo que cuentan con bastantes adeptos cada una. Suelen ser bastante antiguas y generalmente se deben a una sola persona, un fundador que tiene el gran mérito de haber podido confeccionar un sistema o técnica de abordaje de patologías útil y práctico.
Las mas conocidas y utilizadas en el mundo son:

-La hipnosis freudiana (de la que parten de todas las demás).
-La hipnosis conductista (muy seguida en Estados Unidos).
-La hipnosis ericksoniana (instituida por Milton Erickson)
-La hipnosis gestáltica (sigue los preceptos de la Gestalt y su ego-distonismo).
-La hipnosis psicodramática (de la escuela psicodramática de Psicología).
-La hipnosis inductiva (con 20 años de existencia y raíz europea).
-La Anatheóresis (terapia sofrónica desarrollada por el español Joaquín Grau).

Estas escuelas tienen diversos métodos de abordaje de las patologías, diferentes enfoques y una sistemática distinta pero igualmente válida en gran número de casos.
 

Este reportaje aparece en
58
Febrero 2004
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