Indudable efectividad de la Bioespinología

La Bioespinología es una disciplina novedosa que busca restablecer la actividad vital facilitando la circulación de los impulsos nerviosos que procedentes de nuestro encéfalo viajan desde la médula espinal al resto del organismo con los mensajes cerebrales. Su objetivo final es la localización, análisis y corrección de las oclusiones vertebrales o desajustes de nuestras vértebras capaces de alterar esos impulsos nerviosos y, por tanto, nuestro estado de salud.  Actúa ayudando a desarrollar mejor nuestro potencial vital a través de técnicas manuales suaves, específicas e indoloras en la columna vertebral.

A muchos españoles, como a gran parte de los habitantes del planeta, la espalda les trae de cabeza. Y es que cada vez son más los problemas relacionados con nuestra columna vertebral, generalmente producto del tipo de vida sedentario que llevamos, la falta de ejercicio adecuado y las malas posturas que adoptamos al sentarnos. De hecho, los gastos sanitarios que cada año se originan en nuestro país como consecuencia de los distintos problemas de espalda superan los cientos de millones de euros. Son la primera causa de consulta en las unidades de dolor de los hospitales españoles, provocan en torno al 30% de las bajas laborales, constituyen el primer motivo de invalidez en las personas mayores de 40 años y hasta el 25% del total de las incapacidades laborales definitivas.

El principal problema sanitario y económico son los pacientes con dolor crónico. Se calcula que el 10% de ellos causa el 90% de los gastos que producen las afecciones de espalda. Un negro panorama que desborda a la traumatología oficial y en el que ante la falta de respuestas terapéuticas se han ido abriendo camino distintas técnicas manuales complementarias destinadas a prevenir y aliviar nuestros padecimientos. Pues bien, a las más conocidas -Fisioterapia, Quiropráctica,  Osteopatía, Reeducación Postural Global,Rolfing, Shiatsu, Método Feldenkreis,Ergonomía, Terapia Sacrocraneal, la Antigimnasia y la Ozonoterapia-se añade ahora la Bioespinología, una disciplina surgida de la Quiropráctica que pretende poner su grano de arena particular para ayudar a remediar las consecuencias negativas de uno los logros fundamentales de evolución: nuestra posición erguida.

La evolución física le permitió al ser humano hace miles de años erguirse frente al resto de los mamíferos vertebrados. Semejante avance pasó por forzar una estructura ósea diseñada para caminar a cuatro patas hasta conseguir que aguantara un peso notable sobre dos piernas tan sólo. Nuestro desarrollo muscular, sin embargo, no llevó una evolución paralela y los músculos de nuestra espalda pasaron a depender de nuestro propio esfuerzo, lo que ha terminado por provocarnos todo tipo de patologías.

LAS OCLUSIONES VERTEBRALES

Casi todo el mundo es consciente de los problemas musculares, de movilidad y de dolor que causan las dolencias de espalda. Sin embargo, a menos que por desgracia se produzca un problema funcional grave, una parálisis de cualquier tipo -normalmente a consecuencia de un accidente- no parecemos ser conscientes de que además de sostenernos la columna tiene otras importantes funciones, entre ellas la de proteger la médula espinal (parte vital de nuestro sistema nervioso central) dando soporte y resguardo al sistema nervioso autónomo (sistema simpático y parasimpático), encargado de regular las funciones vitales fundamentales que son en gran parte independientes de la conciencia y relativamente autónomas, es decir, las funciones vegetativas (aparato cardiorrespiratorio, glándulas endocrinas, musculatura lisa, aparato pilo sebáceo y sudoríparo, etc.). Las fibras del sistema nervioso vegetativo simpático se originan en la región media de la médula espinal, unen la cadena ganglionar simpática y penetran en los nervios espinales desde donde se distribuyen de forma amplia por todo el cuerpo. Las fibras del sistema nervioso vegetativo parasimpático se originan por encima y por debajo de las simpáticas, es decir, en el cerebro y en la parte inferior de la médula espinal.

En suma, lafunción de soporte y protección de la columna vertebral la convierte en parte fundamental del denominado sistema neuroendocrino mediante el cual se enlazan las funciones del sistema nervioso y las del sistema endocrino a través de neurotransmisores, sustancias bioquímicas, hormonas, factores liberadores o inhibidores, etc. Precisamente el sistema endocrino -a través de glándulas de la importancia del hipotálamo, la hipófisis, la tiroides, los ovarios, los testículos, el páncreas y las glándulas suprarrenales- es el encargado de iniciar funciones metabólicas fundamentales de nuestro organismo así como de controlar la intensidad de diversas operaciones químicas en las células o de regir el transporte de sustancias a través de las membranas celulares, entre otras funciones. Es pues fácil deducir la importancia de que todo el sistema se encuentre en las mejores condiciones posibles a fin de que nuestro organismo despliegue su mayor potencial. Ciertamente son procesos químicos complejos que definen nuestro tono vital y en los que cada vez parece más claro que cualquier alteración en la columna vertebral puede influir.

De la correcta posición de nuestras 24 vértebras depende que la médula espinal y todas las fibras nerviosas –algunas cien veces más finas que un cabello humano- estén debidamente protegidas. De esta manera se posibilita que los impulsos nerviosos viajen libremente entre las células, las glándulas y el cerebro. Sin embargo, debido a la movilidad de las vértebras, éstas pueden desajustarse por muchas y diferentes causas: caídas, golpes, pesos mal levantados, estrés emocional, falta de descanso, inactividad… Se producen entonces lo que la Bioespinología denomina “oclusiones vertebrales”. Cuando el cuerpo no puede mantener las posiciones naturales de los huesos de la espina dorsal, las vértebras dejan de proteger a la médula y a los nervios espinales, al modificarse los espacios entre ellas… lo que puede causar daños en los tejidos nerviosos vitales situados en ella. Y en ese caso la transmisión de los impulsos nerviosos puede verse distorsionada y al final de la cadena, en algún lugar de nuestro organismo, una de nuestras glándulas se encontrará con que no puede elaborar de forma correcta y ordenada los productos químicos necesarios para nuestro organismo.

Las oclusiones vertebrales representan pues una forma muy común de interferencia del sistema nervioso y restan capacidad al cuerpo para alcanzar su máximo potencial genético. Su existencia supone que la habilidad de nuestro cerebro para controlar y coordinar todas las funciones del cuerpo a través de la red nerviosa quede disminuida. Sin equilibrio químico nuestra actividad vital se verá resentida ya que las sustancias químicas liberadas determinan nuestro tiempo de respuesta, nuestros niveles de coordinación, nuestros estados de ánimo, nuestras actitudes, nuestros niveles de creatividad, nuestra capacidad para la imaginación e, incluso, nuestra memoria. No olvidemos que hasta el desarrollo físico, el mantenimiento de nuestros cuerpos y el grado en el que podemos aprovechar los nutrientes de nuestros alimentos son gobernados por las interacciones químicas de nuestro organismo.

El daño final igual puede manifestarse tras un corto período de tiempo -con dolor en la espalda- que mantenerse oculto durante semanas, meses e incluso años hasta que comienzan a aparecer los primeros síntomas. Hay muchos ejemplos de situaciones adversas en las que el cuerpo tarda mucho tiempo en manifestar señales externas o síntomas que indiquen su presencia. De hecho, las enfermedades cardiovasculares, algunas enfermedades degenerativas y el cáncer, por ejemplo, pueden estar desarrollándose durante años sin que quienes las sufren sean conscientes. Y hay que decir que patologías de todo tipo pueden deberse a oclusiones espinales que pueden estar causando serias interferencias sin que la persona sea en absoluto consciente. Aún más, puede ocurrir que los síntomas, si aparecen, lo hagan allá donde los nervios terminan en lugar de en la espina dorsal que es donde el problema se está produciendo. Lo único seguro es que, con dolor o sin él, con síntomas o sin ellos, es imprescindible verificar regularmente el estado de nuestra columna si se quiere  mantener un estado óptimo de vitalidad.

LA BIOESPINOLOGÍA, UNA FILOSOFÍA PRÁCTICA

Sería Reggie Gold -uno de los hombres clave en el desarrollo de la Quiropráctica en Estados Unidos- quien en 1979, tras abandonar la presidencia del Pennsylvania College of Straight Chiropractic, empezaría a desarrollar la Spinolog  bajo su enfoque actual. “A principio de los 70 en Estados Unidos –nos ilustra Enrique Borredá, director de la Escuela Española de Bioespinologíay responsable legal para Europa de la profesión- la Quiropráctica empezó a tratar a los pacientes en el convencimiento de que en función del estado de la columna podía llegar a  deducirse si algún órgano estaba afectado- el páncreas, el hígado, etc.- y resolver ese problema corrigiendo las disfunciones de la misma. Otro grupo, sin embargo, opinaba que no había garantía de que eso fuera así por cuanto el problema en los órganos podría deberse a eso… pero también a otras causas. Y que, por tanto, los quiroprácticos deberían limitarse a corregir los desajustes vertebrales a fin de garantizar una correcta circulación de los impulsos nerviosos para conseguir desarrollar el potencial del ser humano pero sin  asegurar que ello fuera a resolver las dolencias manifestadas en el paciente… aunque luego pudiese ocurrir así. Se trataba, en suma, de tener un enfoque holístico frente a otro terapéutico. Esta minoría estaba liderada por el Dr. Reginald Gold quien en 1979 se desgaja y funda la Spinology con esas premisas. En suma, estableció una filosofía diferente, vitalista, basada en el hecho probado y la convicción de que ajustarse la columna vertebral siempre es beneficioso y se dedica a enseñarlos en la Escuela de Filadelfia, a cuya primera promoción pertenezco. Dos años después, en 1981, traje la profesión de  Spinology a España pero denominándola ya Bioespinología-Spinology. Y es pues en la Escuela Española de Bioespinología, situada en Valencia desde 1985, donde se han formado las siguientes promociones de biespinólogos”.

La Bioespinología –añadiría Enrique Borredá- no se expresa pues en términos de salud o enfermedad sino de potencial vital. Se presenta como una filosofía y una técnica manual  interesada en asegurar que los impulsos nerviosos no queden interferidos por oclusiones vertebrales. No busca el diagnóstico ni el tratamiento de ninguna enfermedad en concreto sino permitir que nuestros organismos funcionen lo mejor posible al corregir constantemente las oclusiones vertebrales. Los bioespinólogos reconocen que el diagnóstico y tratamiento de caídas y enfermedades no entran dentro de su campo de acción sino en el de otras especialidades y técnicas sanitarias”.

Y agrega: “La Bioespinología, por tanto, no pretende estar dentro del marco de la Sanidad, es algo diferente. Si alguna persona que acude a un centro de Bioespinología desea recibir asesoramiento, diagnóstico o tratamiento para cualquier enfermedad o condición se le deriva al profesional de la salud correspondiente”.

Desde esta concepción, los bioespinólogos señalan como principales diferencias entre la Bioespinología y otras técnicas manuales las siguientes:

  1. Los biespinólogos no manipulan la espina dorsal mientras otras técnicas sí recurren a ella en distintos momentos, entendiendo por manipulación el movimiento pasivo forzado de una juntura más allá de lo que el cuerpo puede por sí mismo realizar. “No se necesita un cuerpo fuerte –nos comenta Enrique Borredá-. El uso de la fuerza en la aplicación de la técnica de la Bioespinología está especialmente vetado. El bioespinólogo no hace manipulaciones, no fuerza nada en ningún momento. Nuestra técnica precisa destreza y sensibilidad por lo que tanto hombres como mujeres tienen aquí su oportunidad, independientemente de su tono físico”.
  2. La Bioespinología, como decíamos antes, no se considera una profesión terapéutica. Otras técnicas sí afirman resolver problemas de salud mediante el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad a través de la espalda y la columna. Las personas acuden a esos terapeutas muy a menudo buscando alivio para el dolor y el tratamiento de determinados síntomas. El objetivo de los bioespinólogos es más genérico, previo pero fundamental: asegurar que el sistema nervioso no está bloqueado por oclusiones vertebrales independientemente de cómo se sienta la persona. Aunque es innegable que muchas personas han visto como algunos síntomas mejoraban -e, incluso, que ciertas patologías desaparecían- tras ajustarse la columna regularmente, hay otros que no. Simplemente porque puede haber otros muchos factores involucrados en una enfermedad o síntoma. Según su filosofía, toda persona -no importa su estado físico o emocional- se encontrará y estará mejor si evita interferencias en su sistema nervioso. Desde una óptica preventiva lo presentan como realmente útil para los niños a fin de garantizarles la oportunidad de crecer, desarrollarse y expresar de la forma más amplia su potencial mientras que los adultos pueden encontrar en él –afirman- “un camino para vivir su vida con plena vitalidad”.

 LA PROPIA INTELIGENCIA DEL CUERPO 

La base del sistema de trabajo de la Bioespinología es la propia capacidad del organismo para tratar de buscar soluciones a sus propios problemas y mantener una vitalidad óptima permanente. Así, al igual que después de un corte nuestro cuerpo trabaja para repararlo inmediatamente, tras la formación de una oclusión vertebral nuestro cuerpo también hace todo lo posible por corregirla, para que la red nerviosa de comunicación no quede interferida. Y el instrumento que nuestro organismo utiliza para cambiar y mantener la relación entre las vértebras es el uso de los músculos espinales. Por eso sobre ellos trabaja el bioespinólogo. “El método que utilizamos para encontrar los desajustes –nos explica Borredá- está basado en el concepto del llamado en fisiología ‘reflejo miotático’. El método de localización y análisis de las oclusiones se llama ‘Vertebraille’ -combinación de ‘vértebra’ y ‘método Braille-. Es decir, que los bioespinólogos utilizamos el tacto para discernir qué correcciones en la posición de las vértebras intenta hacer el cuerpo. A lo largo de la columna, y en el plano más profundo, se encuentran los músculos encargados de la salvaguarda de y ajuste constante de la misma. Cuando una vértebra no ocupa, por diversas causas, su posición ideal estos músculos se ponen a ‘trabajar’ bajo mandato del sistema nervioso para reposicionar la vértebra. El bioespinólogo descifra por el tacto en qué dirección y cómo se ha desajustado la vértebra y cómo quiere el cuerpo ajustarla. En bioespinología, como en fisiología, se tiene muy claro que es el cuerpo el que más sabe acerca de la posición ideal, segundo a segundo, de las vértebras. Por tanto, es el propio organismo quien completa la tarea del ajuste vertebral tras nuestra intervención. Lógicamente, todo esto sería inviable sin unos conocimientos profundos de la estructura, función y biodinámica de la columna vertebral, del sistema nervioso, del sistema endocrino, del sistema musculoesquelético y de las interacciones entre todos ellos. Es decir, se debe dominar la anatomía espinal, la fisiología espinal, la neuroanatomía y la neurofisiología junto a un entendimiento detallado del funcionamiento e interacciones de todos los sistemas, bioquímica y homeostasis, materias en las que se trabaja ampliamente durante el curso de formación.”

“En definitiva –nos explica Enrique Borredá-,una vez localizada la oclusión será el momento de aplicar una fuerza suave, específica e indolora en el músculo en la dirección elegida por el propio cuerpo para que éste pueda usarla en su propio beneficio. Una sesión de bioespinología puede durar en torno a 10 minutos. Y durante la misma se hace una selección de los desajustes encontrados -una persona presenta como media de 6 a 8 oclusiones- y se aplican las técnicas adecuadas para que el cuerpo pueda corregirlas”.

Terminamos. La Bioespinología, tras 25 años de experiencia a nivel mundial, trata de buscar su propio lugar entre otras técnicas más populares desde el convencimiento de que es el mantenimiento, el cuidarse diariamente, donde radica la auténtica plenitud de nuestras vidas. “La propuesta que lanzamos desde la Bioespinología –concluye Enrique Borredá- es vitalista y no terapéutica. Queremos que se entienda como la oportunidad de poder hacer un mantenimiento de forma regular a lo largo de toda la vida. Y es obvio que cuanto más pronto empecemos a ajustarnos la columna más rendimiento ’sacaremos’ a nuestro cuerpo y a nuestra vida. El mensaje para los lectores, pues, es simple: ‘Daros a vosotros mismos, a vuestra familia y a vuestros amigos una buena oportunidad de equilibrar la química del cuerpo a fin de que podáis disfrutar de una buena forma física, emocional, mental y espiritual’”.

Antonio F. Muro

 Recuadro:


La mejor manera de cuidar la espalda es mantener una serie de hábitos sencillos: 

Hacer ejercicios físicos. El trabajo muscular ayuda a fortalecer la espina dorsal y a reducir la tensión. Tener una espalda y músculos abdominales fuertes es muy importante para facilitar el trabajo al que se expone la espalda cada día. Las personas con mejor condición física tienen menos episodios de dolor. Los ejercicios deben ser indicados por terapeutas cualificados y supervisados por personal especializado.

Perder peso. La espalda está preparada para soportar un peso determinado que viene determinado por nuestra propia configuración ósea. Más peso supone un esfuerzo y una tensión diaria que acaba repercutiendo en la columna vertebral.

Mantener una buena postura. Es fundamental para tener una columna vertebral sana. En este sentido, existen una serie de recomendaciones que pueden evitar serios disgustos:

-Colocarse erguido en la silla. Hay que sentarse derecho, manteniendo la parte inferior de la espalda pegada al respaldo de la silla, con los pies fijos en el suelo (sin cruzar las piernas) y las rodillas un poco más altas que las caderas.
-Dormir de lado -nunca boca arriba o boca abajo- y con una almohada adecuada.Si el colchón es demasiado blando corre el riesgo de torcerse la espalda; en tal caso, coloque madera entre la base de la cama y el colchón para tener un buen apoyo de la columna.
-Conducir con la espalda pegada al asiento.Procure acercarse al volante para que las rodillas estén dobladas y un poco más altas que las caderas.

Planificar antes de levantar objetos pesados.Esta acción es tan habitual que se convierte en una tarea a la que no prestamos atención. Mucha gente levanta la carga incorrectamente y realiza un esfuerzo innecesario en la espalda y los músculos que la rodean. Para evitar tensiones hay que planificar antes de hacer ningún esfuerzo innecesario. Hágase preguntas del tipo: ¿Es un bulto muy pesado? ¿Necesitaré ayuda? ¿Hay mucha distancia hasta dónde tengo que dejarlo? Frente a la carga, doble las rodillas, no la espalda. Una vez agachado, use ambas manos, agarre con firmeza y arrime el objeto al cuerpo lo más que se pueda. A la hora de levantarse hágalo con las piernas y no esforzando la columna. Una vez arriba asegúrese de que la carga no está bloqueando el campo de visión al comenzar a andar. Cuando llegue a su destino invierta el procedimiento. Agáchese abriendo las piernas y doblando las rodillas, y luego coloque la carga frente a usted. Siguiendo estas pautas se evitarán dolores innecesarios en los músculos de la espalda y el abdomen. No hay que hacer esfuerzos innecesarios. Por tanto, si la carga resulta demasiado pesada para levantarla o trasladarla pida ayuda. Y si no encuentra a nadie intente dividir la carga para así repartir el peso. Es decir, busque siempre soluciones sencillas para que el movimiento resulte fácil. La espalda se lo agradecerá.

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Junio 2004
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