Si no te quieres, ¿cómo quieres que te quieran?

¿Cómo esperar que los demás nos valoren y nos aprecien si nosotros mismos no nos valoramos ni apreciamos? ¿Cómo esperar que les gustemos si no nos gustamos? ¿Cómo esperar que nos quieran si no nos queremos? ¿Cómo ser felices si tenemos un problema de autoestima? ¿Es ese su caso? Y si es así, ¿sabe qué hacer? Nos lo cuenta Carmen Quintana.

¿Cómo esperar que los demás nos valoren y nos aprecien si nosotros mismos no nos valoramos ni apreciamos? ¿Cómo esperar que les gustemos si no nos gustamos? ¿Cómo esperar que nos quieran si no nos queremos? ¿Cómo ser felices si tenemos un problema de autoestima? ¿Es este su caso? Y si es así, ¿sabe qué hacer?

La falta de autoestima es un problema que sufren -sean o no conscientes de ello- muchas personas. Pese a lo cual, para la Psicología convencional -no así para la Psicología Transpersonal -este no ha sido precisamente hasta hace muy poco tiempo ni el trastorno de la conducta humana más estudiado ni al que más importancia se ha dado. Es más, apenas fue tenido en cuenta hasta que los responsables de las grandes multinacionales observaron que había una incidencia directa entre la estima personal de los trabajadores y su rendimiento -y, por consiguiente, de los beneficios empresariales-, haciendo que se replanteara su trascendencia social (véase el recuadro sobre este asunto).

Pero, ¿qué es la falta de autoestima? Pues este problema psicológico se podría definir como la falta de confianza que una persona tiene en sus propias facultades. Es decir, la persona que sufre falta de autoestima se siente inferior a los demás, considera que no da la talla; algo que generalmente le sucede tanto en sus obligaciones personales como en sus compromisos profesionales. Es más, aguarda -sin darse cuenta- a que algo le salga mal o no al menos como era de esperar para «demostrarse» a sí misma y a los que la rodean que estaba en lo cierto cuando decía que no estaba preparada para realizar ese trabajo.

Pero, ¿cuándo y por qué emerge la falta de autoestima? Está claro que no es un problema que aflore en el ser humano de un día para otro. Son varios, obviamente, los factores que hacen que éste se desencadene y que, además, no sean siempre los mismos en todas las personas. En cualquier caso, se puede decir que, en líneas generales, son la timidez, el sentirse inferior en conocimiento a los demás, la carencia de don de gentes (verbo fácil), considerarse poco agraciado físicamente, la falta de valoración por parte de los familiares, no encontrarse integrado con sus amigos y con las personas que le rodean, considerar que los demás sólo ven sus errores y no sus virtudes y sus aciertos en las cosas que hace, amén de otras características, las que ahondan en la falta de autoestima o valoración personal.

Es decir, todos estos aspectos hacen que poco a poco la persona que no se valora y constantemente está viendo sus «defectos» -olvidando que nadie es perfecto- entre sin darse cuenta en una dinámica de falta de autoestima que puede derivar, si no se ataja, en un proceso paulatino de destrucción personal; porque siempre encontrará una causa para ver inconvenientes y deficiencias a sus actuaciones, llegándose a veces -en casos extremos- incluso a una sensación de satisfacción personal cuando observa que no ha alcanzado un resultado bueno. Es en ese momento cuando la persona carente de autoestima autoafirma su conducta y, si hay personas a su lado, no dejará de decir una de sus frases más repetidas por este tipo de individuos: «Ya sabía yo que no estaba preparado para ello».

Así, en opinión de la psicóloga Eva Sánchez Fraile, «las personas con baja autoestima se muestran inseguras, temen comportarse de forma espontánea por miedo a la crítica y buscan experimentar sentimientos de culpa, evitando tomar decisiones y afrontar responsabilidades o nuevos retos. Son personas muy autocríticas que distorsionan las situaciones y sus propios pensamientos».

UN ASUNTO DE TODOS

Llegados a este punto es preciso señalar que la falta de autoestima no es un estado exclusivo de determinadas personas; antes bien, es algo que afecta a cada uno de los seres humanos ya que todos, en mayor o menor medida, en más o menos ocasiones, la hemos sufrido. Es decir, hasta el mayor encantador de serpientes y el triunfador nato pueden caer en sus garras en cualquier momento. Todos estamos expuestos a ser testigos directos de algunas de las causas anteriormente mencionadas. Porque aun siendo fuertes y gozando de una alta estima personal podemos convertirnos en víctimas.

En ese sentido, Eva Sánchez Fraile señala que «el hecho de que nuestra autoestima no sea estable depende de situaciones muy puntuales; disminuye, por ejemplo, cuando nuestras expectativas no coinciden con la realidad, cuando sufrimos acontecimientos adversos, etc. Es también muy frecuente -agrega- que personas que sufren trastornos de ansiedad y depresiones experimenten una pérdida de autoestima importante».

En suma, la falta de autoestima no es un trastorno de la conducta que afecta a unos pocos; es un problema que afecta a muchos. Y si bien en algunas ocasiones es sólo un proceso temporal, en las más es un estado que se dilata a lo largo del tiempo. A fin de cuentas, son muchas las personas que parecen preferir vivir sin llegar a aceptarse tal y como son, negándose su propio cariño.

No obstante, aquellas personas que se ven inmersas en un proceso de falta de autoestima de manera temporal no responden al barómetro -que suele ser bastante común- de aquellas que viven en una situación permanente de carencia de estima personal.

CLASES DE FALTA DE AUTOESTIMA

Y si ya hemos visto que las causas de la falta de autoestima radican en varios factores, también hay que hablar de diferentes clases de falta de autoestima, en opinión de los psicólogos de vanguardia. Así, entre otras, habría que resaltar la falta de autoestima crónica, es decir, aquella cuyas causas se remontan a la infancia y está ligada directamente con la falta de valoración que el niño tiene de sus padres, de sus amigos, de los profesores y del resto de las personas que conformaron su mundo. Es posiblemente la más traumática porque sus repercusiones no sólo comienzan a notarse cuando el niño es pequeño sino que delimitan sus actuaciones cuando está creciendo y se hace mayor. De ahí que, hoy por hoy, los responsables de velar por la educación infantil den tanta importancia a fomentar la autoestima en el niño. En ese sentido, Eva Sánchez Fraile nos dice que «es fundamental que el niño se sienta aceptado incondicionalmente, es decir, sienta que es querido por lo que él es, que se le escuche y se le atienda en un ambiente de seguridad. El adulto no debe de negar los sentimientos expresados por el niño, ni quitarles importancia. No le comparemos con otros y evitaremos las ridiculizaciones y las amenazas. Por el contrario, el educador ha de proporcionar al niño oportunidades reales de éxito, ofrecerle alternativas, negociar con él normas y darle responsabilidades dependiendo de sus capacidades».

De hecho, ya se está trabajando en ese sentido en muchas guarderías y escuelas infantiles. Así nos lo puso de manifiesto, por ejemplo, María Fernández de los Ríos, coordinadora general de la escuela infantil Los Angelitos, quien nos diría que una de las metas de su centro es precisamente «que los niños fomenten al máximo su autoestima, por lo que nuestras educadoras buscan potenciar por medio del juego la propia identidad del niño y la confianza en sus propias posibilidades».

La importancia que tiene para una buena educación integral fomentar la estima personal -nos explicaría Eva Sánchez Fraile- lo recogía ya la Ley Orgánica del Sistema Educativo (LOGSE), que «contempla éste y otros problemas en uno de sus principios básicos: la atención a la diversidad. No todos los niños tienen las mismas necesidades ni los mismos ritmos de desarrollo, por lo que la respuesta educativa no puede ser homogénea y debe adaptarse a cada niño. La labor del educador es conocer las capacidades, necesidades, intereses, conflictos, etc., de cada niño y adaptar programaciones, recursos, espacios y tiempos con la finalidad de potenciar el desarrollo del menor».

Luego estaría la falta de autoestima atemporal, aquella que se presenta en función del tiempo y de las circunstancias que vive el sujeto. Es decir, se destapa en el momento en que queda al descubierto un factor que la persona que la sufre mantiene oculto. Por tanto, el sujeto se comporta como una persona segura… hasta que emerge a la superficie ese algo que no desea que salga a la luz; y eso lo denota, por ejemplo, la agresividad cuando va conduciendo, el no saberse dirigir a sus subordinados o el no saber perder en el juego. Su conducta varía tanto que cuando es descubierto deja de ser el emprendedor nato y se vuelve un ser sumiso. En definitiva, es una persona segura hasta que le colocan delante de sí el punto vulnerable.

Otra modalidad de falta de autoestima es la conocida como carencial y afectaría a aquellas personas que descubren que quienes les rodean les superan en conocimiento y en información. Momento en el que comienzan a sentirse desplazadas y a sentir temor en su comportamiento. Es decir, pasan a mostrarse inseguras.

También es importante la falta de autoestima dormida, que es aquella que surge en la persona que menos se espera. Es decir, suele darse en personas arrogantes. Sin embargo, es suficiente una pequeña depresión para que estos individuos se sientan de pronto un cero a la izquierda.

Y, por último, estaría la falta de autoestima que no surge y que sería bueno que aflorara para cambiar o modificar una conducta, aunque fuera temporalmente, sobre todo porque suele darse en personas que, para que conozcan sus propias limitaciones, necesitan de otras que les pongan en evidencia a fin de que vean sus conductas reflejadas en un espejo.

ENFRENTARSE AL PROBLEMA

Ahora bien, conocer qué es la falta de autoestima, cuáles son los factores que llevan a ella y las diferentes clases que existen no es suficiente para enfrentarnos al problema. Entonces, ¿qué hemos de hacer?

Como se ha venido apuntando, la falta de autoestima no es otra cosa que la ausencia de valoración personal, la falta de confianza en uno mismo y la carencia de motivación en el ser integral. Claro que no debemos de pasar por alto una cosa muy importante: cuando uno carece de autoestima lo que está potenciando es la concreción de una energía negativa (la falta de valoración en sus posibilidades) que terminará afectándole. De ahí que pueda llegar a sufrir depresiones periódicas y las somatice; es decir, que puede llegar incluso a sufrir determinadas dolencias, aunque sea un simple constipado en verano o una diarrea habiendo comido alimentos en perfecto estado, antes que afrontar el asunto que le ocupa.

Una situación que podría evitarse con algo tan sencillo como el autoanálisis. Es decir, cuando una persona sufre falta de autoestima, si desea que su problema encuentre vías de solución puede comenzar a enfrentarse a él de una manera tan sencilla como colocarse delante de un espejo y formularse las siguientes preguntas: ¿Soy justo conmigo y con los demás? ¿Por qué me da miedo enfrentarme a las situaciones? ¿Cuáles son las causas? ¿Por qué no las supero? ¿Hago algo para remediar la situación? ¿Por qué pienso que yo no podré hacer eso? ¿Y si estoy equivocado?

Pues bien, si hacemos eso -según la Psicología de vanguardia- el subconsciente irá dando poco a poco las respuestas adecuadas a modo de pequeñas pildoritas que llegarán en forma de información al consciente. No olvidemos que la falta de autoestima se cura pero que es sólo la persona implicada quien lo puede hacer. En suma, primero hay que ser consciente del problema, luego asumirlo y analizar sus causas y después buscar las soluciones adecuadas.

¿CÓMO POTENCIAR LA AUTOESTIMA?

Bien, pues aunque le parezca sorprendente, si queremos superar la falta de autoestima tendremos que empezar por querernos más. Es decir, como recoge el dicho popular, «no podemos pedir a los demás que nos quieran si ni siquiera nos queremos nosotros». En definitiva, hemos de ser conscientes de que la falta de autoestima no es más que una manera encubierta de miedo al fracaso y que si conocemos nuestras limitaciones y las asumimos, si nos aceptamos tal como somos, dejaremos de sentir miedo. Porque si logramos ser nosotros mismos, comenzaremos a tener coherencia en los actos que realizamos, tendremos perseverancia y una actitud positiva ante las cosas. No nos amilanaremos y no sentiremos ya temor de dar el paso hacia adelante, pese a quien pese -sin hacer, por supuesto, daño a nadie- y sea cual sea el resultado final. Actuando así, el ser que tiene falta de autoestima superará la barrera y dejará de sufrir el problema que, además, le está impidiendo evolucionar como persona.

Ahora bien, hay que tener en cuenta otros factores además de los hasta este momento mencionados; por ejemplo, el ambiente en el que se mueve quien sufre de falta de autoestima. Porque es obvio que si se vive en un entorno de melancolía, de tristeza y, además, las personas de su entorno tienen su mismo problema, salir de esa situación le será sumamente difícil. De ahí que sea fundamental que no se rodee de otras personas con su mismo problema sino de gente alegre y ambientes luminosos y que lleve ropa cómoda de colores intensos (rojos, azules, verdes, amarillos, etc.,). A fin de cuentas es sabido que las flores, las plantas, los colores suaves y, al mismo tiempo, las prendas con colores vivos ayudan a despertar, dando vida y fuerza, por lo que es muy importante cuidar ese aspecto. Es decir, en la medida en que potenciemos un entorno más agradable, con mayor carga de energía, nos enfrentaremos luego con más ánimo a las situaciones que día a día la vida nos depara y que, en la mayoría de los casos, son verdaderas pruebas que miden el nivel de autoestima. No olvidemos que todas las personas necesitamos energía para enfrentarnos a las cosas que nos dan miedo, para hacer frente a las cosas que nos producen inseguridad. Y que en la medida en que nos sintamos más fuertes, esa energía resurgirá cuando nos tengamos que enfrentar a las circunstancias que nos dan miedo. Es decir, nuestras actuaciones estarán marcadas por el equilibrio energético interior, lo que aflorará en un comportamiento armónico y lineal sin demasiados altibajos en lo externo. Emergerá la confianza en nosotros mismos y nos sentiremos más seguros. Claro que esto no es algo que se pueda conseguir de un día para otro, pero trabajando poco a poco, paso a paso, siempre se logra.

Por otra parte, es importante recordar que la falta de autoestima es una de las causas que hace somatizar las más variadas dolencias en el físico, tanto cáncer como otras enfermedades graves. Y la razón es que quien sufre ese problema y se guarda sus miedos, no exteriorizándolos -por temor a hacer el ridículo, al que dirán, a equivocarse, a no ser brillante o a que le despidan por cometer un error-, se desarmoniza por completo.

Por tanto, recuérdelo: hemos de querernos más. Nuestra salud y nuestra felicidad dependen de ello.


¿SE QUIERE USTED? AVERIGÜELO RESPONDIENDO A ESTE CUESTIONARIO

La verdad es que uno no siempre es consciente de si sufre falta de autoestima y, por tanto, es necesario buscar vías que nos lleven a observar si es nuestro caso. Le ofrecemos, para ello, un breve cuestionario a fin de que lo averigüe.

Por supuesto, y como todo test, sólo pretende servir de ayuda para sacar a la superficie un problema que puede estar oculto y tapado por la máscara de una supuesta timidez. Porque la timidez y la falta de autoestima nada tienen que ver ya que la primera es sólo una sensación de vergüenza mientras la segunda es la negación de la persona.

Este es el test. Y respóndase con sinceridad: no sirve de nada autoengañarse.

– ¿Me levanto con ilusión por la mañana?
– ¿Me siento feliz a lo largo del día?
– ¿Estoy a gusto conmigo mismo tanto a nivel personal como profesional?
– ¿Me encuentro a gusto con los que me rodean y prefiero estar con gente antes que a solas?
– ¿Me apetece hacer constantemente cosas nuevas?
– ¿Disfruto de las actividades que realizo?
– Cuando acudo a una entrevista de trabajo, ¿me planteo que soy merecedor del puesto y, además, no me da miedo el resultado porque, aunque necesito el empleo, sé que si no es ese conseguiré otro?
– ¿Sé que sirvo para lo que estoy haciendo porque estoy preparado para ello y lo hago bien?
– ¿Desarrollo mis propias iniciativas en lugar de consultar y pedir opinión siempre acerca de lo que tengo proyectado hacer?
– ¿Me planteo habitualmente hasta dónde podré llegar en el trabajo, en la amistad, en las relaciones familiares, etc.?
– ¿Me planteo de manera habitual que me gustaría ser tal o cual persona?

Bien, si ha respondido negativamente a las nueve primeras preguntas y afirmativamente a las dos últimas, es obvio que tiene usted un cierto grado de falta de autoestima. Si por el contrario, las nueve primeras respuestas han sido afirmativas y las dos últimas negativas, esta claro que es usted una persona segura de sí misma y que afronta la vida con ilusión. En tal caso, le damos la enhorabuena.


A FALTA DE AUTOESTIMA INCIDE EN EL RENDIMIENTO EMPRESARIAL

El dinero ha sido -una vez más- factor determinante para que la Psicología comenzara a ser más sensible con uno de los trastornos psicológicos que afecta a más personas: la falta de autoestima. ¿Y por qué hacemos esta afirmación? Pues porque hasta que no se constató con números que la falta de estima personal influía directamente en los beneficios de las empresas -algo que observaron por primera vez los responsables de las multinacionales gracias a los informes remitidos por sus jefes de recursos humanos- no se comenzó a analizar a fondo las repercusiones económicas de este problema de la conducta humana, dejando de ser ya una cuestión personal e individual para convertirse en un obstáculo socioeconómico.

Tan es así que, hoy por hoy, todo empresario que se precie sabe que uno de los factores de éxito de su negocio -y ya no estamos hablando sólo de las grandes multinacionales, que se adelantan a todo- es que sus empleados han de sentirse parte integrante de la empresa. Algo que no se le escapa a Ernesto Ortiz, profesor de Psicología de la Universidad de Comillas y Director General de Diagnóstico y Desarrollo, una de las empresas líderes en el asesoramiento a otras empresas de nuestro país. En su opinión, «el empresario ha de hacer ver al trabajador que forma parte esencial del engranaje de la empresa, que todos y cada uno de quienes trabajan en ella integran una misma máquina, incluso aunque no sea así en realidad. Porque en ese caso el empleado estará más contento, tendrá más ilusión en lo que hace y no se sentirá ajeno a la maquinaria que supone la adquisición de riqueza sino que verá que ésta es una consecuencia directa de su actuación. Estará motivado, en definitiva».

¿Y quién se ha de encargar de realizar esa labor? Desde luego, no sólo el empresario. Aquí entra en juego el psicólogo de empresa. Es decir, llega la figura del especialista que asesora al empresario y hace que éste obtenga riqueza, cuente con un negocio tranquilo en el que sus empleados están contentos y animados y, sobre todo, consigue unos resultados económicos superiores.

«Si el trabajador se siente bien, es respetado, se le mima y se le demuestra que sin él la empresa no es nada -añade Ernesto Ortiz-, los beneficios se incrementarán. Las relaciones laborales han de estar marcadas por la inevitable comunicación empresario-trabajador. Sin embargo, no podemos olvidar que son todavía muchos los empresarios que siguen viendo a su empleado como unas manos que trabajan. No cabe duda de que están anquilosados y sólo se entiende que actúen así porque desconocen los costes que supone para las empresas que sus trabajadores carezcan de falta de autoestima. El futuro será diferente»

Es decir, si se quiere tener una empresa donde los empleados se sientan cómodos, trabajen a gusto, tengan ilusión y rindan más es necesario potenciarles como personas. En definitiva, fomentar su nivel de autoestima personal. Terreno en el que son especialistas -¡cómo no!- las grandes multinacionales, en donde el trabajador, a las pocas semanas de entrar, se comporta como si la empresa fuera suya, estando dispuesto a todo para obtener mejores resultados.

«Se trata de modificar la conducta de los trabajadores, mejorar las relaciones personales, cuidar a la persona para que sea buena consigo misma, con el equipo y con los clientes», apunta Ernesto Ortiz. Y añade: «Los empresarios valoran que se genere valor añadido, pero para generar valor añadido éstos necesitan que las personas que están trabajando tengan suficiente autoestima. Y para tener una alta estima de sí mismas necesitan estabilidad emocional y confianza en lo que hacen, algo a lo que sólo se llega mediante el éxito».

Es decir, se trata de terminar con el conformismo y con el «yo no sirvo». Al menos, esto es lo que piensa Ortiz, quien a lo largo de dos décadas de asesoramiento a empresarios y hablar con trabajadores se siente en posición de afirmar que «en muchas empresas se detectan personas conformistas que trabajan para sobrevivir, gente para la cual el trabajo carece de significado. Hacen lo que buenamente pueden, sin ilusión. Y eso es una espiral en contra de la autoestima. Es decir, hay que procurar que ante las dificultades las personas se crezcan. Se necesita terminar con el ‘yo soy un pobre hombre…’ o el ‘no valgo para nada…’ y caminar hacia la aceptación de uno mismo pensando no qué pueden hacer los demás por mí sino qué puedo hacer yo por mí. Y, sobre todo, pensar que no hay nadie perfecto».

 Carmen Quintana

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