Intolerable despilfarro farmacéutico

por José Antonio Campoy

El Gobierno español, agobiado por la gigantesca deuda creada en la última década por la irresponsable clase política y financiera que tenemos que soportar, ha decidido recortar “todos los gastos posibles”… siempre que ellos puedan mantener sus privilegios y prebendas. Porque tras mucho asegurar que iba a acabar con las miles de empresas públicas inútiles y repletas de parásitos que mantienen los ciudadanos que realmente trabajan ¡han optado finalmente por mantener casi todas! Nadie quiere acabar con el pesebre que en su día pusieron en marcha los socialistas españoles para alimentar estómagos agradecidos y tener votos cautivos al que pronto se sumaron los demás partidos políticos con poder estatal, autonómico y local. Partidos corruptos como demuestra más allá de cualquier duda el hecho incontestable de que en todos ellos hay personas procesadas y/o condenadas; no unas decenas -lo que justificaría el argumento de que no se puede juzgar a todos por unos cuantos delincuentes indeseables- sino por centenares de casos, muchos de ellos altos cargos. Algo que ya indica que la corrupción es generalizada. Pues bien, todo el mundo sabe que las dos mayores partidas de gasto en España son la Educación y la Sanidad. Y todo el mundo hace demagogia con ello. No hablaremos pues de la primera –Educación- porque sólo toca tangencialmente el contenido básico de nuestra revista pero sí de la segunda: la Sanidad, porque tiene relación con la Salud. Aclarando que hoy Sanidad y Salud no son conceptos sinónimos en absoluto; de hecho puede afirmarse –aunque a algunos les resulte paradójico- que cuanta más Sanidad hay en un país peor es su Salud. Luego en Sanidad hay mucho que recortar sin que ello afecte negativamente a la Salud. ¡Al contrario! Cuanto más se recorte en Sanidad mejor salud tendrá la población. A fin de cuentas los tratamientos médicos –mayoritariamente de carácter farmacológico y meramente sintomáticos o paliativos- constituyen hoy ¡una de las principales causas de enfermedad y muerte! No se olvide además –publicados están los datos estadísticos para cotejarlo- que cuando los médicos se ponen en huelga ¡la mortandad hospitalaria disminuye! Significativo. En todo caso lo que ahora nos ocupa es un hecho denunciable: el Gobierno ha decidido recortar gastos por el eslabón más débil y ¡donde menos incidencia económica tienen sus medidas! Porque la mayor partida de gasto inútil de nuestra sociedad está ¡en los fármacos y en el material clínico! Se nos dirá que el Gobierno sí ha actuado ya que ha dejado de financiar muchos medicamentos pero no es en absoluto suficiente porque como ya denunciamos en el nº 154 dos prestigiosos médicos franceses –Philippe Even  y Bernard Debré- publicaron hace unas semanas un singular y no contestado libro titulado Guía de los 4.000 medicamentos útiles, inútiles o peligrosos en el que afirman que al menos la mitad de los fármacos que se comercializan hoy día son ineficaces -y algunos peligrosos- por lo que piden su retirada del mercado; agregando que hacerlo permitiría a Francia ahorrarse ¡10.000 millones de euros anuales!, cifra que debería extrapolarse a España. Y si no se justifica que sigan en el mercado –algo que decenas de miles de médicos reconocen en privado pero ninguno se había atrevido a decir en público- es aún más intolerable que muchos de ellos se financien con dinero público. A lo que cabe añadir la denuncia que planteamos en este número y constituye un escándalo de proporciones mayúsculas: la mayor parte de los fármacos no caduca ¡en décadas! Luego la fecha de caducidad tiene claro carácter “político” en la mayor parte de los casos y se pone tan ajustada en el tiempo con el único objetivo de que tanto la gente como las instituciones públicas del estado compren una y otra vez fármacos con la falsa alegación de que pasado ese tiempo no funcionan o son más peligrosos cuando la fecha de caducidad no indica eso sino sólo ¡hasta cuándo el fabricante garantiza “la máxima eficacia”! Ocultándose que pasada esa fecha la mayoría tiene una eficacia superior al 90% y por tanto no se justifica tirarlos. Lea el lector el artículo que con el título La mayoría de los fármacos no caduca ¡en décadas! publicamos en este mismo número sobre el tema.